Rajoy indica a la oposición que la moción de censura es la única vía para desbancarle

El presidente del Gobierno,Mariano Rajoy, durante su comparecencia ayer en el pleno extraordinario del Congreso. :: mariscal / efe
El presidente del Gobierno,Mariano Rajoy, durante su comparecencia ayer en el pleno extraordinario del Congreso. :: mariscal / efe

Rechaza dimitir por la corrupción y elude hablar de 'Gürtel' en un pleno específico sobre el caso

NURIA VEGA MADRID.

Mariano Rajoy subió ayer a la tribuna del Congreso sin ningún ánimo de pronunciar el término 'Gürtel' y mucho menos de dimitir por el mayor escándalo de corrupción en el que se ha visto envuelto el PP. «Mi obligación es gobernar -reivindicó- y no voy a abdicar de ella». El presidente se siente avalado por las victorias electorales y por la confianza que en su día le otorgó la Cámara baja para continuar en la Moncloa y, siendo así, retó a la oposición a emplear el único instrumento constitucional que, a día de hoy, podría «obligarle» a dar un paso a un lado: la moción de censura.

La asunción de responsabilidades políticas que exigen los grupos parlamentarios no deja de ser para Rajoy una expresión inconcreta, incluso un recurso que de «tan trillado» amenaza con desembocar en ninguna parte. De hecho, convencido de haber agotado ya todas las vías de explicación posibles sobre su conocimiento de la trama 'Gürtel', aclaró que nunca admitirá «mansamente» las acusaciones de la oposición ni la «pena» de abandonar el Gobierno. Sólo a las urnas y a los tribunales les concedió el presidente la potestad de juzgar los casos de corrupción.

En realidad, a nadie extrañó la respuesta. Ya el 1 de agosto de 2013, forzado a comparecer en el Parlamento por su mensaje al extesorero del PP -«Luis, sé fuerte»-, Rajoy anticipó: «Ni voy a dimitir ni voy a convocar elecciones». Fuentes gubernamentales recuerdan aquel pleno, no como el trámite relativamente sencillo de hoy, sino como un trance que hubo que gestionar con cautela.

Desde entonces, quienes le conocen sostienen que el presidente no ha vuelto a abordar en profundidad el asunto 'Gürtel'. Sólo el 28 de octubre de 2014, con el partido aún impresionado por la detención del exconsejero de Presidencia de Esperanza Aguirre, Francisco Granados, Rajoy pidió «disculpas» en el Senado por ubicar en puestos de responsabilidad a quienes no eran «dignos» de esas tareas. Corrían los tiempos de la 'operación Púnica'.

Esta vez, en cambio, en el PP tienen la convicción de que los grupos parlamentarios no buscaron ejercer la función de control al Gobierno que tienen asignada, sino desgastar a los populares, frenar sus opciones de crecimiento electoral y, en caso de ser posible, expulsar al partido de las instituciones. «Urgencias políticas», resumió el jefe del Ejecutivo antes de cuestionar la «utilidad» que podía tener el debate de ayer en la batalla contra la corrupción. «Me temo más bien -apuntó- que el objetivo de algunos es otro».

En las filas populares ha molestado especialmente que el PSOE se sumara a la propuesta de Podemos y juntos registrarán una iniciativa en el Congreso para obligar al presidente a comparecer en el hemiciclo en pleno agosto y en la apertura del curso político.

El malestar se desprendió también de la intensidad de la réplica de Rajoy a los socialistas, a quienes reprochó «politizar la justicia» y utilizar a la asociación de abogados ADADE para forzar su declaración como testigo ante la Audiencia Nacional el pasado 26 de julio en el proceso por la primera etapa de 'Gürtel'. «Me piden que vaya, respondo las preguntas y ahora me reclaman responsabilidades políticas. Por favor, ¡un poco de nivel!», espetó el presidente a la portavoz del PSOE.

Ninguna de las demandas de la oposición quedó satisfecha y Ciudadanos observó que los grupos sólo habían logrado llevarse un «revolcón». A la socialista Margarita Robles le recordó Rajoy que también ella testificó como exsecretaria de Estado de Seguridad en el 'caso Lasa-Zabala'. Pablo Iglesias, que acudió al Congreso con seis interrogantes sobre 'Gürtel', se marchó sin respuestas y con dos preguntas sobre la financiación de Podemos y sus vínculos con Venezuela e Irán.

«Es mentira», zanjó Iglesias en los pasillos de la Cámara baja, donde Podemos recogió el guante de la moción de censura y se mostró dispuesto a buscar un acuerdo con el PSOE y el resto de fuerzas para expulsar a Rajoy de la Moncloa.

Esfuerzo inútil

Los socios presupuestarios del Ejecutivo -PNV, UPN, Foro, Coalición Canaria y Nueva Canarias- incidieron en lo poco productivo que resultó el pleno para arrojar luz sobre las sombras de 'Gürtel'. Ciudadanos señaló que la comisión que investiga en el Congreso las finanzas del PP tiene un formato más apropiado para interrogar al presidente.

La oposición en pleno lamentó las «evasivas» de Rajoy y que dedicara una parte de su intervención al desafío soberanista en Cataluña, la amenaza yihadista o el crecimiento económico. «No haga como otros presidentes que en los tiempos de Banca Catalana se envolvieron en las banderas para tapar la corrupción», censuró Robles antes de volver a pedir la dimisión del jefe del Ejecutivo. Y aunque el intercambio con la portavoz socialista se ganó el entusiasmo de la bancada del PP, fuentes de la formación conservadora reconocieron que un monográfico como el de ayer sobre sus escándalos, nunca favorece a los populares.

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