Las Ramblas pide ser peatonal

Vecinos y comerciantes reclaman el blindaje de la artería más turística de la capital catalana

C. REINO BARCELONA

Los vecinos y comerciantes de Las Ramblas reclaman cambios urgentes en la concepción circulatoria y urbanística de la arteria más popular de Barcelona y creen que las medidas que el ayuntamiento prevé adoptar para aumentar la seguridad deberían incluir la peatonalización de la zona.

Xavi Masip, gerente de la asociación Amics de la Rambla, que agrupa a entidades vecinales y de vendedores, reconoce que el blindaje total de la vía azotada el jueves pasado por el atentado terrorista es imposible porque acoge muchos hoteles, tiendas, teatros y museos que necesitan suministros diarios, pero sí considera que la tendencia debería ir hacia su «peatonalización progresiva», tanto por motivos de seguridad, como por cuestiones urbanísticas y comerciales. «Costará mucho porque ningún equipo consistorial se ha atrevido, pero es el momento de ser valientes», afirmó ayer Masip, una semana después de los atentados.

El modelo de paseo que proponen desde Amics de la Rambla es similar al que ya se aplica en la vecina calle de Portal del Angel (la vía comercial más cara de España), donde el tráfico solo es posible para suministros y servicios, y en el caso de furgonetas de reparto en unos horarios muy concretos.

Reducto turístico

Las Ramblas llevan años en el centro de la polémica porque los barceloneses les han dado la espalda y las han entregado a los turistas. Por ello, cada gobierno municipal que accede al mando en la plaza de Sant Jaume diseña su propio plan de mejora que con el tiempo acaba fracasando por su falta de ambición.

El equipo de Ada Colau había consensuado una reordenación con los vecinos y comerciantes, pero el proyecto se quedaba corto, pues no acometía una reducción significativa del tráfico. El ayuntamiento se ha comprometido ahora a revisar el plan especial para Las Ramblas para incluir medidas de seguridad, entre otras más presencia policial y barreras físicas móviles, que suben y bajan, como ya hay en la Rambla del Poblenou, por ejemplo.

«La situación actual puede propiciar estos cambios», afirmó Masip. «Nos planteamos, y creo que es más eficaz, una visión urbanística de la ciudad que prevea el tema de la seguridad», aseguró ayer el concejal de Seguridad, Amadeu Recasens. El regidor dijo que el plan para deberá ser revisado para tener en cuenta las medidas de protección. Lo que cambiará seguro es que habrá menos paradas. Se mantienen 16 floristerías y doce quioscos, pero desaparecen once antiguas pajarerías. También pasarán a mejor vida las 25 cabinas telefónicas que aguantan como reliquias del pasado.

Fotos

Vídeos