Puigdemont afirma que ningún tribunal español puede ordenar su inhabilitación

Carles Puigdemont y Carmen Forcadell, juntos en el acto celebrado ayer en la Cámara catalana. :: lluís gené / afp/
Carles Puigdemont y Carmen Forcadell, juntos en el acto celebrado ayer en la Cámara catalana. :: lluís gené / afp

Asegura que el referéndum se va a celebrar el 1 de octubre y dice que «todo está a punto» para votar con «tosdas las garantías»

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

Si firme es la determinación de Mariano Rajoy para impedir el referéndum en Cataluña, la misma textura tienen las palabras de Carles Puigdemont para celebrarlo. El presidente de la Generalitat aseguró ayer que «todo está a punto» para que los catalanes puedan votar el 1 de octubre «con plena normalidad» y «con todas las garantías». Para Puigdemont los requerimientos del Constitucional y las querellas de la Fiscalía para que desista de la consulta son irrelevantes, y las amenazas de inhabilitación, un brindis al sol. «Solo el Parlamento de Cataluña -afirmó rotundo- puede inhabilitar al Gobierno que presido. No hay otra instancia judicial o política que pueda hacerlo».

El presidente de la Generalitat aprovechó el mensaje institucional de anoche con motivo de la Diada de hoy para transmitir un mensaje de firmeza al soberanismo. Se ratificó en su compromiso de que el referéndum se celebrará porque es «legal, de acuerdo con las leyes que ha aprobado el Parlamento de Cataluña, sede de la soberanía popular» para los catalanes, y nada ni nadie lo impedirá. El presidente catalán había insistido en esta misma idea en una entrevista publicada también ayer por el diario El Punt Avui, en la que defendió la existencia «de una nueva legalidad catalana», que ampara a los gobernantes de Cataluña de las decisiones que puedan adoptar los tribunales de España.

Puigdemont, que comenzó su intervención con un «sentido recuerdo» para las víctimas de los atentados del pasado 17 de agosto en Barcelona y Cambrils, reprochó a los ayuntamientos que no colaboran con la celebración de la consulta porque esa actitud, dijo, «degrada la democracia». Las urnas, afirmó, «unen, no dividen porque cabe todo el mundo», tanto los que quieren una Cataluña independiente como los que «legítimamente quieren continuar formando parte de España». El consejero de Presidencia y portavoz de la Generalitat, Josep Turull, abundó en esta invitación a votar y reclamó a los catalanes que se pregunten: «¿Qué harás el 1 de octubre? ¿Ayudar a votar o ayudar a impedirlo?»

El presidente catalán pide una presencia masiva en la Diada de hoy porque «no es una Diada cualquiera»Sostiene que los ayuntamientos que no colaboran con la consulta «degradan la democracia»

La Generalitat anhela una participación que al menos supere a la del 9-N, cuando votaron 2,3 millones de personas, un tercio del censo, y la abrumadora mayoría respaldó la secesión. El objetivo de los independentistas es acercarse a al 50%, una tarea difícil porque toda la oposición, Ciudadanos, PSC y PP, han pedido a sus simpatizantes que no vayan a votar el 1 de octubre, y entre estas tres formaciones reunieron casi el 40% de los votos en las elecciones autonómicas del 27 de septiembre de 2014.

De ahí el llamamiento del presidente catalán a todos los que defiende el derecho a decidir, aunque sea para decir no (según los sondeos en torno al 70% de la población), y a los antisoberanistas para que también depositen su papeleta en la urna. Con la participación del 9-N no cabe esperar una homologación internacional, admiten en el Gobierno catalán, pero si la afluencia bordea por arriba o por abajo el 50% es un dato para ir por el mundo con la cabeza alta.

De ahí también los esfuerzos del Gobierno central por asfixiar la logística de la consulta. El objetivo prioritario de Rajoy es que no haya votación, pero si la hubiera porque las autoridades catalanas desoyeran todas las órdenes judiciales, la participación, según la estrategia de la Moncloa, debería ser paupérrima y sin reunir las mínimas condiciones materiales ni legales. La amenaza de retirar las urnas ese domingo dentro de tres semanas es descabellada para el Ejecutivo catalán por la, a su juicio, imposibilidad material llevarla a cabo. «No pueden retirar 6.000 urnas. Si lo hicieran sería fiesta mayor para los delincuentes porque tendrían que destinar a todos los policías a retirar urnas», ironizó Puigdemont en la entrevista con El Punt Avui.

Banco de pruebas

La Generalitat, las fuerzas independentistas y las plataformas cívicas del proceso se han tomado la manifestación de la Diada de este lunes como un banco de pruebas del 1 de octubre. Una participación masiva alimentará las expectativas de una afluencia importante a votar siempre que el Gobierno catalán sea capaz de poner en pie la consulta. Un pinchazo en la concentración del paseo de Gracia y la confluencia con la calle Aragón sería un mal presagio.

La Asamblea Nacional Catalana manejaba a última hora de ayer la cifra de 400.000 personas inscritas para ocupar los diferentes tramos de la manifestación de Barcelona, una cifra similar a las de anteriores convocatorias.

Puigdemont animó a la presencia masiva en la marcha durante su mensaje institucional. «No es una Diada cualquiera, es una Diada muy importante», arengó el presidente de la Generalitat. Hoy, subrayó, es «un día para expresar nuestra voluntad de ser un pueblo».

Pero ante las cada vez más frecuentes avisos sobre la posibilidad de incidentes protagonizados por los sectores más radicalizados de la CUP y otros grupos de ultraizquierda, reclamó que la participación en la Diada sea «con civismo y alegría».

Los Mossos d'Esquadra han preparado un amplio dispositivo de seguridad, pero también la Policía Nacional y la Guardia Civil han reforzado sus unidades en Cataluña en prevención de alteraciones del orden público, de las que ya hubo algunos atisbos en la manifestación del 26 de agosto en Barcelona para condenar los atentados yihadistas de hace tres semanas.

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