Sánchez e Iceta rechazan apoyar un gobierno de Ciudadanos en Cataluña

Iceta estrecha la mano a una vendedora de fruta en el mercado barcelonés de la Guineueta. :: e. f. / efe/
Iceta estrecha la mano a una vendedora de fruta en el mercado barcelonés de la Guineueta. :: e. f. / efe

El candidato del PP, García Albiol, confiesa que prefiere una repetición de elecciones a un tripartido de Esquerra, los comunes y el PSC

NURIA VEGA

madrid. La factura de los pactos postelectorales en Cataluña podría ser demasiado elevada para los socialistas, que en plena precampaña se apresuran a distanciarse tanto del independentismo como del bloque autodenominado constitucionalista. Pedro Sánchez anticipó ayer que el PSC de Miquel Iceta no dará su apoyo a un gobierno de corte secesionista tras los comicios del 21 de diciembre, pero tampoco a un ejecutivo liderado por Ciudadanos, formación con la que el PSOE sí llegó a firmar en 2016 un pacto de investidura. «En España ya hemos tenido suficientes derechas como para ahora tener una más en Cataluña», argumentó el secretario general e Iceta coincidió.

Ciudadanos y el PP se han convertido en este territorio en adversarios por los votos conservadores, pero también en aliados naturales en busca de un pacto que desaloje al independentismo de la Generalitat. Y Sánchez no sólo censura, como ayer en una entrevista en TVE, que el partido de Albert Rivera e Inés Arrimadas sea «la media naranja» de los populares, sino que en el debate territorial se haya colocado incluso a la derecha de la formación de Mariano Rajoy.

En todo caso, descartar el respaldo a un Gobierno de Ciudadanos puede ser más significativo en el plano político y electoral que en el pragmático. Fuentes populares ven, de hecho, improbable que la suma de Ciudadanos, PP y PSC vaya a resultar aritméticamente suficiente para gobernar. Y, además, hace semanas que los socialistas sostienen que la única manera de superar la crisis catalana es evitar una política de frentes, de constitucionalistas contra secesionistas, y apostar por un acuerdo transversal.

En este sentido, Iceta ya ha incorporado a sus listas a antiguos miembros de Unió y aspira a lograr el respaldo de aquellos votantes moderados que en su día se inclinaron por CiU y que ahora se sienten huérfanos. Y una vez pasada la jornada electoral del 21-D, fuentes socialistas admiten que la gobernabilidad de Cataluña va a requerir «soluciones imaginativas».

De no lograr el independentismo la mayoría absoluta, el reparto de escaños puede alumbrar un escenario tan complicado de gestionar como el resultante de las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015. Ni en el PSOE ni el Gobierno ni el PP descartan que, agotadas todas las vías de negociación, llegue el momento en el que los comicios tengan que volver a convocarse en Cataluña.

Xavier García Albiol fue ayer más allá al confesar que el PP -el catalán, aclaró- prefiere esa repetición de elecciones a un pacto de gobierno entre Esquerra, los comunes y el PSC. El candidato popular considera «imposible» que los republicanos renuncien a romper con España y confía en que la presión de los socialistas del resto de comunidades autónomas a Pedro Sánchez, haga inviable que Iceta participe en un tripartito. «Los intereses del PSC no son los intereses del PSOE», señaló en una conversación informal con periodistas en Madrid.

El voto «vergonzante»

El objetivo de los populares, mientras tanto, pasa por plantear una estrategia de campaña que les permita crecer, aunque sea mínimamente. Volcado en las grandes zonas urbanas, el equipo de García Albiol pretende atraer, incluso con doble partida de propaganda vía 'mailing', a quienes en las elecciones generales votan PP y en las autonómicas se quedan en casa o apuestan por Ciudadanos, que se ha llevado hasta el 15% del electorado tradicional del partido.

Según el análisis del candidato a la Generalitat, las encuestas reflejan entre un 20 y un 30% de votantes catalanes que a día de hoy «no saben o no contestan» sobre su opción política. «Para nosotros -apunta Albiol- es muy buen dato, porque en Cataluña somos el voto oculto, el vergonzante». Pensando también en la suma de fuerzas constitucionalistas, el dirigente del PP espera una participación en torno al 82%. Una cifra más alta, a su entender, sería síntoma de que los secesionistas han logrado llevar a la urnas incluso a sus electores desmovilizados.

En cuanto al mensaje, el PP reivindicará la gestión gubernamental de la crisis catalana y recogerá entre sus promesas un programa de incentivos fiscales para impulsar el retorno de las empresas que han trasladado su sede fuera de Cataluña.

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