Prisiones encarga un censo sobre los reclusos de ETA en segundo grado

Interior dice que es para responder preguntas parlamentarias, pero la encuesta recaba datos sobre la reinserción personal de los presos

MELCHOR SÁIZ-PARDO MADRID.

Instituciones Penitenciarias encargó el pasado 23 febrero, poco más de dos meses antes de que ETA anunciara su disolución, un censo pormenorizado y con datos personales de los internos de la banda terrorista que se encuentran en segundo grado y sus progresos en la reinserción, así como de la situación de los reclusos enfermos.

Según informaron fuentes penitenciarias, la información, totalmente reservada, fue requerida de forma confidencial por Carlos Javier Lanza, coordinador de Programas de Control y Reinserción, a los directores de los centros en los que hay reclusos en segundo grado, que casi todos están en cárceles en la mitad norte de la península.

Según la última información remitida por el Gobierno al Parlamento sobre la colonia penitenciaria etarra, el pasado abril había 235 miembros de ETA. De ellos, solo 29 reclusos estaban en segundo grado. La inmensa mayoría, 209, era presos penados en primer grado; seis preventivos en diferentes categorías, un preso más sin clasificar y ninguno en tercer grado (régimen de semilibertad).

Yuste ya hizo un estudio idéntico cuando Aznar acercó a 135 presos entre 1998 y 1999

Fuentes del departamento que dirige Juan Ignacio Zoido reconocieron hoy la existencia de esos mails requiriendo información sobre los presos de la banda terrorista en segundo grado, aunque insistieron en que se trata de un «recuento habitual» para «actualizar las bases de datos» del que no estaban al tanto los máximos responsables del Ministerio del Interior. Estas fuentes explicaron que también se hizo esa encuesta para responder a las preguntas parlamentarias sobre la situación penitenciaria de los miembros de ETA.

Sin embargo, esta versión no casa con el requerimiento de información para responder con simples estadísticas a las preguntas que se han venido realizando en los últimos meses en el Senado, sobre todo de Bildu. En primer lugar porque desde el Parlamento se requirieron datos sobre todos los internos, con independencia de su grado, y en segundo porque la encuesta a los directores de las prisiones iba mucho más allá de que informaran del simple número de internos de ETA en segundo grado en sus cárceles.

Seis preguntas

En el documento remitido en febrero a los directores de las cárceles se incluían seis cuestiones precisas sobre el comportamiento individual de cada interno en segundo grado, que nada tenían que ver con las preguntas parlamentarias ni con las respuestas que ha facilitado el Gobierno. Instituciones Penitenciarias preguntaba desde el grado de colaboración con la justicia a su comportamiento en prisión, pasando por otras cuestiones como los años de cárcel o su estado de salud y, sobre todo, su grado de arrepentimiento. La dirección de Prisiones, incluso, reclamó que se enviaran a Madrid documentos escaneados de cada uno de los presos sobre sus peticiones de progresión de grado o de beneficios. Documentos en los que se pedía que figurara la firma de cada uno de los internos.

La versión de altos funcionarios de Instituciones Penitenciaras es bien diferente a la de Interior. Aseguran que hacía años que no se ordenaba en el departamento que dirige Ángel Yuste un censo «expreso» y «personal» de los internos de ETA.

Es más, recuerdan que un censo exactamente con las mismas preguntas se realizó en vísperas de que el Gobierno de José María Aznar (en el que también Ángel Yuste era el principal responsable de Instituciones Penitenciarias) acercara entre septiembre de 1998 y septiembre de 1999 a unos 135 presos de ETA a cárceles próximas al País Vasco y acabara con la dispersión de los reclusos de la banda fuera de la península.

Entonces, explican estas fuentes, Yuste encargó, como ahora, un informe pormenorizado e individualizado de los 150 presos de la banda que se encontraban por entonces en segundo grado. Aquella encuesta -apuntan- fue la que sirvió para hacer los movimientos durante la tregua que ETA declaró en esos meses.

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