Puigdemont fulmina al consejero que puso en duda la celebración del referéndum

El consejero catalán de Empresa, Jordi Baiget, asiste en septiembre de 2016 a una reunión del Gobierno de Puigdemont. :: i. baucells/
El consejero catalán de Empresa, Jordi Baiget, asiste en septiembre de 2016 a una reunión del Gobierno de Puigdemont. :: i. baucells

El titular de Empresa había reconocido que la Generalitat no podría hacer la consulta y tendría que apostar por un nuevo 9-N

CRISTIAN REINO BARCELONA.

Apenas unas horas tardó el presidente de la Generalitat en destituir al consejero Jordi Baiget, quien ayer mismo había puesto en duda la celebración del referéndum independentista del 1 de octubre. Sus palabras desataron una tormenta en el Ejecutivo catalán, Esquerra puso el grito en el cielo y presionó a Carles Puigdemont para que destituyera al titular de Empresa. Desde fuera del Gobierno, la CUP también reclamó la cabeza de Baiget.

Aunque de puertas para afuera la reacción de Esquerra fuera comedida, de puertas para adentro la formación que lidera Oriol Junqueras exigió la destitución del consejero porque sus palabras eran una muestra de flaqueza. A última hora de la tarde, Puigdemont cedió y expulsó del Gobierno por «falta de confianza» a Baiget, un hombre del entorno de Artur Mas, con quien fue secretario del Gobierno en la anterior legislatura. Su puesto será ocupado por Santi Vila, consejero de Cultura y que por ahora dirigirá ambas carteras. Se da la circunstancia que Vila también forma parte del sector moderado del Ejecutivo catalán y del PDeCAT.

Baiget dejó ayer al descubierto la división que hay en el Ejecutivo autonómico sobre la estrategia a seguir. Reveló la existencia de dos sectores. Por una parte, el «núcleo duro», liderado por el presidente y el vicepresidente Junqueras, que toma las decisiones sobre la consulta. Por otro, el sector que ha quedado al margen y que se entera de los pormenores del proceso soberanista casi a través de la prensa. Los primeros son los que apuestan por llegar hasta el final y los segundos son los que tienen dudas, los que no acaban de ver clara la vía unilateral y de ruptura.

Baiget reconoció en una entrevista en El Punt-Avui que «probablemente» no poueda celebrarse el referéndum y tendrá que optar por una «cosa diferente», que podría «asemejarse al 9-N». El Estado, advirtió, «tiene tanta fuerza que probablemente» la consulta no se podrá celebrar y se hará «alguna cosa diferente que se puede parecer al 9N». También dijo que estaba dispuesto a «aguantar ir a prisión» por defender el proceso, pero no iba a inmolarse si las acciones judiciales «van contra el patrimonio; pensamos en la familia».

Su opinión sobre las dificultades para celebrar la consulta fue compartida por Vila, que admitió «discrepancias ideológicas» en el Ejecutivo y que apuntó que el carácter vinculante de la votación lo aportará la participación, lo que es un reconocimiento implícito de que el 1 de octubre no tendrá todas las garantías exigibles a un referéndum. El objetivo en este sentido de los soberanistas es superar los tres millones de votos (el censo catalán está compuesto por unos 5,5 millones) y a partir de ahí buscar el reconocimiento internacional.

Pugna soterrada

En las tesis de Baiget y Vila se sitúa también el titular de Interior, Jordi Jané, que lleva meses advirtiendo de que los Mossos d'Esquadra no cumplirán órdenes que vayan en contra del ordenamiento jurídico. Los tres consejeros menos convencidos con la vía unilateral son del PDeCAT, lo que ha provocado que en las últimas semanas desde Esquerra, eso sí de forma soterrada, hayan acusado a los neoconvergentes de no estar comprometidos al 100% con el referéndum. Ayer el partido de Junqueras y la CUP estallaron con las palabras de Baiget porque, a su entender, debilitan el movimiento soberanista.

La crisis interna sobrevuela desde el primer día en las relaciones entre los dos socios de Junts pel Sí, pero se desató con toda su crudeza a raíz del anuncio de que el concurso para la compra de urnas para la consulta había acabado en fiasco. Desde el PDeCAT se sienten atacados (sobre Puigdemont ningún sector del independentismo tiene la menor duda) y ayer se defendieron con el argumento de que nadie puede darles lecciones, ya que tienen inhabilitados y una consejera querellada.

Los recelos entre unos y otros no son más que una prueba de que pase lo que pase con el 1 de octubre, el proceso acabará en unas elecciones que Puigdemot tratará de que sean lo más tarde posible, pues el PDeCAT está en una situación delicada en las encuestas.

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