El recuento de los pueblos

Un grupo de vecinos pasa frente a varios carteles independentistas en una calle de Vic. :: pau barrena/afp/
Un grupo de vecinos pasa frente a varios carteles independentistas en una calle de Vic. :: pau barrena/afp

Un recorrido por ocho municipios que ilustran de algún modo la evolución del voto

CARLOS BENITO

Cuando Gabriel Rufián habla de Cataluña como «pueblo de pueblos», seguro que se está refiriendo a otra cosa, pero es verdad que a lo largo de estos últimos meses han cobrado especial protagonismo unos cuantos municipios de la comunidad. Se trata de localidades que, por una u otra razón, son contempladas como pequeños laboratorios que tal vez puedan servir para desentrañar algún enigma del 'procés'. En unos casos, la clave está en su composición social, esa proporción entre independentismo y constitucionalismo que serviría para identificar a cada localidad catalana como si fuese su ADN; en otros, el interés se asienta sobre otros factores, como sucede en aquellas poblaciones que se pueden jugar su economía entera en la apuesta rupturista. Hoy es el día de mirar de nuevo hacia estas localidades para comprobar si, después de tanto ruido y tanta furia, sus residentes han escogido las mismas papeletas que hace dos años.

Ivorra y Badia del Vallès

Son los dos polos de Cataluña, las puntas del abanico político, dos pueblos tan diferentes que casi parecen dos mundos distintos. Ivorra, en Lleida, fue el municipio más independentista en las autonómicas de 2015: Junts pel Sí y la CUP sumaron más del 96% de los votos, al acaparar todas las papeletas menos tres que, curiosamente, fueron para el PP. En cambio, en Badia, un kilómetro cuadrado de bloques prefabricados levantados por el franquismo para los obreros inmigrantes, los partidos independentistas tuvieron que conformarse con un 11,6%. Las cosas no han cambiado mucho en este tiempo: en Ivorra, el independentismo ha descendido al 95%, porque los votos 'disidentes' han sido esta vez cuatro (uno para el PP, otro para Ciutadans, un tercero para los internacionalistas de Per Un Món Més Just y el último para los animalistas del PACMA). En Badia, se ha producido un repunte nacionalista (¡sacan más del 18%!), pero vuelven a arrasar los mismos partidos que hace dos años, si bien en orden inverso: Ciutadans, con el 39,25%, y el PSC, con el 23,48%.

En los pueblos de Junqueras y Puigdemont, el independentismo calca sus resultados de 2015

Martorell y Sant Sadurní d'Anoia

Martorell suena a motor y Sant Sadurní huele a cava. En Martorell está la fábrica de Seat, la mayor factoría automovilística de España, un gigante con 14.500 empleos directos del que depende el municipio: basta comentar la posibilidad de un traslado para que a los vecinos se les nuble el semblante. Sant Sadurní, que produce nueve de cada diez botellas de cava, es la primera opción que acude a la cabeza de cualquiera que quiera promover un boicot a los productos catalanes, especialmente en estas fechas. No parecía descabellado plantear que el miedo pudiese cortar las alas a Junts per Catalunya, ERC y la CUP, pero el independentismo prácticamente ha fotocopiado sus resultados de 2015 en ambos municipios, con un 37% en Martorell y un 61% en Sant Sadurní. La diferencia con las anteriores elecciones autonómicas no ha llegado a las tres décimas de punto en ninguna de las dos localidades.

Amer y Sant Vicenç dels Horts

Los pueblos de Puigdemont y Junqueras son ideológicamente dispares. En Amer (Girona), donde los hermanos de Puigdemont mantienen la tradición repostera de la familia, el independentismo rozó en 2015 el 85% de los votos. En Sant Vicenç dels Horts, que tuvo a Junqueras como alcalde durante cuatro años, esa proporción no alcanzó el 33%. Ayer, el independentismo repitió con exactitud su porción del pastel en ambos municipios, con el 83,4% de los votos en Amer (tres cuartas partes corresponden al partido de Puigdemont) y el 34% en Sant Vicenç (en este caso, más de tres cuartos son para ERC). Eso sí, en el pueblo de Junqueras ganó Ciutadans, con el 35,97% de las papeletas.

Badalona

Con más de 200.000 habitantes, es la ciudad emblemática de la Cataluña charnega, ese cinturón industrial de Barcelona que hace medio siglo atrajo a multitudes de Extremadura, Andalucía y otras regiones españolas. En 2015, el 24% de los badaloneses votó a Junts pel Sí y el 22%, al PP, una polarización poco frecuente. Ayer, la suma de ERC y Junts per Catalunya rondó el 30%, mientras los populares se hundían con un 8,3% de los votos, una circunstancia particularmente significativa al tratarse del feudo de Xavier García Albiol, nacido en el municipio y alcalde hasta 2015. También aquí se situó en cabeza Ciutadans, por encima del 30%.

Calella

En el municipio del Maresme se registraron algunas de las escenas más tensas de estos meses: fue allí donde los hoteles echaron a la calle a medio millar de policías y guardias civiles y donde se produjo una carga contra manifestantes. Pero no da la impresión de que la experiencia haya alterado el reparto de votos: el independentismo baja un solo punto, hasta situarse en el 58%, y de nuevo la mayor novedad es el ascenso de Ciutadans, desde el 12,26% de hace dos años hasta el 21,59%.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos