Puigdemont se presenta en Bélgica como president en el exilio de cara al 21-D

Puigdemont llega a su conferencia de prensa en Bruselas. :: efe/
Puigdemont llega a su conferencia de prensa en Bruselas. :: efe

Evita pedir el asilo y dice que se ha marchado para trabajar en «libertad» y que no volverá hasta que no le «garanticen que tendrá un juicio justo»

ADOLFO LORENTE BRUSELAS.

Llegó sonriente, pero era una de esas sonrisas intranquilas que denotan cierto vértigo. No es para menos. Porque presentarse como el presidente de una autoproclamada república, en este caso la catalana, dentro de la UE en pleno 2017 tiene cuando menos algo de heroíco y surrealista. Del surrealismo del catalán universal Dalí, al del también belga universal Magritte. Sí, Carles Puigdemont está en Bruselas y no tiene la menor intención de marcharse de Bélgica, al menos hasta que la justicia española no le «garantice un juicio justo». «Nunca abandonaremos el Gobierno y vamos a seguir trabajando», advirtió desde esta suerte de exilio en el que se ha instalado en «la capital de la UE», como se encargó de enfatizar. En el corazón de una Unión Europea, por cierto, que sigue ignorándole. De momento, no pedirá asilo político, quizá porque lograrlo era una quimera. Esto era ayer, hoy, quién sabe. Surrealismo del siglo XXI.

Tanto, que al cierre de esta edición no se sabía ni Puigemont se había montado en un avión rumbo a Barcelona, aunque al final parece que se quedó en otro rumor. De ahí que no es de extrañar que muchos corresponsales europeos recurriesen a la palabra «circo» en sus crónicas de ayer. Lo que sí se confirmó es que se volvieron al menos dos de los seis exconsellers que se presentaron ante los medios pasado el mediodía. ¿Por qué? La situación, cuando menos, es esperpéntica. También por la noche, por si no había habido suficiente, su abogado belga, Paul Bekaert, desveló a la televisión holandesa que el expresident no acudirá a declarar a la Audiencia Nacional. Pero a estas alturas, creerse algo es complicado.

Su comparecencia fue la mejor metáfora de lo ocurrido en Cataluña en las últimas semanas. No se supo la ubicación hasta dos horas antes, la sala escogida no estaba preparada... Empujones, sin wifi, sin espacio... Bruselas está de puente y la presencia de Puigdemont no era una noticia, era la noticia, como constataron más de 200 corresponsales internacionales con su presencia. Si el objetivo era «internacionalizar el 155», como dijo, misión cumplida. «Nos quieren meter en prisión 30 años. Esto va a acabar con la idea de Europa y es un error que todos vamos a pagar muy caro», advirtió en tono desafiante.

Ante la prensa internacional denunció la supuesta violación y represión del Estado

Comenzó su comparecencia a las 12:51 horas y finalizó a las 13:17 horas tras leer un comunicado en catalán, castellano y francés. Luego, eso sí, usó algo el inglés en alguna de las cinco preguntas que aceptó. Ninguna en español, no lo aceptaron. Su audiencia no es España, sino la BBC. Así fue. La senyera y una bandera europea presidían una rueda de prensa en la que también estuvieron los seis exconsellers cesados también en el exilio: Joaquim Fornm (volvió), Meritxel Borràs, Toni Comín, Dolors Bassa (también regresó por la noche), Meritxel Serret y Clara Ponsatí.

Llamada desesperada a la UE

«No estoy aquí para pedir asilo político. Desde aquí podemos garantizar mejor nuestros derechos y cumplir nuestras obligaciones. No hemos abandonado el Gobierno», proclamó. De hecho, aseguró que no rehuye a la justicia, pero matizó que si la justicia española fuese neutral, volvería «inmediatamente». Pero no lo hará. «No se dan las circunstancias para garantizar que haya un juicio justo», zanjó tras lanzar durísimos ataques contra la Fiscalía por presentar una «querella política».

Porque lo más paradójico de todo fue que Puigdemont se presentó al mundo con un mensaje articulado sobre el «pacifismo» del procés pero basado en un lenguaje bélico pintando una España balcánica anclada aún en la dictadura. «Hay una enorme violencia por parte del Estado, no hay ninguna protección», zanjó en uno de sus numerosos titulares. «A la comunidad internacional y especialmente a Europa les pido que reaccionen. Permitir que el Gobierno español no dialogue, tolere la violencia de la extrema derecha, la imposición militar y nuestra prisión sería acabar con la idea de Europa», espetó.

De hecho, aseguró que decidió marcharse para evitar males mayores y no hacer seguidismo al Estado. «Este Gobierno podría haber optado por mandar a sus funcionarios a una disputa por la hegemonía, pero ha preferido garantizar que no haya violencia. Y si el precio es retrasar el despliegue de la República, es un precio razonable es un precio razonable en la Europa del siglo XXI», aseguró.

No se cansó de repetir que su Gobierno es «legítimo» y que seguirán trabajando para torpedear la aplicación del artículo 155. Él desde el exilio y el resto del Govern desde Cataluña. Respecto a las elecciones del 21-D, las acató pero como una suerte de plebiscito. «Siempre que haya urnas, nos encontrarán y acataremos el resultado. ¿Harán lo mismo el bloque del 155?», retó.

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