Un perdón republicano con aroma monárquico: «No volverá a ocurrir»

Torra conversa ayer con Arrimadas e Iceta en presencia de García Albiol. :: Marcel.lí Sàenz/
Torra conversa ayer con Arrimadas e Iceta en presencia de García Albiol. :: Marcel.lí Sàenz

Torra emula al rey Juan Carlos y entona el 'mea culpa' por sus tuits «xenófobos»

M. E. ALONSO

BARCELONA. «Me arrepiento y no volverá a ocurrir», dijo Quim Torra utilizando una fórmula muy parecida a la del rey Juan Carlos cuando pidió perdón por la cacería en Botsuana. El presidente catalán volvió ayer a entonar el 'mea culpa' en el Parlament por sus tuits y artículos periodísticos, que han sido tildados de «xenófobos» o «supremacistas» por la oposición. Lo hizo bajo la atenta mirada de sus antecesores Artur Mas, abonado a las sesiones de investidura, y José Montilla, de la líder de la ANC, Elisenda Paluzie, y del vicepresidente de Òmnium Cultural, Marcel Mauri, y con la complicidad de su familia, que no quiso perderse su gran día.

A la cita en la Cámara catalana tampoco faltaron la mujer de Jordi Turull, Blanca Bragula, y la ex primera dama Marcela Topor, pareja de Carles Puigdemont. Ante ella, el ya 131 presidente de la Generalitat insistió en que el jefe del Govern es el dirigente fugado y que su principal objetivo es restituirlo en el cargo. Prueba de ello es que no ocupará el despacho del ausente en el Palau de la Generalitat, que se encuentra -oportunamente- en obras.

No se sabe si hará lo mismo en el del Parlament. Por si acaso, los servicios de limpieza de la Cámara se afanaban ayer en desempolvar las dependencias destinadas al mandatario autonómico que han permanecido vacías los últimos 199 días. Los mismos desde que Mariano Rajoy interviniera el Ejecutivo catalán y disolviera el Parlament para convocar los comicios del 21-D tras la declaración unilateral de independencia sin efectos del 27 de octubre.

La nota de color de otra jornada anodina la volvieron a poner los diputados independentistas que lucieron el amarillo en sus atuendos, además de los ya habituales lazos que una vez más presidieron los escaños de los parlamentarios encarcelados y huidos. Un símbolo con el que Torra se fotografió justo después de ser investido en solidaridad con los «presos y exiliados» soberanistas.

Como ya pasara el sábado, el sucesor de Puigdemont no consiguió congregar a los simpatizantes soberanistas en las inmediaciones de la Cámara catalana, en el que no había ni rastro de las medidas de excepción de las últimas investiduras y en la que los Mossos sólo tuvieron que preocuparse por algún turista despistado que buscaba el zoo, colindante con el hemiciclo.

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