Rajoy esconde sus cartas en el debate para potenciar el castellano en las aulas catalanas

Rajoy, junto al presidente de Societat Civil Catalana, José Rosiñol, con el que se reunió el miércoles en la Moncloa. :: juan carlos hidalgo / efe/
Rajoy, junto al presidente de Societat Civil Catalana, José Rosiñol, con el que se reunió el miércoles en la Moncloa. :: juan carlos hidalgo / efe

El presidente afirma que es una polémica del «peor pasado» mientras el PSOE censura la utilización abusiva del artículo 155

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

Mariano Rajoy no arrojó ni una brizna de luz sobre los planes de su Gobierno para reforzar la presencia del castellano en la educación pública de Cataluña. No dio ninguna pista sobre cómo piensa materializar sus planes ni cuándo va a ponerlos en práctica. El PSOE tampoco se mojó demasiado y Pedro Sánchez se ciñó a decir que el artículo 155 de la Constitución no está pensado para cambiar políticas educativas.

Como es su costumbre, Rajoy no se refirió al asunto por su nombre y recurrió a referencias tangenciales y elipsis sujetas a todo tipo de interpretaciones. No habló de inmersión lingüística ni de Cataluña ni de casillas para elegir idioma. Solo afirmó que el debate sobre las lenguas en la enseñanza «atenta contra el progreso» y retrotrae al «peor pasado» de este país. Por eso, tachó de «increíble» que se promueva una discusión por parte de quienes están «imponiendo a la gente lo que no quiere que se le imponga». Un dardo, se supone, para el nacionalismo catalán. Lo que hay que hacer, dijo aprovechando que ayer estaba en una convención del PP en Elche sobre autónomos y pymes, es invertir en educación sobre la revolución digital.

Rajoy comunicó sus intenciones de fomentar el uso del castellano en las aulas catalanas a los responsables de Sociedad Civil Catalana, con los que se reunió el pasado miércoles en la Moncloa. El secretario de Estado de Educación dijo el jueves que el asunto estaba en estudio dado que el Ministerio tiene las competencias de educación en Cataluña por la aplicación del artículo 155 para intervenir la Generalitat desde el pasado 27 de octubre. «Lo haremos», dijo el viernes el portavoz y ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, pero no fue más allá. Solo reconoció que una alternativa que se analiza es que se garantice un mínimo del 25% de las horas lectivas en castellano, porcentaje fijado en una sentencia del Tribunal Superior de Cataluña. Ahora los alumnos de los centros públicos catalanes reciben dos horas semanales de lengua castellana en primaria, tres en secundaria y dos en bachiller.

Esta falta de concreciones y el énfasis que puso el ministro en decir que la propuesta no es un globo sonda han alimentado las sospechas de que más que un plan se trata de una medida de presión con dos objetivos. Por un lado, presionar a las fuerzas soberanistas catalanas para que se pongan de acuerdo para relegar a Puigdemont, investir a un presidente de la Generalitat sin hipotecas judiciales y que forme un gobierno cuanto antes. Por otro, entrar en el cuerpo a cuerpo con Ciudadanos en un terreno que vio nacer al partido de Albert Rivera y demostrar que el PP no se arredra en la defensa del español en Cataluña, una de las banderas de la fuerza naranja.

Una tesis que compartió ayer el presidente de la Junta de Castilla-La Mancha, el socialista Emiliano García-Page, quien atribuyó la iniciativa gubernamental al «ataque de nervios» que sufre ante el ascenso de Ciudadanos. Reforzar la presencia del castellano en las aulas catalanas, apuntó, debería ser fruto de un pacto de Estado y no un intento para sacar ventajas electorales.

Si el objetivo es presionar a las fuerzas soberanistas surtió un efecto limitado. Solo el presidente del Parlament, Roger Torrent, cogió el guante para afirmar que los planes de Rajoy demuestran que es «urgente» formar gobierno en Cataluña «para ahuyentar el 155 y defender la escuela».

El líder del PSOE, aliado fiel del Gobierno en la intervención de la Generalitat, intentó nadar sin mojarse la ropa. Pedro Sánchez evitó ayer ante el Comité Federal del PSOE fijar su posición en el debate, pero advirtió a Rajoy que el artículo 155 de la Constitución es «para recuperar el autogobierno y para nada más». Una cautela explicable por el apoyo sin fisuras de los socialistas catalanes al actual modelo de inmersión lingüística, del que fueron promotores.

Otros barones socialistas, como los presidentes de Extremadura, Aragón y Castilla-La Mancha, tuvieron menos precauciones y estuvieron de acuerdo con el fomento del uso del castellano en las escuelas públicas de Cataluña, aunque tampoco compartieron que se imponga bajo el paraguas legal del 155. El aragonés Javier Lambán, por ejemplo, abogó por acabar con el «maltrato injusto e ilegal» de los gobiernos nacionalistas en Cataluña al castellano.

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