Puigdemont regresa al escenario de 1934, bajo la amenaza del arresto y del artículo 155

Companys declaró el estado catalán en octubre del 34, fue detenido y las Cortes anularon el estatuto

CRISTIAN REINO BARCELONA.

Si la historia tiende a repetirse, Cataluña lo comprobará en breve. El 6 de octubre de 1934, el entonces presidente de la Generalitat, Lluís Companys, proclamó desde el balcón del Palau de la Generalitat el «Estado catalán de la República Federal Española». Nunca antes un gobernante catalán había llegado tan lejos en la ruptura con España.

Carles Puigdemont puede coger su testigo y declarar la independencia entre esta semana y la próxima. Si no hay referéndum, Puigdemont podría hacerlo el domingo. Si no, dos días después, siempre que el sí gane. Difícilmente será una nueva balconada, pues en pleno siglo XXI resultaría populista y caciquil, por lo que quien proclamaría la secesión sería la Cámara catalana, reunida de urgencia, o el martes en sesión extraordinaria.

El Estado catalán de Companys duró diez horas. Dirigente de Esquerra y ministro de la Marina en el Gobierno de Azaña, el republicano fue detenido tras una intervención militar en Barcelona. Fue recluido, junto a sus consejeros en un barco durante tres meses, hasta que fue trasladado a una prisión de Madrid, donde se le juzgó acusado del delito de rebelión. Fue condenado a 30 años de reclusión mayor e inhabilitación absoluta. Como consecuencia de su intento de secesión, las Cortes españolas suspendieron el estatuto de autonomía catalán. Mientras tanto, 83 años después el fiscal general no descarta que Puigdemont pueda ser detenido y, como ocurrió en el 34, la sombra de la suspensión de la autonomía se cierne sobre la Generalitat. El Gobierno central no ha aplicado el artículo 155 de la Constitución, pero las cuentas de la Generalitat están intervenidas y los Mossos están bajo las órdenes de la Fiscalía. La suspensión de la autonomía aún puede ser más severa.

Con la victoria del Frente Popular en 1936, Companys fue amnistiado y el Gobierno restauró la Generalitat. Para entonces, la Guerra Civil ya era inminente. Durante la contienda, encabezó el Gobierno catalán. Acabada la guerra, fue detenido por la Gestapo en Francia y extraditado a España. Murió fusilado por las tropas de Franco en el castillo de Montjuïc en 1940.

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