Rajoy pone a Euskadi como ejemplo frente al «delirio» de Puigdemont

Rajoy, durante su discurso en la escuela de formación Miguel Ángel Blanco en Bilbao. :: Luis Tejido / efe/
Rajoy, durante su discurso en la escuela de formación Miguel Ángel Blanco en Bilbao. :: Luis Tejido / efe

Ensalza el clima de «acuerdo» con el Gobierno vasco y lo contrapone al «estéril y antidemocrático» pulso catalán

OLATZ BARRIUSO

El Gobierno de Mariano Rajoy exhibe su engrasada relación con el Gobierno vasco y el PNV como ejemplo de que existen «otras formas de hacer política, construir y abordar aquello que realmente importa a la gente» más allá del «delirio» de Carles Puigdemont y su «deriva autoritaria». Un día después de la drástica remodelación del Gobierno catalán consumada por el presidente para rodearse de secesionistas irreductibles y sacudirse la presión de Esquerra, el jefe del Ejecutivo central recaló ayer en Bilbao y aprovechó para aplaudir la «forma de trabajar» conjunta de los Gobiernos central y vasco, «unida a las palabras pacto, acuerdo y entendimiento». «Eso es lo democrático y lo que produce resultados positivos para todos», se ufanó Rajoy, que contrapuso la actitud del Ejecutivo de Iñigo Urkullu al enfrentamiento «estéril y antidemocrático» alentado por los independentistas catalanes con su insistencia en poner las urnas el 1 de octubre para celebrar un referéndum «vinculante».

En vísperas de que las Administraciones central y vasca rubriquen, el próximo miércoles en Madrid, la nueva Ley Quinquenal del Cupo y las modificaciones en la Ley del Concierto que permitirán, por ejemplo, que alrededor de trescientas nuevas empresas comiencen a tributar ante las Haciendas forales, Rajoy sacó pecho de su buena sintonía con Urkullu y los nacionalistas vascos. Un argumento que le sirve al Gobierno del PP para reivindicar su talante dialogante y pactista -con quienes se atienen, eso sí, a las reglas del juego- y responsabilizar así en exclusiva al Ejecutivo catalán de la «peligrosa senda de radicalidad» por la que se desliza.

«Lo que se está haciendo entre el Gobierno de España y el Gobierno vasco es lo que se debe hacer: construir juntos, cada uno con sus planteamientos pero en defensa de los intereses generales de todos», se felicitó el presidente, que participó en la primera jornada de la escuela organizada por Nuevas Generaciones en memoria de Miguel Ángel Blanco en el vigésimo aniversario de su secuestro y asesinato a manos de ETA.

«Responderemos al referéndum con la razonable fuerza de la ley, sensatez y moderación» La mayor parte de la sociedad catalana «empieza a desconectarse de su desconexión»

Las palabras de Rajoy fueron el reverso de la moneda de la situación vivida hace poco más de una década, cuando el Gobierno capitaneado por Juan José Ibarretxe y el nacionalismo vasco estaban envueltos en una deriva soberanista similar a la que de vive ahora en Cataluña. En aquellos años, el aliado pragmático y posibilista del Gobierno de José María Aznar era la hoy desaparecida CiU mientras que el PNV era el paradigma del radicalismo.

Un cambio de papeles ante el que el jefe del Ejecutivo central dejó claro que no le temblará la mano para responder al desafío catalán, pero dejó entrever que no optará por aplicar medidas traumáticas que podrían fomentar el victimismo de los secesionistas catalanes. Frente a su intención de «violar la ley», advirtió, «nosotros la cumpliremos y la haremos cumplir» pero siempre, recalcó, con «la razonable fuerza de la ley, la sensatez, y la moderación». El presidente se mostró convencido de que «la inmensa mayoría de los catalanes» está en esa «longitud de onda» y quiere primar «el sentido común y la concordia» por encima del choque de trenes al que el desafío unilateral de Puigdemont les aboca. «Los catalanes sensatos y moderados deben saber que el resto de los españoles no les vamos a fallar», prometió Rajoy.

De los hechos más graves

Una vez más, y tras los avisos de la Generalitat de que se podrá votar el 1-O como en cualquier cita electoral -con tarjetas del censo y urnas de metacrilato-, Rajoy certificó que el referéndum catalán no se va a celebrar porque es «ilegal».

Cuando arrecian las voces para que el Gobierno central frene el órdago del Ejecutivo de Puigdemont con el artículo 155 de la Constitución que permite la intervención de la autonomía, Rajoy no ha querido poner paños calientes ni ocultar la magnitud de la «amenaza» y, de hecho, se ha mostrado convencido de que la «deriva autoritaria» de la Generalitat es de los hechos más graves que han ocurrido en España «desde hace décadas».

Eso sí, lejos de inflamar los ánimos, ha subrayado que «todas las leyes» -el Estatuto de Cataluña, la Constitución española y la legislación internacional- están de su parte y también la mayor parte de la sociedad catalana, «que empieza a desconectarse de su desconexión». «Les pido que desconecten de su delirio y se reconecten al respeto a la ley y al Estado de Derecho que están violando ininterrumpidamente». Y por eso ha insistido, «con serenidad», que el Estado de derecho «va a prevalecer y el referéndum no se va a celebrar». Una reflexión que fue en la misma línea argumental de los oradores que le habían precedido, como el presidente del PP catalán, Xavier García Albiol, o el portavoz en el Senado, José Manuel Barreiro. «Estamos orgullosos de cumplir la ley y estaremos orgullosos de hacer que se cumpla», insistió el presidente del Gobierno.

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