Rajoy: «¿Con esta purga, qué diálogo quieren?»

El Gobierno se muestra preocupado por las destituciones de los responsables de Interior y Educación

RAMÓN GORRIARÁN

madrid. La lectura de Mariano Rajoy de los cambios en el Gobierno catalán es que no hay nada que hacer con Carles Puigdemont por los cauces políticos. Ha habido, dijo, una «purga a los dudosos» y ahora «¿qué diálogo quieren con este forma de comportarse?» Para el presidente del Gobierno, es «una muestra más de la deriva autoritaria» en la que está inmerso el independentismo catalán, pero que no va a torcer el brazo del Estado, que «estará en su sitio» ante cada movimiento de la Generalitat de Cataluña.

El movimiento de Puigdemont inquietó a Rajoy y buena prueba de ello es que el presidente del Gobierno aprovechó ayer la presentación de un plan de inversiones en carreteras para referirse, sin que estuviera previsto, a los relevos en el Gobierno catalán. Detrás de palabras como purga o triunfo del radicalismo, que empleó el jefe del Ejecutivo, se esconde la preocupación por el movimiento estratégico del presidente de la Generalitat al prescindir de los consejeros de Interior y Educación, claves para la celebración del referéndum.

El primero, Jordi Jané, porque era el encargado de los Mossos d'Esquadra y no estaba dispuesto a que participasen ni en los preparativos ni en la realización de la consulta. En el Gobierno, además, hay buena sintonía con Jané, no solo por sus muchos años en el Congreso, en los que dio buena muestra de su moderación, sino por el entendimiento con el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, con el que logró celebrar por primera vez en ocho años una reunión de la junta de seguridad de ambas administraciones. La segunda, Meritxell Ruiz, era determinante porque tenía en su mano la decisión de ordenar a los directores de los colegios que cedieran sus locales para la votación. Ambos puestos están ocupados ahora por independentistas sin complejos.

Portazo

En la Moncloa se mantiene firme la convicción de que no habrá referéndum, pero los cambios en el Ejecutivo de Puigdemont han generado alguna duda que Rajoy quiso atajar de inmediato con la advertencia de que su Gobierno «estará en su sitio» y responderá ante las instancias que corresponda a cada uno de los pasos que den los independentistas, y que «no tengan la más mínima duda». El presidente del Gobierno puso el acento en que las destituciones son «una muestra más de la deriva autoritaria» de los secesionistas, que «después de presionar a los medios de comunicación, a la oposición, a los Mossos, a los funcionarios, a los alcaldes, ahora presionan a su propio partido». Con este tipo de comportamientos, según Rajoy, es imposible el diálogo y la búsqueda de soluciones políticas. A su entender, solo cabe el desistimiento de la Generalitat de Cataluña ante la imposibilidad legal de llevar a cabo la votación separatista.

Un portazo que poco después trató de amortiguar el portavoz gubernamental, quien volvió a insistir en que «la voluntad de diálogo» del presidente se mantiene. Iñigo Méndez de Vigo, sin embargo, no tuvo más remedio que reconocer que las posibilidades de sentarse en torno a una mesa menguan cada día. «Para bailar un tango se necesitan dos», apuntó con uno de sus símiles favoritos, aunque «la cerrazón» de Puigdemont, añadió, impide dar un solo paso de baile.

La resistencia, cuando no negativa, de algunos consejeros a poner en juego su patrimonio en el altar de la independencia de Cataluña, como confesó el destituido Jordi Baiget, ha sido un argumento inesperado para la Moncloa, que no va a dejar de hurgar esa vía. El portavoz aseguró que el Gobierno central no va a permitir que «unos pocos catalanes» con aspiraciones secesionistas se gasten «ni un solo euro de todos los catalanes» para hacer realidad su proyecto. Si el independentismo quiere llevar a la práctica sus planes tendrá que ser con su dinero, y en este sentido Méndez de Vigo recordó que los preparativos de la consulta son «ilegales», según la doctrina del Constitucional.

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