Rajoy reclama que la unidad contra el terrorismo sea efectiva y no una foto

Rajoy compareció ayer por sorpresa en la Moncloa para defender la actuación de su Gobierno en la gestión de los atentados . :: Chema Moya / efe
Rajoy compareció ayer por sorpresa en la Moncloa para defender la actuación de su Gobierno en la gestión de los atentados . :: Chema Moya / efe

Intenta zanjar la guerra policial, alaba la relación «fluida» con la Generalitat y abre la puerta a la reforma del Código Penal

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

Mariano Rajoy mostró ayer su cara más conciliadora con la Generalitat de Cataluña y, además de deshacerse en elogios a la colaboración mantenida en la gestión de los atentados, reclamó que la unidad contra el terrorismo vivida estos días perdure. «En la lucha contra el terrorismo aparcar las diferencias nos hace grandes y fuertes», subrayó el presidente del Gobierno en una comparecencia por sorpresa tras el Consejo de Ministros.

La idea de que tras la manifestación de hoy en Barcelona acabará la tregua sobre el proceso independentista entre el Gobierno central y la Generalitat ronda por la cabeza de todos los líderes políticos. También en la de Rajoy, que quiso poner la venda antes de que las heridas se reabran, y no ahorró elogios a la coordinación «fluida y constante» entre ambas administraciones «desde el minuto cero» de los atentados que costaron la vida a 15 personas. «No es el momento de pasar página» y volver al clima crispado previo a los ataques. Ese espíritu colaborativo debe seguir porque la unidad contra el terrorismo «ha de ser algo más que una foto de dolor compartida», y aprovechó para emplazar a las fuerzas políticas que no han firmado el pacto antiterrorista -Podemos y los nacionalistas- a que lo hagan.

Rajoy también quiso zanjar la disputa entre Mossos d'Esquadra frente a la Policía y Guardia Civil por la investigación, sobre todo, de la explosión del chalé de Alcanar y las condecoraciones del Parlamento catalán, que solo rendirá honores al cuerpo autonómico. Para el presidente no hay motivos para la disputa, felicitó a los Mossos por «su enorme trabajo, preparación y capacidad», y aseguró que han trabajado codo a codo con las demás fuerzas de seguridad del Estado con intercambio de información «desde el primer momento» en los organismos de coordinación policial. No hay motivos para los enfrentamientos y ya llegará más adelanto el momento de hacer «una valoración más detallada» de «los pormenores» de la investigación.

Si la cooperación policial fue, a su juicio, inmaculada, otro tanto se puede decir de la colaboración política. Él mismo, recordó, compareció con Carles Puigdemont, y su vicepresidenta y sus ministros han trabajado sin roces junto a los consejeros. Para Rajoy, todo ha sido impecable y la complicidad apenas se ha visto enturbiada por algún comentario, como el del consejero de Interior de la Generalitat cuando distinguió entre víctimas mortales catalanas y españolas, o las críticas de algún dirigente del PP a la alcaldesa de Barcelona por no colocar bolardos en Las Ramblas. «Nada grave», comentaba ayer un colaborador del presidente del Gobierno, que también es pesimista sobre lo que ocurrirá a partir de mañana, cuando las emociones se relajen y los soberanistas vuelvan a su calendario para el referéndum del 1 de octubre.

Pero Rajoy también quería reivindicar su labor y la de su Gobierno. La Moncloa ha recibido críticas, incluso desde el PP, por su desaparición de la escena y dejar todo el protagonismo a la Generalitat. «Las opiniones son libres», comentó, pero a continuación desgranó una prolija relación de las actuaciones gubernamentales, reuniones y visitas a Barcelona y Cambrils que sonó a descargo y a rechazo a la acusación de invisibilidad del Estado.

Sin compromisos

Su discurso, de todas maneras, huyó de los compromisos. Recurrió a una de sus más máximas, «no se deben tomar decisiones en caliente», para dar largas a la reivindicación más preciada de la Generalitat: la incorporación de los Mossos a Europol. Recordó que el cuerpo de seguridad catalán ya participa, como la Ertzaintza o la Guardia Civil, en la «oficina nacional» del órgano de coordinación europea que dirige la Policía Nacional. Nada dijo del compromiso que contrajo en julio el ministro del Interior de acelerar la entrada de los Mossos en ese organismo, algo que para el Gobierno catalán es clave en la lucha contra el terrorismo yihadista. «Cuantos menos debates públicos sobre asuntos de seguridad, mejor», resumió Rajoy.

Tampoco quiso tomar partido sobre la creación de un registro de imanes en el Ministerio de Justicia, medida también reclamada por el Ejecutivo de Puigdemont y otras fuerzas políticas, como el PSOE. De nuevo echó mano de evasivas -«todo hay que ir adaptándolo continuamente»- para no fijar una postura sobre una medida de cuya constitucionalidad hay dudas en el Gobierno y entre los expertos legales.

Se mostró algo más predispuesto a reformar de nuevo el Código Penal para luchar contra el terrorismo yihadista. En 2015 se incluyeron nuevos tipos delictivos, como el adoctrinamiento, y se endurecieron las penas por enaltecimiento, entre otros cambios. «Si es necesario modificar (el Código Penal)» para combatir mejor el yihadismo «volveremos a hacerlo».

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