Sánchez soslaya la división interna y augura que el PSOE será primera fuerza

Sánchez interviene en la clausura de la Escuela de Buen Gobierno del PSOE. :: J. j. Guillén / efe/
Sánchez interviene en la clausura de la Escuela de Buen Gobierno del PSOE. :: J. j. Guillén / efe

El líder socialista emplaza a su partido para las elecciones municipales porque el que «las gana, gana las generales»

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

Pedro Sánchez omitió cualquier referencia a la falta de unidad interna que ha aflorado en la Escuela de Buen Gobierno del PSOE. El secretario general de los socialistas clausuró ayer las jornadas celebradas en una nave industrial de Madrid acompañado por el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, el exsecretario general Joaquín Almunia y el presidente extremeño Guillermo Fernández Vara.

El líder del PSOE no logró que se visualizara la imagen de unidad que buscaba, pero no hizo ninguna alusión a las ausencias en la primera Escuela de Gobierno de su partido. El expresidente Felipe González, el exsecretario general Alfredo Pérez Rubalcaba y los presidentes de Andalucía, Susana Díaz, Asturias, Javier Fernández, y Comunidad Valenciana, Ximo Puig, declinaron las invitaciones y reflejaron así que las heridas que dejaron las primarias del año pasado no han cicatrizado y que el rumbo político que ha fijado Sánchez tras el 39 Congreso del partido no es compartido por todos.

Tras la lección de la guerra fratricida que acabó con la dimisión de Sánchez en octubre de 2016 y que sumió a los socialistas en una profunda crisis, nadie está dispuesto a avivar las brasas. Las primarias de junio del año siguiente, lejos de pacificar el partido, ahondaron las diferencias, pero hay un acuerdo tácito para no resucitar el conflicto. Por eso no hay enfrentamientos a cara descubierta, aunque la pugna, ahora hibernada, permanece ahí y no traspasa el ámbito de lo privado.

Clausura la Escuela de Buen Gobierno marcada por las ausencias de exlíderes del partido

El líder socialista es el menos interesado en volver a tiempos pasados y optó por evitar cualquier mención crítica a los no presentes. Aunque otros no se mordieron la lengua, como el extremeño Fernández Vara, que en su intervención del sábado señaló que «los que no han venido» se han perdido «una oportunidad» de conectar de forma diferente con la militancia. El presidente aragonés Javier Lambán, en cambio, se mostró comprensivo porque después de «procesos tan dolorosos» como el que atravesó el PSOE «no se recupera la normalidad de la noche a la mañana».

Tampoco hubo alusiones del secretario general a las ácidas palabras del exministro Javier Solana, quien dijo no estar «contento» con el PSOE por su pobre estrategia política. La respuesta corrió a cargo del expresidente del Parlamento Europeo Enrique Barón, quien reprochó los «consejos de vieja guardia» de su compañero en vez de «ayudar y colaborar» con la dirección del partido.

Encuestas

Sánchez, además de callar y centrarse en el consabido discurso crítico con Mariano Rajoy, intentó también espolear a los suyos. «Podemos ser la primera fuerza política», vaticinó aunque las encuestas apunten en otra dirección. Todos los sondeos publicados en los últimos meses sitúan al PSOE en tercera posición y estancado, cuando no con tendencia descendente. El último, publicado ayer por el diario La Vanguardia, sitúa a los socialistas con una expectativa de voto del 22,1%, por detrás del PP, con 23,8%, y Ciudadanos, 27,3%.

Pero en el PSOE, al menos en el entorno del secretario general, está instalada la convicción de que las encuestas no reflejan la realidad electoral de su partido. El secretario de Estudios y Programas de la dirección socialista, José Félix Tezanos, llegó a afirmar en la Escuela de Buen Gobierno que la mayoría de los estudios que se publican «no son sociología, sino parasociología, una especie de brujería», que forman parte de «una operación política» para desacreditar al PSOE. Sin llegar a esa rotundidad de diagnóstico, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, reclamó delante de Sánchez que no merme «la moral (del partido) ninguna encuesta».

El secretario general situó en las elecciones locales de mayo de 2019 el primer banco de pruebas para que el PSOE se convierta en primera fuerza en las elecciones generales. «Quien gana las municipales, gana las generales», pronosticó. Una máxima que se suele cumplir en la política española, y que, en opinión del líder del primer partido de la oposición es factible en esta ocasión. Los socialistas, añadió con optimismo, «estamos tocando con la punta de los dedos ser la primera fuerza política de este país».

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