Puigdemont responde: «Votaremos y decidiremos»

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

Carles Puigdemont hace oídos sordos a todas las advertencias y emplazamientos del Gobierno central. El 1 de octubre «votaremos y decidiremos», afirmó en respuesta a los últimos avisos de Mariano Rajoy y otros miembros del Ejecutivo. Todo eso, señaló el presidente catalán, forma parte de una «operación provocación» para que las fuerzas independentistas pierdan los papeles y entren en el juego de «la crispación». En la Generalitat dicen que están «muy tranquilos» porque no hay vuelta de hoja y dentro de un mes habrá consulta suspenda lo que suspenda el Tribunal Constitucional. «Tenemos todo listo, las urnas, las papeletas, el censo, los colegios electorales», mantiene fuentes del Ejecutivo catalán, que recuerdan, como dijo su presidente, que después de «seis años de musculación» no se van a echar para atrás por más que el Estado eleve el tono de sus advertencias.

Puigdemont hizo ayer a través de Twitter un nuevo llamamiento a los suyos para que mantengan prietas las filas y no aflojen ante «las manipulaciones, montajes, falsedades y provocaciones» de los últimos días, en referencia a los Mossos y su decisión de ignorar el aviso de los servicios de inteligencia norteamericanos sobre el atentado. «La campaña del 'no' busca crispar el mes que nos queda hasta el 1-O», denunció el presidente catalán, convertido en el más severo vigilante de la unidad soberanista, maltrecha de puertas para adentro, pero pétrea de puertas para afuera.

El jefe de la Generalitat reclamó a los suyos «serenidad» porque el rumbo hacia la consulta ya está trazado y nada ni nadie lo va a modificar. Las palabras de Puigdemont no tienen contestación entre los miembros de su Gobierno ni en su partido ni en Esquerra ni siquiera en la CUP, que, aunque siempre reclama más contundencia institucional, acepta que el papel del presidente de la Generalitat está a la altura de sus demandas. Sobre todo después de que Junts pel Sí haya accedido a aprobar las leyes del referéndum y de transitoriedad jurídica en el Parlamento de Cataluña el próximo miércoles, y no mediante un decreto ley como se barajó en principio para dificultar la respuesta del Gobierno central y retardar su impugnación ante el Tribunal Constitucional.

Respuesta callejera

La CUP, pero también plataformas como la ANC y Omnium, es partidaria de la defensa callejera de las decisiones de la Cámara, y que la respuesta a las previsibles suspensiones que ordene el Constitucional también tengan su contrapunto fuera de las instituciones. El PDeCAT y Esquerra no han mostrado sus cartas en ese sentido, pero comparten la convicción de que el referéndum es inevitable. La secretaria general de los republicanos, Marta Rovira, fue ayer rotunda ante el Consejo Nacional de su partido al defender que a estas alturas la única respuesta coherente con la trayectoria seguida es «urnas, referéndum y 1 de octubre».

Dirigentes de las fuerzas separatistas levantan una ceja con displicencia cuando escuchan al ministro de Hacienda decir que no habrá consulta porque no hay presupuesto para celebrarla o cuando el ministro portavoz responde que es el referéndum «sin» porque el Gobierno catalán está sin urnas, sin censo, sin papeletas y sin respaldo internacional. Responsables de Junts pel Sí aseguran en privado que tienen todo el aparato para la votación listo. Los anticapitalistas, como la diputada Mireia Vehí, no se recatan y apuntan en público que «hay censo y hay urnas». Hasta Puigdemont lo dejó caer en una cena privada en Madrid el pasado 24 de julio.

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