Rajoy encuentra en la radicalidad de la CUP un arma contra el independentismo

El presidente invita a los catalanes a aislar a los «extremistas» que condicionan al Gobierno de Puigdemont

MARÍA EUGENIA ALONSO MADRID

Mariano Rajoy ha puesto a la CUP en su punto de mira. Desde que iniciara sus vacaciones por tierras gallegas, hace apenas una semana, el jefe del Ejecutivo ha aprovechado cada una de sus apariciones para censurar a los «radicales» y «extremistas» que tienen secuestrado, a su juicio, al Gobierno de la Generalitat de Cataluña. «Son gente de extrema izquierda con programas electorales de hace siglos», reconocía Rajoy durante una caminata matutina el pasado jueves.

Ayer, el presidente dio un paso más en su cerco contra los soberanistas y lanzó por primera vez un mensaje directo a los empresarios y a la sociedad civil catalana para que den una respuesta rotunda a quienes desde las instituciones pretenden conducirles por un camino, el de la independencia, que, en su opinión, sólo les acarreará graves perjuicios. «Cuando se divide y se da protagonismo a los radicales y extremistas las cosas van mucho peor», arguyó.

En un acto para apoyar el turismo en Galicia, el también líder del PP apeló así a «la gente con sentido común» para hacer frente al desafío secesionista que la Generalitat quiere culminar el 1 de octubre con la celebración de una consulta para que los catalanes decidan sobre su relación con España. «Avanzamos más y mejor cuando caminamos juntos», defendió Rajoy desde Lugo.

En su intervención, el presidente vinculó también el proceso independentista con los ataques al turismo que se están produciendo principalmente en Cataluña de manos de Arran, una organización juvenil vinculada a la CUP, y que los anticapitalistas no han querido censurar. «Nunca creímos que hubiera gente con unas entendederas tan difíciles de entender», insistió.

El jefe del Ejecutivo se mostró perplejo por tener que hacer una defensa del sector turístico español, que supone el 11% del PIB y da empleo a más de dos millones de personas. «Es algo verdaderamente inaudito», insistió Rajo, para quien las acciones de Arran son un «disparate y sinsentido» que sólo consigue «dañar la imagen de España».

En sólo diez días, este colectivo antisistema ha pasado de pinchar las ruedas del autobús turístico y de las de bicicletas de alquiler de una empresa de Barcelona, a las pintadas contra las fachadas de varios hoteles de la Ciudad Condal o a marcar ayer con pegatinas más de mil vehículos de alquiler en Palma de Mallorca con mensajes como «Este coche sobra». Una campaña violenta que ha obligado al Ejecutivo de Puigdemont a cerrar filas con el Ayuntamiento que lidera Ada Colau y a personarse como acusación particular en el proceso abierto por el ataque al autocar turístico en la capital catalana en julio.

Una estrategia que, además, tuvo ayer su reflejo en Bilbao, donde la organización Ernai, las juventudes de Sortu, lanzó pintura roja a la puerta de la sede de la Agencia Vasca de Turismo, días después de que el coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, rechazase la vía de los sabotajes para impulsar un debate sobre la gestión del sector turístico.

El consejero de Territorio y Sostenibilidad, Josep Rull, fue el encargado de responder desde el Govern a Rajoy, a quien considera que no está legitimado para «dar lecciones sobre cómo tratar a los turistas» después de la «pésima gestión» del Ejecutivo central en los incidentes de El Prat. Rull reprochó al presidente y a su gabinete haberse mantenido al margen en el conflicto aeroportuario, que ha provocado largas colas en las últimas dos semanas en los filtros de seguridad.

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