Puigdemont pide una mediación sin cambiar un ápice su plan hacia la independencia

Carles Puigdemont, durante su comparencia de ayer en el Palau de la Generalitat en la que se mostró abierto a una mediación en la crisis institucional. :: r. c./
Carles Puigdemont, durante su comparencia de ayer en el Palau de la Generalitat en la que se mostró abierto a una mediación en la crisis institucional. :: r. c.

Acusa al Rey de «hacer suyos el discurso y la políticas de Rajoy» e ignorar a millones de catalanes

RAMÓN GORRIARÁN BARCELONA.

A las 24 horas exactas del mensaje a la nación del Rey, el presidente de la Generalitat reclamó en una declaración institucional una mediación entre su Gobierno y el de Mariano Rajoy, pero sin ceder un milímetro en su plan independentista ni aplazar la declaración secesionista que aprobará el lunes el Parlamento de Cataluña. Carles Puigdemont se mostró muy duro con Felipe VI, al que acusó de actuar como portavoz de parte de los ciudadanos y no como un jefe de Estado de todos. «Ha hechos suyos -subrayó- el discurso y las políticas de Rajoy, que han sido catastróficas para Cataluña». «Así no. Con su decisión de ayer usted decepcionó a mucha gente», remachó.

Puigdemont quiso diferenciar su discurso del Rey en las formas y en el fondo. Escogió una estudiada escenografía en el salón de la Virgen de Montserrat del Palau de la Generalitat, en un guiño a la Iglesia, y tenía detrás de sí una puerta abierta para mostrar su apertura al diálogo. Además habló en castellano en contraste con la intervención del Rey, que no incluyó ni una palabra en catalán. Las identidades entre los mensajes se limitaron a la duración, casi ocho minutos ambos.

Si el discurso del Rey fue duro y sin concesiones, el de Puigdemont fue un compendio de buenismo. De entrada, mostró su «disposición a emprender un proceso de mediación», que si no se lleva a cabo será por la «grave irresponsabilidad» de Rajoy de no plantearse siquiera la posibilidad de una interposición de buenos oficios internacional o nacional para buscar algún punto de encuentro. El Gobierno mantiene que es imposible sentarse a hablar con alguien que ha vulnerado la Constitución y la legalidad. Además, aunque la Moncloa no lo verbalice, una mediación pondría en pie de igualdad a ambos gobiernos en un conflicto en el que la Generalitat se ha saltado todos los procedimientos y leyes. Para el Gobierno catalán, en cambio, la mediación, sobre todo si es de un organismo internacional o de un tercer país, es un objetivo muy deseable porque daría al conflicto carta de naturaleza ante el mundo.

LAS FRASESSoraya Sáenz de Santamaría Vicepresidenta del Gobierno «Insiste en una deriva que le aleja cada vez más de la rectificación que le está pidiendo todo el mundo» José Luis Ábalos Secretario de Organización PSOE «Puigdemont ha comparecido con palabras ponderadas como si no fuera responsable de nada»

La beligerancia hacia Rajoy era esperable, pero llamó la atención su aspereza con el Rey. Jamás un gobernante se había dirigido en público al jefe del Estado en términos tan duros. Reprochó a Felipe VI que «nunca» se haya interesado por conocer el punto de vista de la Generalitat en la crisis, y en vez de escuchar a las dos partes se ha convertido en heraldo de las «políticas catastróficas» de Rajoy sin ejercer su papel constitucional de árbitro. Felipe VI, prosiguió, se dirigió «a una parte de la población» e «ignoró deliberadamente a los millones de catalanes que no pensamos como ellos». Reprochó asimismo al jefe del Estado la ausencia de «un llamamiento al diálogo y la concordia». Una carencia que también fue puesta de relieve por otros líderes nada sospechosos de veleidades soberanistas que echaron de menos una mención al entendimiento.

Un solo pueblo

El tono de su respuesta al Rey tuvo que sorprender incluso entre algunos dirigentes las filas independentistas, que esperaban una modulación de las palabras del portavoz del Ejecutivo catalán, Jordi Turull, quien calificó la «espantosa» intervención de Felipe VI de «la versión monárquica del a por ellos». Puigdemont no bajó a ese lenguaje, pero tampoco endulzó la valoración desabrida de su consejero.

Lo que sí hizo el presidente catalán fue recurrir a una de las señas de identidad de todos los nacionalistas o independentistas, erigirse en estandarte de toda la comunidad a la que representan cuando solo son la voz de una parte. Pidió a los catalanes que se mantengan unidos «como un solo pueblo» y aseguró que esa «unidad» despierta «admiración en todo el mundo». Subrayó que su papel se limita a seguir «el camino marcado por la voluntad de los ciudadanos» de Cataluña. La realidad es que las fuerzas soberanistas obtuvieron en las últimas elecciones de 2015 el 47% de los votos. Además, la participación en la votación del pasado domingo fue de uno de cada tres catalanes. Pero para Puigdemont «todo el pueblo catalán, con sus discrepancias», está detrás de su proyecto.

Las palabras del presidente de la Generalitat encontraron la inmediata respuesta del Gobierno y la vicepresidenta Soraya Saénz de Santamaría lamentó que Puigdemont se ha atado a una «deriva» condenada al fracaso sin atender las demandas de «rectificación que le está pidiendo todo el mundo». Para Sáenz de Santamaría, Puigdemont evidenció anoche que «está fuera de la realidad» con un discurso que es «un viaje a ninguna parte». La vicepresidenta se limitó a los reproches al presidente de la Generalitat pero no avanzó ninguna vía de cómo el Gobierno va a hacer frente a un desafío independentista de tal envergadura.

También los socialistas urgieron una rectificación a Puigdemont y que vuelva «a la legalidad». A partir de ahí, apuntó el secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, podría plantearse un diálogo.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos