Los principios irrenunciables, del referéndum a la financiación

A. AZPIROZ MADRID.

Pese a sus continuas adaptaciones, Podemos se ha mantenido firme en muchos de los pilares que le sirvieron de base para la fundación de un partido que, en dos años, se convirtió en la tercera fuerza en el Congreso.

El que mayor impacto ha tenido en su devenir, para lo bueno y para lo malo, ha sido la defensa de un referéndum pactado para la independencia. El partido que lidera Pablo Iglesias ha mantenido esta opinión contra viento y marea. En las dos últimas generales esta posición contribuyó a que la coalición que mantienen con los comunes de Ada Colau fuera la fuerza más votada, un triunfo que durante muchos años recayó sobre los socialistas. Pero la cruz llegó el 21-D. Catalunya en Comú-Podem se desplomó hasta la quinta posición, un fiasco que los dirigentes de la coalición achacan a la extrema polarización entre independentismo y constitucionalismo. En cualquier caso, sostienen en Podemos, su apuesta por la consulta calará tarde o temprano entre el electorado.

El sistema de primarias es otro de los pilares a los que Podemos no renuncia, y eso que la elección directa de los militantes -en general marcadas por la baja participación, salvo en las grandes ocasiones-, ha causado graves crisis internas. Es lo que ocurrió a lo largo de estos cuatro años entre direcciones territoriales que fueron elegidas por las bases en contra de las preferencias de la dirección nacional.

Otra seña de identidad es la financiación de las campañas electorales mediante préstamos de los simpatizantes, que son devueltas una vez se cobran las subvenciones que se otorgan en base a los resultados electorales. Podemos es el único de los grandes partidos que no tiene cuentas pendientes con los bancos, una circunstancia de la que hace bandera.

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