Rivera e Iglesias unen fuerzas frente a PP y PSOE para igualar el valor del voto

Rajoy, junto a los líderes del PSOE, Ciudadanos y Unidos Podemos en junio de 2016, antes del debate televisivo por el 26-J. reuters/  J. MEDINA /
Rajoy, junto a los líderes del PSOE, Ciudadanos y Unidos Podemos en junio de 2016, antes del debate televisivo por el 26-J. reuters / J. MEDINA /

Darán la batalla por la reforma electoral pero sin el apoyo, más que improbable, de una de las fuerzas mayoritarias es imposible modificar la ley

PAULA DE LAS HERAS MADRID.

Las posibilidades de que el PP o el PSOE apoyen una reforma del sistema electoral son tirando a nulas y tanto Ciudadanos -que, no obstante, incluyó la revisión de la ley en su pacto para la investidura de Mariano Rajoy- como Podemos lo saben. Sin sus votos no hay nada que hacer. Pero Albert Rivera y Pablo Iglesias están dispuestos a dar juntos la misma batalla en la que ya fracasaron con anterioridad Gaspar Llamazares, excoordinador general de Izquierda Unida, y Rosa Díez, la líder de la malograda UPyD. Podemos y Ciudadanos se reúnen el jueves en el Congreso y pretenden lograr un modelo más proporcional en el que todos los votos valgan lo mismo. O, en el peor de los casos, que el asunto llegue a la opinión pública para hacer mella en la imagen de los «viejos» partidos.

Rivera tiene ahora a su favor el altavoz que le proporciona la situación en Cataluña. Al contrario que el resto de autonomías, ésta se rige por la ley orgánica del régimen electoral general porque jamás ha habido consenso para acordar una propia. El favorecido por la falta de proporcionalidad del sistema es, en su caso, el independentismo. Ciudadanos, el PSC y los comunes, que concentran su apoyo en las áreas metropolitanas, donde hay más población, en cambio salen perdiendo.

Inés Arrimadas no se cansa de repetir estos días que si el PP y el PSOE hubieran aceptado cambiar la norma, ella, líder de la fuerza más votada, podría presentarse a la investidura y Cataluña no estaría abocada a otro Ejecutivo secesionista. En realidad, si el voto de un barcelonés valiera lo mismo que el de un leridano, un gerundense o un tarraconense, Ciudadanos tampoco lo tendría fácil, pero es cierto que la suma de Junts per Catalunya, ERC y la CUP daría cuatro escaños menos (66), no llegaría a la mayoría absoluta (68) y sería En Comú Podem el cancerbero de la legislatura.

En 2016, cada escaño costó al PP 58.000 votos de media; a Ciudadanos le salió a más de 98.000

Lo relevante del asunto ha servido a la formación liberal, en clara disputa con el PP por el electorado del centroderecha, para denunciar lo «injusto» de una fórmula diseñada meticulosamente en los primeros años de la Transición para evitar que las elecciones condujeran a una excesiva fragmentación del Parlamento que impidiera a las élites políticas pilotar el proceso con éxito. En la memoria estaban las tensiones de la Segunda República.

Aquel esquema -que como explicó después sin ambages uno de sus autores, Óscar Alzaga, perseguía que pudiera conseguirse la mayoría absoluta con un 36% o 37% de los votos; el porcentaje que los sondeos otorgaban a la futura UCD- dio lugar a más de treinta años de bipartidismo, fundamentalmente, por su sesgo mayoritario y conservador. El modelo prima a los primeros partidos y concede más peso al voto rural que al urbano, lo que ha hecho que Ciudadanos y Podemos se hayan topado en su asalto a PP y PSOE con importantes barreras.

Sesgo mayoritario

En los comicios del 26 de junio de 2016, cada escaño popular costó de media 57.965 votos; cada uno del PSOE 64.045; los de Podemos 71.655, y los de Ciudadanos 98.174. Puesto de otro modo: el PP logró el 40% de los diputados con apenas un 33% del voto y el PSOE tuvo más del 24% pese a no haber llegado al 23% del voto. Mientras, Podemos alcanzó algo más del 20% de los escaños con su 21% de los votos y Ciudadanos apenas logró el 9% a pesar de reunir más del 13% de las papeletas.

El diseño, que tiene como circunscripción electoral la provincia, también favorece a las formaciones nacionalistas que sólo se presentan en un territorio. Por ejemplo, al PNV el diputado le costó casi lo mismo que al PP (57.400 papeletas), mientras que con idéntico porcentaje de voto pero disperso en todo el ámbito nacional, un 1,19%, el Partido Animalista no consiguió ni un representante en el Congreso. Así visto, tampoco será fácil encontrar aliados entre el resto de fuerzas minoritarias para una reforma.

En sus programas de 2015 Podemos y Ciudadanos propusieron tocar la Constitución para modificar el tamaño de la circunscripción. La formación de Iglesias hablaba de sustituir la provincia por la comunidad autónoma. La de Rivera apostaba por el modelo alemán: la mitad de los diputados elegidos en distritos de un solo escaño formados por 230.000 personas y la otra mitad en una circunscripción única que abarcaría toda España. Ahora están dispuestos a explorar vías que sólo implican una reforma legal. A priori, debería ser más fácil, pero al tratarse de una norma orgánica, su aprobación requiere una mayoría absoluta a la que ellos solos no llegan.

Sus enfoques, en todo caso, también son diferentes. Podemos apuesta por cambiar la fórmula por la cual se reparten los escaños, la ley D'Hont. Ciudadanos, en cambio, considera reducir de dos a uno el número mínimo de escaño por provincia y ampliar hasta 400 diputados la Cámara baja.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos