Las revelaciones de Costa alumbran pactos bajo mesa en el juicio al PPCV

Camps, inimputable en esta causa, se convirtió en el cortafuegos para que las implicaciones no salpicaran a Génova

MATEO BALÍN MADRID.

«Antes de comenzar mi turno, en nombre de mi cliente, permítame felicitarle por su declaración, señor Costa». El pasado miércoles, en el juicio por la presunta financiación irregular del Partido Popular de la Comunidad Valenciana (PPCV), el abogado de Álvaro Pérez, 'el Bigotes', hizo este inciso antes de interrogar a Ricardo Costa. La mención, inusual, no gustó al juez de la Audiencia Nacional José María Vázquez Honrubia, que respondió al letrado Miguel Durán que este tipo de agradecimientos a otro acusado estaban fuera de lugar.

Costa, ex secretario general del PPCV, acababa de reconocer los pagos con dinero negro para sufragar los gastos de las campañas de 2007 y 2008. Asimismo, acusó directamente al expresidente de la Generalitat Francisco Camps (2003-2011) de ser responsable de «ordenarlos».

Esta revelaciones del acusado, que se enfrenta a siete años y nueve meses de prisión por dos delitos electorales y uno falsedad documental, corroboraban no solo el sistema de financiación irregular sino que endosaba a Camps su autoría.

En línea con la declaración de 'el Bigotes', el primero de los acusados en apuntar también al expresidente valenciano, Costa se sumó a la estrategia planeada por los tres cabecillas de la trama 'Gürtel', 'el Bigotes', Pablo Crespo y Francisco Correa, quienes de forma gradual admitieron los hechos pese a no llegar a un acuerdo previo con la Fiscalía.

La secuencia fue así: primero Correa mencionó la responsabilidad de Costa, luego Crespo confirmó a Costa y citó a Camps y, en último lugar, 'el Bigotes' incriminó directamente a Camps. Una estrategia que, extrapolada al ámbito futbolístico, dejaba el balón en línea de gol a Costa, que solo tuvo que rematar al expresidente cuando declaró.

Solución

Así, la declaración del arrepentido Costa, defendido por el abogado Manuel Ollé, expresidente de la Asociación Pro Derechos Humanos de España y letrado, entre otros, de Jaume Matas, desenmascaró el plan de los 'tres de Gürtel' y la connivencia con la defensa del ex secretario general del PPCV. En el horizonte, la búsqueda común de atenuantes para suavizar sus penas de prisión.

Para ello, Camps se convirtió en el muerto en vida de aquellos casos en los que se culpa al fallecido. Le responsabilizaron de la financiación en B a sabiendas de que su carrera quedó finiquitada por la 'causa de los trajes', donde resultó absuelto, y que en esta pieza es inimputable por estar prescritos los delitos juzgados. En resumen, Camps se convertía en el nuevo cortafuegos.

La evidencia de la jugada quedó demostrada en esta mención de Costa. «Me quedo tan preocupado que mantengo una reunión con el gerente nacional Luis Bárcenas. Le traslado la petición del PP valenciano y Bárcenas me dijo: «Eso es una práctica prohibida en el PP a nivel nacional y sería un Filesa dos». Costa trató así de exonerar a Bárcenas y, por lo tanto, a Génova. Y si cuando vaya como testigo a Bárcenas le preguntan por qué no hizo nada por evitarlo siempre podrá mentar al extesorero Lapuerta, incapacitado por una demencia, y nunca a Rajoy.

La estrategia que desencadenó esta cascada de revelaciones fue diseñada por el abogado de Correa, Juan Carlos Navarro, al que se sumó luego Javier Iglesias, un letrado con muchos contactos políticos y especializado en intentar encauzar casos complejos. Iglesias suele optar por el pacto con el fiscal y ha llevado a cabo 'voladuras controladas', como la colaboración del empresario García Pozuelo en la 'caja B' del PP nacional.

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