Rajoy y Puigdemont se enrocan en sus posiciones y cierran el paso al diálogo

Cartel que representa a Rajoy y Puigdemont como dos boxeadores. / Josep Lago (Afp)

El presidente del Gobierno y el de la Generalitat consideran que a pesar de la crisis ya no tienen nada de qué hablar

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

El reclamado diálogo entre Mariano Rajoy y Carles Puigdemont no tendrá lugar. Para ambos es como si el 1 de octubre no hubiera existido a efectos de buscar una solución a la crisis de Cataluña. El presidente del Gobierno considera que no tiene nada que hablar con el de la Generalitat, y el jefe del Ejecutivo catalán pone unas condiciones que imposibilitan cualquier deshielo. Los dos están enrocados en las posiciones previas a la votación, solo ha cambiado que Puigdemont está crecido y a la ofensiva mientras Rajoy ve tambalearse la unidad constitucional, una fractura que le dejaría en una situación delicada.

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Hay nervios en el Gobierno y en el PP por la inminente declaración de independencia de Cataluña y por la imagen de violencia de unas fuerzas de seguridad que fracasaron en su misión de impedir que se votara y cuya violencia ha dado la vuelta al mundo. Pero Rajoy, insisten en la Moncloa, está tranquilo y vuelve a la estrategia de dejar pasar el tiempo, que como suele decir es «una forma de moverse», con la esperanza de que una actuación judicial (hay una denuncia del fiscal contra Puigdemont) cambie el terreno de juego. El presidente del Gobierno no comparecerá en el Congreso para mantener un debate sobre el reto soberanista hasta la próxima semana, el martes o el miércoles. Y es que uno de los principios de la filosofía 'mariana' es que «en política, como en la vida, no hay que tomar decisiones en caliente».

Se va a dar la paradoja que el Parlamento Europeo va a debatir sobre la crisis de Cataluña antes que el Congreso de España. La Cámara de Estrasburgo discutirá este miércoles sobre «Estado de Derecho, Constitución y derechos fundamentales en España a la vista de los acontecimientos en Cataluña». El eurodiputado del PP Esteban González Pons reclamó «un debate de alto nivel» y no centrado «en las imágenes que se vieron ayer (por el domingo) y que nadie quería ver». Pero Rajoy no comparte esas urgencias parlamentarias.

Tampoco tiene fecha en su agenda para reunirse con los líderes y portavoces de Podemos, Esquerra, PDeCAT y PNV, aunque anunció el domingo que convocaría a todas las fuerzas con representación parlamentaria. Ha limitado por ahora la ronda al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, y al presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, con los que se vio hoy en la Moncloa. Mañana no tiene previsto recibir a nadie.

Los encuentros con Sánchez y Rivera sirvieron para coger con alfileres la unidad ante el pulso independentista aunque parece tener los días contados. Sánchez instó a Rajoy a retomar el contacto con el presidente de la Generalitat y abrir «una negociación inmediata» con Puigdemont y las fuerzas independentistas, algo que Rajoy no comparte en absoluto. Es más, fuentes de la Moncloa precisaron que la invitación al diálogo que hizo el domingo por la noche no iba a dirigida a Puigdemont, los destinatarios eran las fuerzas no soberanistas. La unidad con los socialistas puede saltar por los aires en cualquier momento, y, temen en el PP, es posible que se escenifique en el pleno del Congreso de la próxima semana.

Tampoco tiene buen diagnóstico la alianza con Ciudadanos, Rivera, quiere jugar la baza del hombre contundente que muchos echan en falta en Rajoy, y exige la inmediata aplicación del artículo 155 de la Constitución para intervenir las competencias autonómicas de la Generalitat y convocar elecciones autonómicas. Un paso que el presidente de Gobierno aún no se plantea dar; esperará, dicen fuentes gubernamentales, a que se produzca la declaración unilateral de independencia por parte del Parlamento de Cataluña. Un terreno, el del 155, en el que el PSOE además no se siente cómodo, aunque fuentes del partido apuntan que en última instancia asumirían que el Ejecutivo diera ese paso.

Estudiar con lealtad

Si Rajoy es poco receptivo a los planteamientos de sus todavía aliados, a lo más que llegó fue a comprometerse a «estudiar con responsabilidad y lealtad» sus propuestas, según una nota difundida por la Moncloa después de los encuentros, es totalmente refractario a los del presidente de la Generalitat. Puigdemont se mostró crecido por el desarrollo de la jornada de votación en la que los independentistas se jactaban de haber logrado sus dos principales objetivos, votar y que la imagen de las fuerzas de seguridad requisando urnas y reprimiendo a ciudadanos pacíficos diera la vuelta al mundo.

Con esta satisfacción en el bolsillo, planteó una mediación internacional porque «el momento lo aconseja». Unos buenos oficios que no necesariamente tiene que ser de la Unión Europea, precisaron en la Generalitat, que más bien mira hacia Naciones Unidos o algún país escandinavo.

El Gobierno federal de la provincia canadiense de Quebec fue el primero en atender la llamada y se ofreció hoy mismo a poner a disposición de España y Cataluña su experiencia en «materia de conciliación» si es que ambos gobiernos la consideran «útil». Una alternativa que en la Moncloa ni siquiera se tomaron en serio porque supondría reconocer la legitimidad de la secesión y daría a Cataluña el tratamiento de sujeto político soberano.

Puigdemont también demostró que se siente fuerte al condicionar el diálogo con Rajoy a que «no nos ponga condiciones» porque de lo que se trata es de pactar un referéndum de autodeterminación, no de hablar de financiación u otros aspectos vinculados a la etapa autonómica. «Esa etapa es pasado», resaltaron fuentes del PDeCAT.

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