Rajoy espera tranquilo el 1-O porque está seguro de que no habrá consulta

Manifestantes independentistas protestan contra la visita de Rajoy a Lleida. :: Mario Gascón / efe
Manifestantes independentistas protestan contra la visita de Rajoy a Lleida. :: Mario Gascón / efe

Mantiene el hermetismo sobre sus planes y apela al «sentido común y la empatía» para reconducir la situación

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

No se fuma un puro porque lo ha dejado, pero Mariano Rajoy asegura que está muy tranquilo ante el referéndum de independencia de Cataluña porque tiene la convicción de que no se va a celebrar. El presidente del Gobierno no dice cómo piensa evitarlo y se encierra en que aplicará «todos» los instrumentos que proporciona la ley. Lo que tiene descartado, pese a las invitaciones semanales de su portavoz, es el camino del diálogo y la negociación porque, a su entender, están cegados.

Rajoy quiso hacer acto de presencia en Cataluña antes de irse de vacaciones y ayer viajó a Lleida para inaugurar un parador de turismo. Allí comentó en una charla informal que la consulta del 1 de octubre no le quitaba el sueño porque tenía la certeza de que no se iba a realizar. El cómo no lo dijo, y en su entorno se mantuvo la misma discreción sin salirse del guión de que hay «instrumentos suficientes» para que la consulta no tenga lugar el 1 de octubre, como dijo ayer mismo el ministro de Justicia en los cursos de verano de la Universidad Complutense en El Escorial. Rafael Catalá tampoco detalló ninguna de esas herramientas jurídicas.

El Gobierno, mientras transcurre la etapa de «los anuncios», que es como denomina a esta fase del proceso sin adopción de medidas o aprobación de leyes, ha apercibido a toda la administración que depende de Madrid, desde los alcaldes a los secretarios, interventores y tesoreros municipales, que tienen prohibido colaborar; ha recordado a los Mossos que no pueden actuar al margen de la ley; y ha advertido al Gobierno de Carles Puigdemont que no está autorizado a comprar urnas ni elaborar un censo ni hacer campañas institucionales.

Si con todas estas medidas, el presidente catalán no desiste y convoca en septiembre el referéndum para el 1 de octubre será el momento de la ley. Es lo único que dicen aquellos ministros que se atreven a comentar los planes gubernamentales porque casi todos ignoran la estrategia de Rajoy, algo que solo conoce un reducido círculo, del que forman parte, entre otros, la vicepresidenta, el jefe de gabinete de la Presidencia y el ministro de Justicia.

El Gobierno tiene sobre la mesa tres argumentos jurídicos: la ley del Constitucional, el artículo 155 de la Constitución y la ley de Seguridad Nacional. Los expertos apuntan que la respuesta más razonable es la ley del Constitucional fortalecida en sus capítulos coercitivos con la reforma de 2015, y que permite a la corte hacer cumplir sus resoluciones con sanciones e inhabilitaciones para los gobernantes que desoigan sus órdenes.

Ley de Seguridad Nacional

La ley de Seguridad Nacional no entra en los cálculos de la Moncloa porque está diseñada para catástrofes naturales o actos de terrorismo. «No está pensada para la discrepancia entre un Gobierno autonómico y el de la nación», ha dicho alguna vez Catalá. Por si acaso hace dos años fue recurrida, aunque en vano, por la Generalitat de Cataluña ante el Constitucional. El artículo 155 de la Constitución nunca se ha aplicado y su efectividad se presta a múltiples interpretaciones. En La Moncloa niegan con vehemencia que forme parte del arsenal de respuesta.

Rajoy no quiso avanzar ayer nada y justificó su silencio porque el presidente del Gobierno no está para hacer declaraciones estridentes en un asunto tan delicado como el proceso separatista. Lo que sí dejó aclarado en la conversación informal es que no entra en sus planes el diálogo con Puigdemont. «Para qué», se preguntó si su único objetivo es hacer una consulta secesionista sobre la que un jefe del Ejecutivo no puede hacer la menor concesión.

El presidente del Gobierno no fue más explícito en su discurso de inauguración del parador de Lleida. «Frente al camino de la ruptura, que no lleva a ninguna parte, apostamos por las vías del sentido común y la empatía, que nos llevan lejos», fue una de sus escasas referencias al conflicto catalán. Consideró asimismo «absurdo poner balizas» entre Cataluña y el resto de España. Por el contrario, añadió, lo importante es «abrirse al otro, conectar con los demás, valorarnos y aprender».

Pero nada dijo, ni en el discurso oficial ni en la charla informal, de la entrada de la Guardia Civil en el Parlamento y la Generalitat de Cataluña por respeto a los jueces.

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