Rajoy y Puigdemont vuelven a la casilla de salida después del 155 y de unas elecciones

Papeletas de Junts per Catalunya y del PP utilizadas en las elecciones catalanas del jueves. :: Andreu Dalmau / efe/
Papeletas de Junts per Catalunya y del PP utilizadas en las elecciones catalanas del jueves. :: Andreu Dalmau / efe

El presidente ofrece diálogo dentro de la ley y el exgobernante catalán reclama lo mismo pero sin condiciones

RAMÓN GORRIARÁN BARCELONA.

Como si nada hubiera pasado en estos dos meses, Mariano Rajoy y Carles Puigdemont retomaron, al menos en los primeros tanteos, las posturas de los días previos a la declaración de independencia y a la aplicación del artículo 155 de la Constitución a la Generalitat de Cataluña. El jefe del Ejecutivo ofreció «diálogo dentro de la ley» y el expresidente fugado en Bruselas reclamó «diálogo sin condiciones previas». El mismo lenguaje que empleaban antes del trepidante 27 de octubre.

El presidente del Gobierno compareció en la Moncloa tras las reuniones de la dirección del PP y del Consejo de Ministros, en las que el rotundo revés recibido por los populares fue de obligado análisis. Rajoy, semblante serio y aspecto preocupado, ofreció al próximo presidente de la Generalitat «colaboración siempre en el marco de la ley» y, aunque el próximo Ejecutivo catalán será independentista, confió en que se abra «una etapa basada en el diálogo y no en el enfrentamiento, en la cooperación y no en la imposición, en la pluralidad y no en la unilateralidad».

El ambiente taciturno en Madrid tuvo su contrapunto en la sede del PDeCAT en Barcelona y en el cuartel general belga, donde todo era jolgorio y buena prueba de ello es que Puigdemont en una videoconferencia interna con los candidatos de su lista bromeó sobre el «pollo de cojones que hay en España» con los resultados electorales de Cataluña. En su intervención en abierto, el expresident se mostró más serio y reclamó que se aplique «la receta de la política» basada en un diálogo sin líneas rojas. Mostró asimismo su disponibilidad a conversar con Rajoy, «incluso en la Moncloa», siempre que le den «garantías» de que no va a ser detenido. Pero para más tranquilidad, apuntó, la cita con Rajoy debería ser «en Bruselas o en otro país de la Unión Europea, menos España», donde tiene una orden de captura por negarse a declarar ante el juez.

El presidente no tiene en su agenda de reuniones a Puigdemont, en la que sí figura Inés ArrimadasEl líder de Junts per Catalunya afirma que Rajoy tienen «un pollo de cojones en España»

Con la invitación llegó la primera negativa de Rajoy: «Con quien tendría que sentarme es con quien ha ganado las elecciones, que es la señora (Inés) Arrimadas». El presidente del Gobierno no tiene intención de ver a Puigdemont hasta que no resuelva su situación judicial, y ese asunto compete a los jueces, «en absoluto» al Ejecutivo.

Los planes del expresidente de la Generalitat, en cambio, pasan, según fuentes del PDeCAT cercanas al candidato, por incluir en la negociación con el Gobierno de Rajoy la situación procesal de los cuatro encarcelados, Oriol Junqueras, el exconsejero Joaquim Forn y los exlíderes de la ANC y Omnium, así como la revisión de la orden de captura contra él mismo y los cuatro exconsejeros que le acompañan en Bruselas. Un planteamiento imposible de aceptar y que demuestra «ignorancia o mala fe» sobre cómo funciona un Estado de Derecho, replicaron en la Moncloa.

Garantías

La segunda parte del plan del ex president es, siempre que haya «unas garantías» pactadas con el Gobierno central, asistir al debate de investidura en enero próximo dado que la ley de Presidencia de la Generalitat exige que el aspirante defienda en persona su programa ante la Cámara. No lo podrá hacer porque «en cuanto sea detectada su presencia en España será detenido», aseguran desde el Ministerio del Interior.

Elsa Artadi, la jefa de campaña de Junts per Catalunya, explicó que «Puigdemont regresará a Cataluña cuando pueda ser investido presidente». El interesado dejó la puerta abierta a los rumores y las especulaciones, y no aclaró si piensa retornar aunque durante la campaña dijo estar dispuesto a «correr el riesgo» de ser detenido para ser investido presidente de la Generalitat. Ayer no dijo nada en ese sentido.

Los expertos jurídicos del PDeCAT buscan entretanto una fórmula legal para que Puigdemont sin estar presente pueda ser designado presidente por el Parlamento de Cataluña para nombrar después un 'conseller en cap' que lleve el día a día del Gobierno mientras él esté en Bruselas. Una solución que tiene muchas dificultades técnicas y que de momento despierta recelos en Esquerra, dispuesta a votar la investidura de Puigdemont, pero que calla respecto a otros candidatos de Junts per Catalunya.

Un nombre que se cita en los círculos de Junts per Catalunya, si Puigdemont no puede ir al Parlament, es el de Artadi, persona de la máxima confianza del expresident y que tiene buena comunicación con la Moncloa, donde elogian su papel como directora de Coordinación Interdepartamental de la Generalitat en el trabajo para la aplicación del 155.

Mientras se desbrozan los caminos legales y suenan y mueren los nombres, entre los soberanistas gana enteros la tesis de que, a pesar de los primeros cruces improductivos entre Rajoy y Puigdemont, esta legislatura no puede ser igual ni siquiera similar a la pasada. La unilateralidad en los pasos hacia la independencia, dicen algunos dirigentes de Esquerra y PDeCAT, está descartada, otra cosa es si se podrá pactar con el Gobierno. De entrada, el marcaje ortodoxo de la CUP parece condenado al olvido. «Los números -dijo Puigdemont- han cambiado, podemos gobernar tranquilamente Junts per Catalunya y Esquerra sin la CUP. Nuestra voluntad es llegar a acuerdos con la CUP, pero no sólo con la CUP».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos