Rivera da por cerrado el ciclo del bipartidismo y se postula para liderar la nueva etapa

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, ayer en el Congreso de los Diputados. /  J. P. GANDUL / EFE
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, ayer en el Congreso de los Diputados. / J. P. GANDUL / EFE

El líder de Ciudadanos asegura aun así que ni tiene «prisa» ni intentará precipitar el fin de la legislatura

MARÍA EUGENIA ALONSO

MADRID. Ciudadanos quiere aprovechar el impulso de los históricos resultados en Cataluña para relanzar su proyecto político a nivel nacional. «Estamos ante un fin de ciclo», sentenció ayer su presidente, Albert Rivera, durante el balance del año que realizó en el Congreso y donde sacó pecho por los logros que ha conseguido su partido con sus 32 escaños en estos trece meses de legislatura. «Ni el inmovilismo ni las ocurrencias sirven para el futuro de España», aseveró, en referencia al PP y el PSOE, en los que descargó nuevamente las culpas de que no haya un nuevo Gobierno constitucionalista con Inés Arrimadas a la cabeza.

Rivera considera exhausto el proyecto de los viejos partidos como demuestran los resultados del 21 de diciembre, critica su inmovilismo y propone a Ciudadanos como receta de lo que España necesita en un futuro. «Si el bipartidismo se agota tiene que haber una alternativa; no lo serán el populismo y el nacionalismo», zanjó, en alusión a Podemos.

Para el dirigente liberal se abre así una nueva etapa política que aspira a liderar y en la que batallará al PP la hegemonía del centro derecha Aunque, por el momento, «no tenemos ninguna prisa», avisan desde la dirección naranja. «Hemos ganado en Cataluña y la próxima meta, -insisten-, serán las autonómicas y las generales».

Aboga por aprovechar su posición para aumentar la presión sobre Rajoy e impulsar reformas

Mientras toma posiciones ante el nuevo ciclo electoral que, salvo sorpresas en el calendario, arrancará a partir de 2019, Ciudadanos tiene clara su estrategia: seguir trabajando como hasta ahora, como «oposición útil», una cómoda posición desde la que seguir erosionando al partido de Mariano Rajoy. De hecho, Rivera advirtió de que aprovecharán la legislatura para tratar de amplificar el apoyo a un proyecto «nuevo, ilusionante y de modernización del país». De forma que estos cuatro años sean «de transición» entre «lo viejo», en referencia a PP y PSOE, y lo que «está por venir», en alusión al posible triunfo electoral de su formación.

La formación liberal cree que los resultados en Cataluña pueden ser extrapolables al resto de España y trabaja ya de cara a poder repetir el éxito del 21-D. Para ello, centrará sus esfuerzos en este 2018 en reforzar la organización interna con el objetivo de consolidar las bases locales y potenciar su implantación territorial fuera de las grandes ciudades.

Presión

Rivera explicó que mantendrá un «ojo puesto en el futuro», pero que, no va poner en riesgo la legislatura y mantendrá su apoyo al Gobierno si cumple con sus acuerdos, tal y como se lo trasladó al presidente del Gobierno durante su encuentro del jueves en la Moncloa. En lo inmediato, la formación liberal exige para aprobar los Presupuestos de 2018 una partida de 500 millones para la equiparación salarial de la Policía Nacional y la Guardia Civil con respecto a los cuerpos autonómicos.

Rivera busca amortizar en el Congreso su incontestable victoria, al utilizar la nueva posición de fuerza de Ciudadanos para tratar de arrancar a Rajoy, al menos, los compromisos más prioritarios incluidos en su acuerdo de investidura. Para Ciudadanos, la ejecución de una parte sustancial de este pacto es esencial para enfrentar las próximas autonómicas y municipales y, eventualmente, las generales que podrían también adelantarse si el Gobierno no revalida el pacto presupuestario.

Son reformas urgentes que quiere dejar cerradas antes de que finalice el próximo año. Como la de la ley electoral, un interés compartido con Podemos, con el objetivo de hacerla lo más proporcional posible, con listas abiertas y en la que se facilite el voto rogado desde el exterior. También la reforma del Senado, para convertirla en «una Cámara útil» y que no sea un «cementerio de elefantes», la supresión de los aforamientos, o el nuevo sistema de financiación autonómica, para las que será necesario la búsqueda de consensos en el arco parlamentario.

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