Sánchez protagoniza su primer encontronazo con un barón desde que recuperó el cargo

García-Page y García Molina, durante su reunión del pasado jueves. :: Ismael Herrero / efe
García-Page y García Molina, durante su reunión del pasado jueves. :: Ismael Herrero / efe

Los críticos acusan al secretario general del PSOE de intentar minar la figura de García-Page en Castilla-La Mancha ante el congreso regional

PAULA DE LAS HERAS MADRID.

La desconfianza mutua en el PSOE hará difícil alcanzar una paz absoluta. El episodio vivido estos días a cuenta de la necesidad de que la militancia validara el pacto alcanzado por Emiliano García-Page con el secretario autonómico de Podemos, José García Molina, para dar estabilidad al Gobierno de Castilla-La Mancha es la prueba más palpable. La ejecutiva federal alega que sólo ha pretendido que se cumplan los estatutos. Sus críticos sostienen que Ferraz ha actuado de mala fe.

De cara a la galería, todo ha acabado en tablas. No habrá una consulta en forma de referéndum pero sí se convocarán asambleas en las agrupaciones locales para que todos los militantes castellano-manchegos puedan «pronunciarse» sobre la entrada del partido de Pablo Iglesias en el Ejecutivo regional. El malestar que ha dejado la trifulca, sin embargo, es profundo y sólo puede entenderse en el marco de la batalla por el poder que ahora se libra en el ámbito regional.

La mayoría de los barones que apoyaron a Susana Díaz en las pasadas primarias no tienen ninguna duda de que Pedro Sánchez aspira a desbancarlos. Y aunque el primer intento sustancial habría fracasado, porque Ximo Puig se alzó este domingo con la victoria en las primarias del PSPV, creen que no tirará la toalla.

El líder autonómico someterá su acuerdo con Podemos a las bases tras un tenso pulso con Ferraz

En principio, García-Page no tiene rival en su federación. Las primarias regionales están previstas para la vuelta del verano, pero incluso aquellos cuadros de Castilla-La Mancha que apoyaron a Sánchez en la contienda federal dejaron ya claro en su momento que cuando llegara el día respaldarían al que, además de líder del partido, es presidente de su Gobierno autonómico. Aun así, todo puede cambiar y los críticos están convencidos de que eso es lo que ha pretendido el secretario de Organización, José Luis Ábalos.

Requerimiento

Las suspicacias surgieron este lunes cuando se supo que la ejecutiva había acordado que Ábalos requiriera por escrito al responsable de Organización castellano-manchego, Jesús Fernández Vaquero, para que diera cumplimiento de los estatutos aprobados en el 39 Congreso Federal y sometiera a «consulta» el acuerdo con Podemos. En el equipo de García-Page alegan que no había ninguna razón para tal requerimiento porque ya el viernes anterior se había acordado que se explicaría el pacto en asambleas. Y aducen que la carta de Ábalos se filtró para generar polémica.

En la dirección federal defienden que lo que pretendían era garantizarse que, de una manera u otra, los militantes tendrían ocasión de pronunciarse porque, en su conversación del viernes, Vaquero alegó que no hay reglamento de desarrollo de los nuevos estatutos (cosa que en Ferraz conceden), que el acuerdo con Podemos es presupuestario y no de Gobierno, y que ya en el acuerdo de investidura se dejó abierta la puerta a la incorporación de miembros del partido morado al Ejecutivo. Es decir, que no lo tenía que someter a consulta alguna, pero que se explicaría a las agrupaciones.

Argumentan además que no podían dejar que, a las primeras de cambio, la consulta de las alianzas de gobierno a los militantes, un asunto del Sánchez hizo bandera durante la campaña de las primarias, se convirtiera en papel mojado. Su intención era, dicen, llegar a un acuerdo como el que finalmente se cerró ayer por la mañana. «No entendemos la resistencia -aducen en el entorno del secretario general- nadie se iba a pronunciar en contra y además Emiliano habría quedado bien con los militantes de cara a su congreso».

Ahora ocurre lo contrario. Y eso es lo que enerva a los críticos, que ven en toda la operación una jugada para minar la imagen de García-Page ante las bases. «No había nada que consultar -insisten-; ahora, en las asambleas, más de uno blandirá la carta de Ábalos en contra de Emiliano. Esto sólo puede entenderse en términos de desestabilización política».

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