El PSOE renuncia a reprobar a Sáenz de Santamaría

P. DE LAS HERAS MADRID.

La dirección del PSOE ha acabado asumiendo definitivamente lo que para muchos de sus componentes y buena parte del grupo parlamentario fue una obviedad desde el primer día: que en las actuales circunstancias, con el desafío independentista en su momento cumbre, no es políticamente oportuno pedir al Congreso que repruebe a la vicepresidenta del Gobierno por las cargas policiales del 1 de octubre.

La portavoz en la Cámara baja, Margarita Robles, retiró ayer definitivamente la interpelación que registró contra Soraya Sáenz de Santamaría hace dos semanas, después de haber pedido ya su aplazamiento. «No quiere decir que lo ocurrido nos parezca menos grave, sólo que ahora las prioridades -alegaron en su equipo- son otras».

La decisión de censurar al pilar del Ejecutivo en la estrategia frente al intento de secesión en Cataluña pilló por sorpresa a la inmensa mayoría del los socialistas, dirección incluida, y rompió el difícil equilibrio interno conseguido hasta ahora por Pedro Sánchez pese a lo complejo de su posición (el secretario general que resurgió de sus cenizas como azote de Mariano Rajoy obligado a ser su báculo para evitar la ruptura de España). Rectificado el tiro, las cosas han vuelto a su cauce.

Sánchez se enfrenta aún así a nuevas tensiones. La última a cuenta de la decisión de la juez Lamela de enviar a prisión a los impulsores civiles del proceso independentista catalán, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, por un posible delito de sedición. Las críticas del PSC no tardaron en llegar. La primera, la de su propio líder, Miquel Iceta, que en Twitter tachó la medida de «desproporcionada».

El secretario general del PSOE marcó distancias del reproche sin llegar a chocar con los socialistas catalanes. «El PSOE tiene muy claro que España es un Estado social y democrático de derecho y creemos en la separación de poderes», dijo. Pero en su ejecutiva admiten que cada poco quedarán a la vista nuevas «contradicciones».

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