Rajoy ofrece diálogo y Puigdemont se lanza a la declaración de independencia

Una joven llora ante un antidisturbios. :: q. garcía / EFE
Varios jóvenes sostienen una de las urnas con centenares de votos en su interior al cierre de la jornada electoral en Cataluña. :: josep lago / afp
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Una joven llora ante un antidisturbios. :: q. garcía / EFE Varios jóvenes sostienen una de las urnas con centenares de votos en su interior al cierre de la jornada electoral en Cataluña. :: josep lago / afp

El presidente irá al Congreso pero puede encontrarse con el único apoyo de Ciudadanos

RAMÓN GORRIARÁN

barcelona. Tras el día largo y tenso, también triste, que se vivió ayer en Cataluña, Mariano Rajoy ofreció diálogo «leal» a Carles Puigdemont; Pedro Sánchez exigió ir más allá y que «negocie, negocie y negocie». Pero ni así. Carles Puigdemont, crecido, se atornilló en la idea de seguir adelante con el proceso, abrió la puerta a la declaración unilateral de independencia e ignoró la invitación a dialogar.

El paisaje después de la batalla del 1 de octubre no invita al optimismo porque las posiciones siguen inalteradas en el asunto central, el referéndum de autodeterminación. Rajoy se ratificó en que no es materia de negociación y Puigdemont anunció que en «los próximos días» habrá declaración unilateral de independencia por parte del Parlamento. Además tiene una segunda derivada, el futuro de las legislaturas en España y Cataluña. La de Rajoy ha quedado en el alero, y la de Puigdemont entra en una etapa de turbulencias.

El presidente del Gobierno sabe que su posición ha quedado debilitada porque sus rotundos vaticinios de que no habría referéndum quedaron arrasados por la realidad. No hubo consulta con garantías legales, cierto, pero miles de personas votaron y las duras imágenes de las fuerzas de seguridad intentado cerrar colegios electorales son un lastre en su discurso y ha hecho chirriar su entente con los socialistas. El PSOE dio ayer los primeros pasos para poner punto final a su complicidad con el jefe del Ejecutivo. Pedro Sánchez, si quiere, tiene el campo abierto para construir una mayoría alternativa en el Congreso aunque garantizó con la boca pequeña que defenderá «la estabilidad institucional».

El presidente del Gobierno intentó construir un dique en una comparecencia institucional anoche desde el palacio de la Moncloa en la que lanzó una oferta de diálogo, convocó a todos los partidos para «reflexionar sobre el futuro que hay que abordar juntos» y comparecerá en el Congreso. Un paso digno de reseñar porque significa que abandona el burladero de la legalidad y la Constitución, única respuesta que ha manejado hasta ahora ante el desafío independentista, para pasar a las vías políticas. Hasta dónde está dispuesto a llegar en ese diálogo está por ver, aunque anoche mismo dejó claro que la unidad de España sigue siendo una línea roja que no va a sobrepasar. Es decir que la celebración de un referéndum pactado no tiene cabida en su agenda. Además, fuentes de la Moncloa precisaron que la oferta de diálogo no iba dirigida al presidente de la Generalitat porque está invalidado tras intentar «liquidar» la Constitución.

Pero Sánchez reclamó más que diálogo, planteó una negociación política con el Ejecutivo catalán hasta encontrar «una solución» a la crisis y precisó que su apoyo al Gobierno obedece a su respeto al «Estado de Derecho», no a que secunde las posiciones del PP para Cataluña. Una negociación que para el líder de Ciudadanos es un anatema, pero que para el de Podemos es secundario porque lo prioritario es «mandar a la oposición» al PP para lo que emplazó al PSOE a liquidar su colaboración con Rajoy y que presente una moción de censura.

Un cuadro al que hay que sumar la huida del PNV y que apunta a un futuro en absoluto halagüeño para la legislatura que alimenta la tesis de un adelanto de las elecciones generales. Una idea que también se maneja en el PP porque con el único apoyo, interesado y cambiante, de Ciudadanos es imposible aprobar los Presupuestos este año ni el que viene. El Gobierno tampoco tendría posibilidad de legislar y se vería arrastrado por las iniciativas de la mayoría en manos de la oposición.

El presidente de la Generalitat se enfrenta a un escenario distinto, pero no por ello sencillo. La CUP exigió ayer que esta semana se reúna el Parlamento de Cataluña para aprobar la declaración unilateral de independencia. Unas prisas que en principio no compartían en el Palau de la Generalitat. Puigdemont y sus consejeros así como los líderes del PDeCAT y Esquerra, que huyeron de poner fechas a ese paso aunque la ley del referéndum, anulada por el Constitucional, fija un plazo de 48 horas a partir de la proclamación de los resultados. Pero Puigdemont, en otra declaración institucional arropado por todos sus consejeros, anunció que «en los próximos días trasladará al Parlamento de Cataluña el resultado de la jornada de votación para que actúe de acuerdo con la ley del referéndum».

Puigdemont dejó así claro que está resuelto a ir adelante con el proceso soberanista, la incógnita es el ritmo que quiere imponer porque los próximos días es un lapso que puede manejar a su conveniencia si bien es evidente que no lo podrá dilatar demasiado. Desde las plataformas soberanistas dieron una vuelta de tuerca, pidieron a Puigdemont que «no falle» ahora y no frene.

Los líderes de la ANC y Omnium además se sumaron a la convocatoria de una huelga «nacional» de 24 horas para mañana planteada por pequeños sindicatos y organizaciones secesionistas, como CGT o UPEC. La CUP se sumó a la iniciativa. Las grandes centrales CCOO y UGT, de entrada, no secundan la idea, pero fijarán su posición definitiva en las próximas horas. El vicepresidente Oriol Junqueras se reunió ayer mismo con los representantes de la plataforma Taula per la Democracia para abordar la propuesta, que en un primer momento se planteó para respaldar el proceso, pero que tras la votación de ayer y la actuación de la Policía y la Guardia Civil sería una protesta por «la represión», que dejó 844 heridos, dos de ellos graves, según el último balance de la Generalitat.

Pero más allá de estos cálculos políticos y electorales consecuencia de la votación celebrada en Cataluña, y que escenificó el fracaso de Rajoy y Puigdemont. El primero porque vio sepultados por los hechos sus augurios de que no habría referéndum, y el segundo porque la consulta no tiene validez legal, otra cosa es su valor político, ni tuvo las garantías que prometió. El Gobierno central, pese a todo, se enrocó en que no hubo consulta de autodeterminación. Lo dijo Rajoy y su vicepresidenta, y lo negó, como era de prever, Puigdemont.

En la Generalitat hablaban a primera hora de la noche de tres millones de votos, pero los datos 'oficiales' se retrasaron por las dificultades técnicas del escrutinio.

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