Puigdemont asume que su investidura «ha terminado» y admite «el triunfo» de la Moncloa

Imagen superpuesta de Carles Puigdemont y Toni Comín sobre el pantallazo captado por Telecinco del intercambio de mensajes telefónicos entre ambos. :: r. c./
Imagen superpuesta de Carles Puigdemont y Toni Comín sobre el pantallazo captado por Telecinco del intercambio de mensajes telefónicos entre ambos. :: r. c.

Su comentario de que se siente «traicionado» y de que ha sido «sacrificado» ahondan el desconcierto soberanista

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

Carlos Puigdemont puso patas arriba el tablero político de Cataluña con sus comentarios de que «el plan de la Moncloa triunfa» y el pulso por su investidura ha «terminado», y además se siente «traicionado». Reconoció que los mensajes telefónicos enviados al exconsejero Toni Comín después de que el presidente del Parlament cancelara la investidura eran suyos y los atribuyó a un momento de duda, no a una rendición. Pero la bomba ya había detonado, y sumió al movimiento independentista en la perplejidad y el desconcierto. El efecto fue el contrario en el Gobierno de Rajoy, que recibió una inyección de satisfacción aunque mantuvo la prudencia.

El expresident no acudió el martes a un acto organizado por los independentistas flamencos en la ciudad belga de Lovaina y envió en su lugar a Comín, diputado de Esquerra y también fugado a Bruselas. La suspensión del pleno de investidura decidida por Roger Torrent le había afectado porque veía en ese debate la gran oportunidad de doblar el brazo al Gobierno, que se enfrentaría así al reto de tener un presidente de la Generalitat prófugo de la justicia pero investido con la legitimidad del Parlamento de Cataluña. «El pollo de cojones» que había pronosticado para el Ejecutivo de Rajoy tras los excelentes resultados electorales de su candidatura subiría de esa manera un peldaño. Pero todo se vino abajo con la decisión de Torrent, avalada por Esquerra, y rechazada por Junts per Catalunya y la CUP.

En ese momento de «duda» escribió a Comín que la estrategia gubernamental para frustrar su investidura había triunfado e insinuó algún tipo de negociación con el Ejecutivo de Rajoy dado que confió en que la contrapartida a su desestimiento sea la excarcelación de los cuatro dirigentes independentistas presos. Si no fuera así, escribió, «el ridículo» sería «histórico». La Moncloa y el PP salieron raudos a precisar que no ha habido conversación, negociación o promesa de contraprestación con los secesionistas.

Puigdemont también comunica a su compañero de fuga que «esto (la investidura) se ha terminado» y «los nuestros nos han sacrificado, al menos a mí». En su caso lo tiene claro: «Yo ya estoy sacrificado como sugería (Joan) Tardá», en alusión a las palabras del pasado domingo del diputado nacional de Esquerra.

Para acentuar el tono de derrota y despedida, informa a Comín de que en lo que le queda de vida, «espero que mucha», se va a dedicar a «poner en orden estos dos años» de presidente de la Generalitat y a proteger su «reputación» porque entiende que le «han hecho mucho daño con calumnias, rumores y mentiras». En resumen: «Esto ahora ha caducado y me tocará dedicar mi vida a la defensa propia».

Poco después de que Telecinco difundiera ayer esos mensajes que grabó un cámara de esa cadena de televisión en el acto de Lovaina, Puigdemont envió un mensaje a través de Twitter para intentar aplacar el revuelo: «Soy humano y hay momentos en que también yo dudo. También soy presidente y no me arrugaré ni me echaré atrás. ¡Seguimos!». También invoca su condición de periodista para quejarse por la, a su juicio, invasión de su intimidad ya que «hay límites, como la privacidad, que nunca hay que violar». El abogado de Comín anunció querellas contra Telecinco por grabar «de manera ilegal» conversaciones privadas.

Mensajes privados

Las matizaciones del expresident no calmaron las aguas arboladas del secesionismo, que, si ya estaba tocado con la suspensión de la investidura, sufrió un golpe de secuelas imprevisibles con la difusión de los mensajes de Puigdemont. De puertas para afuera el silencio fue casi absoluto, ningún primer espada de Junts per Catalunya, Esquerra o la CUP abordó los comentarios. La excepción fue el portavoz republicano, Sergi Sabrià, y lo hizo en Twitter y sin abordar el fondo. Se centró en la forma para quejarse porque «los mensajes privados son mensajes privados. Muy poco ética la actitud del periodista. No vale todo».

La grabación fue también motivo de debate entre los independentistas, aunque no en público. En Junts per Catalunya pusieron en duda que la información fuera fruto de la pericia periodística y más bien se inclinaban por pensar que Comín sabía que era grabado y ofreció los mensajes a la cámara. El diputado de Esquerra, según dijeron varios asistentes al acto en Lovaina, sabía que tenía detrás varias cámaras de televisión así como numerosos informadores y en ningún momento escondió el móvil.

En la candidatura de Puigdemont se malician que Comín, al fin y al cabo diputado de Esquerra, quiso dar publicidad a las reflexiones y precipitar un plan B para la investidura. También llama su atención que el exconsejero no respondiera a ningún mensaje de su interlocutor y en la pantalla solo aparecieran los de Puigdemont. Una presunción rechazada con firmeza por fuentes republicanas, que tampoco quisieron darse por aludidos con la traición mentada por el expresident, pese a que todo apunta a que se refería a Torrent y Esquerra por la suspensión del debate de investidura.

Pero más allá de estas por ahora suspicacias, nadie suscribió las conclusiones de Puigdemont respecto a la investidura. Es más, desde Esquerra se volvió a insistir en que su candidato es el expresident aunque también hubo voces que reclamaron un paso al costado del huido a Bruselas. El diputado Ernest Maragall señaló que Cataluña necesita un presidente, no un exiliado, y la parlamentaria Teresa Jordà defendió que la investidura tiene que ser «real y efectiva porque con los simbolismos no vamos a gobernar un país».

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