PSOE y Podemos ven difícil extender a otras autonomías su pacto en Castilla-La Mancha

García-Page (PSOE) y García Molina (Podemos) comparecen el jueves tras cerrar el pacto. :: I. Herrero / efe
García-Page (PSOE) y García Molina (Podemos) comparecen el jueves tras cerrar el pacto. :: I. Herrero / efe

Las pésimas relaciones entre ambos partidos en Andalucía, Asturias, Aragón y Extremadura lastran la posibilidad de compartir gobiernos

ANDER AZPIROZ

madrid. A falta del visto bueno de la militancia de Podemos, Castilla-La Mancha va camino de convertirse en el laboratorio en el que PSOE y Podemos experimentarán con la posibilidad de gobernar juntos.

Un Ejecutivo compartido por ambas formaciones de izquierda era un espejismo hace tan solo unos meses. Además de permitir la investidura de Emiliano García-Page tras las elecciones de 2015, la formación que lidera Pablo Iglesias aupó a la presidencia a socialistas en Aragón, Extremadura, Comunidad Valenciana, Baleares y Asturias -en este último caso con una abstención-, aunque se negó a entrar en los gobiernos. En la campaña de las generales de diciembre de 2015, Iglesias repitió una y otra vez que no contemplaba formar parte de un Ejecutivo en el que no figurase él como presidente. Pero un mes después sorprendió, a Pedro Sánchez el primero, al ofrecerse en una rueda de prensa en el Congreso como número dos de un Ejecutivo liderado por el candidato socialista y con idéntico número de ministros socialistas y podemistas.

Este cambio de postura se traslada ahora al ámbito autonómico, al menos en Castilla-La Mancha, donde la dirección regional ha aceptado la mano tendida por los socialistas a cambio de su apoyo a los Presupuestos. Para hacerlo cuenta con el total apoyo de Iglesias, quien justifica que «a veces para que haya garantías de que se llevan a cabo políticas que se acordaron es necesario asumir esas responsabilidades de Gobierno»

Quienes no están por la labor de entenderse con los socialistas son los anticapitalistas. La corriente liderada por Miguel Urbán y Teresa Rodríguez, la más a la izquierda dentro de la formación, criticó ayer la entrada en el Gobierno manchego, ya que supondría «subalternizarse al PSOE». Iglesias trató de restar importancia a estas disensiones internas, alabó que exista debate interno dentro de su partido y animó a los anticapitalistas a hacer campaña en contra del acuerdo en la consulta a las bases castellano-manchegas, que, recordó, serán las que decidan en última instancia.

Cambio socialista

Al igual que en Podemos el secretario general del PSOE avaló el Gobierno en coalición. Para Sánchez se trata de un paso necesario para desbloquear los Presupuestos, lo que a la vez permitirá aplicar las políticas sociales que contemplan.

La paradoja en el caso de los socialistas es que dirigentes que en las primarias respaldaron a Susana Díaz y desdeñaron cualquier tipo de entendimiento con la formación morada ahora aplauden el bipartito en Castilla-La Mancha. Es el caso del propio García-Page, a quien no le ha quedado más remedio que priorizar las necesidades sobre las convicciones. El Ejecutivo castellano-manchego, cuyas cuentas fueron rechazadas en el Parlamento regional el pasado abril, solo tenía tres opciones, pactar con el PP, pactar con Podemos o anticipar elecciones. El PSOE se ha inclinado por la segunda, lo que conlleva ceder la Vicepresidencia a la formación morada.

No solo García-Page ha reculado. Los socialistas andaluces manifestaron ayer un «respeto absoluto» a un movimiento que permitirá dar estabilidad al gobierno autonómico. También el presidente Guillermo Fernández Vara consideró que el bipartito «es una opción bien planteada».

Los parabienes son generalizados, pero la posibilidad de que PSOE y Podemos gobiernen juntos en otros lugares se presenta complicada. Pablo Echenique ya descartó de inmediato esta opción para Aragón y los socialistas andaluces recordaron que Teresa Rodríguez ha manifestado que con el PSOE no gobernará «ni muerta». En Asturias el enfrentamiento entre ambos partidos es total; y en Extremadura, Fernández Vara mantiene una posición equidistante entre PP y Podemos. Solo en la Comunidad Valenciana y Baleares se presenta mínimamente factible la incorporación de podemistas a los gobiernos de PSOE y Compromís, y PSOE y Mes. Pero aunque el experimento manchego no vaya más allá, sí servirá para testar un posible pacto a nivel estatal, una fórmula que tanto Sánchez como Iglesias están dispuestos a probar con tal de desalojar al PP del poder.

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