La protesta secesionista acaba a golpes y porrazos

Manifestantes independentistas con la careta de Puigdemont desbordan el cordón policial que protegía el Parlament. :: Enric Fontcuberta /  EFE/
Manifestantes independentistas con la careta de Puigdemont desbordan el cordón policial que protegía el Parlament. :: Enric Fontcuberta / EFE

Los manifestantes desbordaron el cordón policial de los Mossos y amenazaron con entrar al Parlamento catalán

CRISTIAN REINO BARCELONA.

La concentración que el independentismo celebró ayer a las puertas del Parlamento catalán acabó a golpes, insultos y porrazos de los Mossos cuando las protestas amenazaban con desbordar el cordón policial y sitiar el hemiciclo. El balance a primera hora de la noche era de una quincena de heridos leves, de ellos una decena de policías autonómicos y el resto manifestantes.

La ANC y Ómnium habían convocado a la ciudadanía en las afueras de la Cámara para celebrar la investidura de Carles Puigdemont. Las entidades soberanistas querían darle un aire festivo y llamaron a los manifestantes a llevar caretas con el rostro del expresidente de la Generalitat. «Todos somos Puigdemont», gritaban. La concentración coincidió con otra de grupos constitucionalistas convocada en el mismo lugar, el perímetro del parque de la Ciudadela, frente al Parlamento, con banderas de España y de Tabarnia. No hubo incidentes, en buena medida porque los manifestantes antisoberanistas se retiraron enseguida ante la apabullante mayoría independentista.

La investidura no tuvo lugar, pero el secesionismo no canceló la convocatoria, que pasó a convertirse en un acto de presión contra Esquerra y Roger Torrent. «Ni un paso atrás», empezaron a corear los manifestantes. El ambiente festivo empezó a cambiar el tono a medida que llegaban las noticias del hemiciclo: el secesionismo se enfrentaba a una nueva marcha atrás, como el día 10 de octubre, cuando Puigdemont aplazó la declaración unilateral de independencia.

La situación se radicalizó cuando entraron en acción los llamados CDR, los comités de defensa de la república, que surgieron en el referéndum del 1-O como grupos organizados a nivel local para coordinar los encierros en los colegios. Los CDR se hicieron con el control de las protestas independentistas en la huelga general del 8 de noviembre, en la que paralizaron en parte la circulación del AVE en Girona y otros puntos. Sus métodos de protesta son más contundentes. De hecho, cuando la ANC y Ómnium veían ayer que la protesta subía de tono, reclamaron a la gente que cesara la protesta, pero los más irreductibles ya no siguen las consignas de la ANC.

Fue poco después de las cuatro, cuando cientos de manifestantes lograron saltarse el cordón policial, entrar al parque de la Ciudadela rompiendo la cadena de una puerta metálica y acercarse a pocos metros de la puerta del Parlament, donde había un último dispositivo policial. En un primer momento los Mossos no cargaron y tuvieron que recular al ver que no podían frenar la marcha. La protesta desbordó a los policías autonómicos, los manifestantes tumbaron vallas, profirieron gritos a favor de Terra Lliure y amenazaron con asaltar la Cámara. «O investís al presidente u ocupamos el Parlament», advirtieron.

Acampada toda la noche

La protesta pasó de la calle a la entrada del hemiciclo. Los diputados de Ciudadanos, por ejemplo, salieron de la Cámara catalana a las siete de la tarde escoltados por los Mossos y entre gritos de «fuera, fascistas del Parlament». A esa hora, los manifestantes que permanecían ante las puertas de la Cámara votaron a mano alzada quedarse toda la noche haciendo una acampada.

Un joven activista, megáfono en mano y subido a un árbol, hizo de maestro de ceremonias y organizó la votación. La asamblea decidió por mayoría que la acampada no se disolverá hasta que Torrent levante la suspensión del pleno de investidura. Protesta, por su parte, apoyada por los diputados de la CUP y en un primer momento por Junts per Catalunya.

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