La pesadilla europea del independentismo

Una simpatizante de la extinta CiU aguarda el comienzo de un mitin en la campaña de las europeas. :: JOSEP LAGO / afp

Los Tratados de la UE son el gran escudo de Rajoy y explican el porqué del apoyo sin fisuras recibido esta semana por el club

ADOLFO LORENTE

Bruselas. Hay vértigo y el vértigo casi siempre conlleva miedo. Una de sus últimas expresiones ha sido el SOS que en forma de mediación lanzó a Bruselas el president Carles Puigdemont. «Ha llegado la hora de que la Unión Europea tome cartas en el asunto después de lo ocurrido», proclamó ya la misma noche del 1-O. Las duras imágenes de las cargas policiales eran su mejor aval, quizá el único. Y falló. La Comisión, justificando incluso «el uso proporcional de la fuerza para garantizar el Estado de derecho», lo ha rechazado de plano y los grandes partidos de la Eurocámara, por su parte, han advertido de la «ilegalidad» del referéndum arremetiendo con gran dureza contra los independentistas. El baño de realismo fue tan gélido como esperado. Y es que el gran enemigo del 'procés' no se llama Mariano Rajoy, sino Artículo 4 de los Tratados.

Aquí no hay proclamas ni consignas que valgan, basta con leerlos, con vacunarse de interpretaciones políticas interesadas. Artículo 4, apartado 2: «La Unión respetará la igualdad de los estados miembros ante los Tratados, así como su identidad nacional, inherente a las estructuras fundamentales políticas y constitucionales de éstos, también en lo referente a la autonomía local y regional. Respetará las funciones esenciales del Estado, especialmente las que tienen por objeto garantizar su integridad territorial, mantener el orden público y salvaguardar la seguridad nacional. En particular, la seguridad nacional seguirá siendo responsabilidad exclusiva de cada Estado».

¿Dudas? Aquí el apartado tercero, por si acaso. «Conforme al principio de cooperación leal, la Unión y los estados miembros se respetarán y asistirán mutuamente en el cumplimiento de las misiones derivadas de los Tratados». Quizá ahora se entienda mejor por qué el sanedrín de la UE y todos sus socios han salido en tromba a defender a España dándole, eso sí, un notable toque de atención por las imágenes vividas aquel domingo. No tanto por el hecho de emplear antidisturbios (hay imágenes durísimas en todos los países), sino por el cómo y, especialmente, por el cuándo (por votar, aunque fuese ilegal), como admiten fuentes diplomáticas.

La integridad territorial de sus Estados o el respeto al Estado de Derecho son sagrados

El veto, un factor clave

Eso llamado Europa no solo es una forma de ser o una ambición. Es, sobre todo, un club político, el gran club de clubes, integrado por estados soberanos que se han dado unas reglas de juego plasmadas en los Tratados comunitarios. Todo empieza y acaba en ellos. «Es que son clarísimos, no hay debate», explica un alto funcionario comunitario que está viviendo de primera mano esta grave crisis y que no oculta su «hartazgo» por el «monotema», como ya se le conoce con cierto desdén en los pasillos bruselenses.

Las respuestas sobre el encaje de una Cataluña independiente dentro de la Unión no se encuentran ni en los mítines de campaña, ni en el Parlament, ni tan siquiera en el Congreso. Residen en el kilómetro cero, en Bruselas. ¿Dudas sobre el Artículo 4? Aquí, retrocedamos al 2: «La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías». De ahí que muchos juristas comunitarios aseguren sin ambages que Cataluña ni siquiera podría ser un país candidato por haber vulnerado la ley española.

Si aun así hay personas que continúan sin verlo claro, si creen que el 4 y el 2 no tienen el suficiente peso jurídico, lo mejor es dar un salto hasta el Artículo 49. Recuerda todo lo dicho anteriormente y subraya, además, que cualquier potencial Estado que quiera acceder al club deberá hacerlo tras ser avalado por la «unanimidad» del Consejo Europeo, ahora formado por 28 y a partir de marzo de 2019, por 27 tras la salida de Reino Unido. Unanimidad. Dicho de otro modo, que con estos Tratados, Cataluña jamás entraría en la UE sin el plácet del Reino de España, que es el socio con plenos poderes.

En lo político, por contra, ha vuelto el lío, los fantasmas de 2012. Aquel 9 de junio, España, a través de su ministro de Economía, Luis de Guindos, se vio obligado a solicitar un rescate 'light' de hasta 100.000 millones para evitar la bancarrota (al final, 'sólo' se pidieron 41.300). Habían caído Grecia, Irlanda, Portugal... Pero lo de España, la cuarta potencia del euro, era diferente. Era demasiado grande para dejarla caer porque si lo hacía, comprometería incluso el futuro del bloque de la moneda única. No fue un rescate a la griega, cierto, pero Madrid quedó asfixiada por los tentáculos de Bruselas. Frialdad, equidistancia, pérdida de peso institucional... «Fue una época durísima», rememora un veterano diplomático.

Principal problema

España se convirtió en el gran problema europeo, un estigma del que no se logró despojar hasta 2015, cuando pasó a convertirse en el «gran ejemplo a seguir», en el «alumno aventajado». De apestado a locomotora, siendo la potencia que más crecía llegando incluso a hacerlo al doble o incluso el triple que Francia o Italia. España dejó de ser el problema y ahora, los fantasmas han revivido con epicentro en Cataluña. Hay «mucha preocupación» en Bruselas porque, entre otras cosas, el PIB catalán es superior al de Portugal y esto son palabras mayores. Pero a diferencia de aquel maldito 2012, Rajoy ha visto ahora cómo la Unión Europea ha cerrado filas con España porque el club no puede permitirse que Cataluña se convierta en el precedente que origine un perverso efecto dominó en otros grandes países como Italia, Francia o Bélgica.

Si el lema europeo que guía la negociación del 'brexit' es que «jamás será una historia de éxito», una independencia unilateral de Cataluña tampoco lo será. No de este modo. No en esta UE, en un club donde los Tratados te aplastan si los vulneras.

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