Sánchez se da un año para remontar y construir la alternativa al Gobierno del PP

El líder del PSOE, junto a Adriana Lastra y Carmen Calvo, durante la reunión de ayer de la permanente de la ejecutiva federal. :: f. alvarado / efe/
El líder del PSOE, junto a Adriana Lastra y Carmen Calvo, durante la reunión de ayer de la permanente de la ejecutiva federal. :: f. alvarado / efe

El líder de la oposición descarta hacer movimientos para intentar forzar un adelanto electoral pese a la debilidad de Rajoy

PAULA DE LAS HERAS MADRID.

Pedro Sánchez necesita tiempo. El PSOE logró mejorar sus expectativas electorales con las peleadísimas primarias en las que se embarcó en el primer semestre de 2017, pero la ebullición de aquel momento duró lo que duró y no le ha servido para asegurarse un crecimiento sostenido. Es al menos lo que indican las encuestas y también lo que refleja el resultado de los comicios catalanes. La dirección socialista se niega a admitir en público que el éxito de Ciudadanos el 21 de diciembre pueda suponerle un problema, pero es consciente de que si hoy hubiera elecciones generales tendría muy difícil gobernar.

Los últimos sondeos publicados -bien es cierto que en ausencia de tensión electoral- indican una caída acusada de Podemos y un serio desgaste del Partido Popular del que los socialistas apenas se benefician. Eso explica que Sánchez haya abandonado el discurso con el que se presentó a la reelección como secretario general del PSOE frente a Susana Díaz. Tras recriminar a la gestora de Javier Fernández la abstención que permitió la investidura de Mariano Rajoy, aseguró que exigiría la dimisión del presidente del Gobierno y dijo que hablaría con el resto de fuerzas parlamentarias para ver qué se podía hacer, sin descartar una moción de censura. Ahora no está en esas.

En varias ocasiones desde las autonómicas catalanas, él o sus portavoces han descartado presionar para un adelanto electoral. El 22 de diciembre, en la comparecencia en la que que analizó con el líder del PSC, Miquel Iceta, los resultados de los socialistas catalanes (que aspiraban a crecer entre cinco y diez escaños y se quedaron en uno), Sánchez llegó a afirmar incluso que Rajoy tiene «toda la legitimidad» para gobernar porque «son los votos» los que la dan.

El jueves, en su primera asamblea abierta con las bases del partido desde que revalidó el cargo, en Granada, también se hizo el loco ante la exigencia de un militante que le pidió que presente una moción para derribar al Gobierno y le reclamó que haga del PSOE «un partido de izquierdas». Ni siquiera se molestó en contestarle.

Eso no quita para que el PSOE lleve semanas repitiendo de manera insistente que el proyecto político del PP está «agotado». «La legislatura huele a formol; está muerta», llegó a decir ayer el jefe del Ejecutivo extremeño y presidente del Consejo de Política Federal socialista, Guillermo Fernández Vara. Lo hacen para tratar de poner el foco en la sensación de «fin de ciclo» que castiga al partido del Gobierno y erigirse en el remedio a la situación de parálisis que atenaza a la vida política española desde que el independentismo catalán puso en jaque al Estado.

Calma

«Podemos elegir entre cruzarnos de brazos o liderar el país desde municipios, gobiernos autonómicos y oposición parlamentaria, y el PSOE elige liderar desde la oposición», es el nuevo eslógan de Sánchez. Su plan para construir una alternativa abarca todo 2018. El miércoles, cuando anunció su polémica propuesta de un impuesto a la banca para paliar el déficit de la Seguridad Social, explicó también que propondría diez grandes acuerdos sobre pensiones educación, ciencia e industria, agua, el Ingreso Mínimo Vital, el pacto de rentas, el rescate a los jóvenes, igualdad de género, financiación autonómica y local, y la reforma constitucional. Pero todo con calma. Hasta junio, los expondrá en la calle a través de sus asambleas abiertas y, en el último trimestre del año las intentará convertir en leyes en el Parlamento con el resto de grupos.

Si no consigue sacar sus propuestas adelante, el PSOE las incorporará a su programa electoral. Su cálculo es, pues, que dispondrá de doce meses para prepararse de cara a unos eventuales comicios generales. Los socialistas creen bastante probable que el Gobierno logre sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado de este año con las mismas fuerzas con las que aprobó los de 2017 (Ciudadanos, PNV, Coalición Canaria y Nueva Canarias), pero incluso en el supuesto de que no lo consiga la prórroga le permitirá aguantar hasta 2019.

En el partido algunos temen que la dirección esté minusvalorando la fuerza de Ciudadanos. Creen que no es cierto que Albert Rivera avance sólo a costa del PP y que, pese a que el discurso territorial puede haberle escorado un poco a la derecha, en su propio electorado no es del todo mal entendido. Hasta ahora, sin embargo, no han podido advertirlo en los órganos del partido porque Sánchez no ha convocado aún al Comité Federal para compartir la estrategia del año que empieza.

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