Rivera sólo suma al PP en un Congreso dividido ante el desafío catalán

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, ayer durante su intervención en el Pleno del Congreso. :: efe

El PSOE terminó por oponerse al texto de Ciudadanos pese a las dudas de algunos diputados socialistas

NURIA VEGA

madrid. El debate en el Congreso sobre el desafío catalán, en la cuenta atrás hacia el referéndum del 1 de octubre, sólo sirvió ayer para poner en evidencia la fragilidad de la unidad política tejida en las últimas semanas entre el Gobierno, PSOE y Ciudadanos. Si bien existe una posición común en la defensa de la legalidad y en la censura de la manera de proceder del independentismo, no hay un bloque de tres partidos ni un único diagnóstico ni uniformidad en la respuesta que habrá que articular el día después de la consulta.

La proposición no de ley que Ciudadanos promovió ayer en el pleno proponía básicamente el respaldo de la Cámara baja al Gobierno y al poder judicial frente a la hoja de ruta de la Generalitat, un gesto de apoyo a los servidores públicos en Cataluña, la reclamación de que no se destinará «dinero público español» a la organización de un referéndum suspendido por el Tribunal Constitucional y un reconocimiento de todos los catalanes que no «acosan» al que piensa diferente. Pero Albert Rivera sólo logró el apoyo del PP, UPN y Foro Asturias. Después de una tarde de intercambio de papeles y, pese a barajar la posibilidad de la abstención, el PSOE terminó votando en contra del texto de Ciudadanos. «El PSC de los tripartitos se ha quedado con el PSOE», reprochó Rivera en los pasillos del Congreso. El líder de Ciudadanos, sin embargo, acababa de rechazar una enmienda de los socialistas que habría permitido su adhesión a la propuesta.

Solución dialogada

En ese texto la segunda fuerza política instaba «a todos los representantes de la pluralidad y la diversidad de la sociedad catalana y de la ciudadanía española a abrir un espacio de diálogo y a buscar una salida pactada y legal que permita desterrar la división y reforzar la convivencia de todas las sensibilidades de nuestro país». Ciudadanos, en cambio, entendió que este punto dejaba la puerta abierta a sentarse a negociar con Carles Puigdemont y acusó a los socialistas de querer «pactar con los nacionalistas una solución fuera de la Constitución o en otro marco distinto».

No hubo posibilidad de encuentro. «Algunos no nos jugamos sólo la democracia española -elevó el tono Rivera-, nos estamos jugando que nos quiten nuestra nacionalidad, nuestros derechos constitucionales, mi ciudadanía europea». La socialista Meritxell Batet recordó, en cambio, al presidente de Ciudadanos que hay «un después» del referéndum y que el momento es de «gravedad extrema». «Si de verdad queremos resolver esta crisis territorial no podemos estar buscando vencedores y vencidos -criticó-, eso es garantía de conducirnos al fracaso». Sin embargo, cuatro diputados de su partido -tres de ellos del PSOE andaluz- se saltaron la disciplina de voto y pulsaron el botón de la abstención. La castellanoleonesa Soraya Rodríguez admitió que, al contrario de lo que alegaron sus compañeros, ella no se había equivocado. Que la situación requiere cerrar filas con el Gobierno.

Así lo entendió también el PP. Aunque fuentes del partido conservador reprocharon a Ciudadanos el forzar un debate que sólo muestra la división política a doce días del referéndum.

Fotos

Vídeos