El PDeCAT se enfrenta a la CUP y mantiene a Sánchez como candidato

Torrent abre hoy otra ronda de contactos para la investidura a pesar de que el expresidente de la ANC no cuenta con la mayoría necesaria

CRISTIAN REINO BARCELONA.

El presidente de la Cámara catalana, Roger Torrent, iniciará hoy una nueva ronda de contactos con los grupos parlamentarios, con el objetivo de proponer a un nuevo candidato a la investidura, después de que Carles Puigdemont renunciara la semana pasada a favor de Jordi Sánchez.

El expresidente de la ANC y número 2 de la lista de JxCat, no tiene la mayoría asegurada, ya que la CUP anunció el sábado en su consejo político que no apoyaría su elección. Está por ver si Torrent, tras reunirse con todos los grupos, propone el nombre de Jordi Sánchez como candidato y si además convoca el pleno de investidura, lo que podría acabar en elección fallida, pero en este caso sí, se pondría en marcha el reloj de la legislatura y empezarían a correr los dos meses antes de la convocatoria de las elecciones.

El portazo de la CUP ha sumido al independentismo en una guerra de imprevisibles consecuencias. Los reproches, tras el 30 de enero, cuando Torrent decidió no arriesgar y suspendió el pleno de investidura de Puigdemont, fueron muy agrios entre JxCat y ERC, mientras que en esta ocasión los dardos se han lanzado entre el PDeCAT y la CUP. Los herederos de Convergència cargaron ayer con dureza contra los anticapitalistas, a los que acusaron de querer volver a torpedear la investidura catalana. «¿A quién más quieren mandar a la papelera de la historia?», se preguntó la jefa de filas nacionalista, Marta Pascal, recordando cómo los antisistema vetaron la investidura de Mas y ahora hacen lo propio con Jordi Sánchez.

Puigdemont no renunciará a su escaño y ERC aboga por tender puentes con comunes y el PSC

El PDeCAT insistió ayer en mantener la candidatura de Sánchez, a pesar de que ya no cuenta con el consenso necesario para salir investido. «Los pactos están para cumplirse, la ciudadanía no puede vernos como irresponsables», afirmó al coordinadora general de la antigua Convergencia. La formación rechaza ir a elecciones. «Se debe evitar el escenario electoral porque el país no se lo puede permitir», dijo Pascal. La CUP, en cambio, admitió que no es su opción favorita, pero no la descartó. «Si la realidad es la de gestionar una autonomía, a lo mejor no resulta la peor alternativa», según Vidal Aragonès.

La CUP juega fuerte y reta a sus socios a investir ellos solos a Jordi Sánchez. El problema que tienen JxCat y ERC es que las cuentas no les salen de ninguna manera. Una de las posibles opciones que estaban sobre la mesa ante el veto de los anticapitalistas era que los independentistas se pudieran apoyar en una posible abstención de los comunes. Pero estos cerraron ayer esta puerta, siempre y cuando el candidato sea de JxCat. Si fuera de ERC, la situación sería distinta, pero los neoconvergentes no están por la labor.

La otra posibilidad es que Puigdemont y Comín renuncien a sus escaños, lo que permitiría a las dos formaciones independentistas garantizarse 66 votos y una investidura casi segura en segunda ronda. Sin embargo, JxCat descartó ayer de manera categórica esta posibilidad, pues no está dispuesta a «allanar el terreno a lo que está planteando la Moncloa y los que están rompiendo el estado de derecho».

La apuesta de JxCat es seguir negociando con ERC y la CUP para alcanzar un acuerdo de investidura y «desbloquear esta situación», una receta similar a la que ofrece Esquerra. Los republicanos reclamaron ayer diálogo a la CUP y se abrieron a corregir la oferta de legislatura. Y si la opción independentista les sale mal, Joan Tardà, en 'El Periódico', abogó por tender puentes con comunes y el PSC.

La última opción que tienen JxCat y ERC sobre le mesa es permitir el voto delegado de Carles Puigdemont y Toni Comín, a pesar del rechazo del Supremo y de los letrados de la Cámara catalana. «El Tribunal Constitucional no puede decirnos qué diputados tienen derecho a voto», señalaron desde la CUP. Marta Pascal replicó que la política catalana ya no está en la etapa de la desobediencia ni de la unilateralidad.

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