Puigdemont, a la espera de que le cite el juez belga

Puigdemont, acompañado por cinco de sus exconsejeros (alguno como Joaquim Forn está en prisión), en una rueda de prensa en Bruselas 31 de octubre. :: efe/
Puigdemont, acompañado por cinco de sus exconsejeros (alguno como Joaquim Forn está en prisión), en una rueda de prensa en Bruselas 31 de octubre. :: efe

Sigue oculto junto a sus cuatro exconsejeros y asegura en una red social que «estamos listos para cooperar plenamente con la justicia belga»

ADOLFO LORENTE BRUSELAS.

Carles Puigdemont está autoexiliado y escondido supuestamente en Bruselas a la espera de subirse al carrusel judicial belga que empezó a girar la noche del viernes. Lo hizo con la recepción de la euroorden por parte de una Fiscalía que última el traslado del caso al juez de turno para que tome declaración al expresident y decide qué hacer, sobre todo si decide meterle en prisión provisional a la espera de tomar una decisión. No tiene pinta. El riesgo de fuga es mínimo sabedor de que a cualquier otro país que vaya sería inmediatamente detenido. ¿Cuándo comparecerá ante el juez? Quizá hoy, tal vez mañana. El 'tictact' suena atronador. «Estamos listos», insiste. Él y los cuatro exconsellers que siguen junto a él: Meritxell Serret, Antoni Comín, Lluís Puig y Clara Ponsantí.

Siempre nos quedará la red social Twitter. Su mensaje decía así: «Estamos preparados para cooperar plenamente con la Justicia belga tras la orden de detención europea emitida por España». El tuit llegó desde su cuenta personal en torno a las 15:00 horas. Estaba escrito en neerlandés, un guiño para Flandes, la región septentrional de afinidad nacionalista donde su abogado, Paul Bekaert, se mueve como pez en el agua, como pueden dar fe de ello varios miembros de ETA cuya extradición a España logró frenar alegando que no tendrían un juicio justo. ¿Lo logrará con Carles Puigdemont?

Su carrusel judicial sigue girando y su esperada comparecencia ante el juez llegará más pronto que tarde, como sugería el tuit de ayer. Es cuestión de horas. El inicio de esta tramitación es predecible, pero el final no. ¿Habrá extradición a España? Todo es posible y nada descabellado. Y, ojo, en el hipotético caso de que la hubiese, el escenario más factible sitúa al expresidente tomándose las uvas en la Grand-Place bruselense para dar la bienvenida a 2018. Existe la capacidad de recurrir hasta en tres instancias (primera, acusación y casación), lo que provocaría demoras de al menos 60 días que pueden prolongarse a 90 «en situaciones excepcionales». Más diez días hasta que se consuma la entrega.

«Una justicia de verdad»

El 'expresident' solo se comunica a través de Twitter y mediante mensajes televisados en cadenas que considera útiles para su causa. Primero fue TV3, su TV3, y el viernes el tocó el turno a la televisión pública francófona de un país, Bélgica, cuyo principal periódico, 'Le Soir', le tachaba de ser «la gran pesadilla» para el Gobierno federal. Así está el patio.

Sigue desaparecido y oculto para evitar a los medios de comunicación. No quiere imágenes. Su entorno desconfía de todo y casi todos, de ahí que algunos le hayan reprochado que asuma casi un rol de prófugo escondido de no se sabe muy bien quién. Cuando se le ha podido preguntar por ello siempre contesta, visiblemente molesto, que «no he huido», que quiere dar la cara ante «una justicia de verdad como la belga», no como la española, «extremadamente bárbara».

Tanto la Fiscalía como el Ministerio de Justicia belga, dirigido por el democristiano flamenco Koen Geens, se han visto obligado a emitir sendos comunicados explicando el modus operandi del procedimiento sabedor es de la enorme repercusión Del caso. Pero más allá de tecnicismos, dos ideas que conviene teneR en cuenta. Primero, «aquí la política no interviene para nada, sólo los sistemas judiciales de los dos países»; y segundo, que al final no haya extradición es una «hecho posible», es decir, que Puigdemont se quede 'sine die' en Bélgica.

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