Un parricida que carece de «valores y escrúpulos»

David Oubel, durante el juicio./Salvador Sas (Efe)
David Oubel, durante el juicio. / Salvador Sas (Efe)

El perfil psicológico de David Oubel, reflejado en la sentencia de la Audiencia de Pontevedra sobre el asesinato de sus dos hijas, a las que mató usando una radial y un cuchillo

EFEPontevedra

David Oubel, el parricida de Moraña, carece "de los más elementales" valores y escrúpulos, según recoge la sentencia de la Audiencia de Pontevedra sobre el asesinato de sus dos hijas, a las que mató en julio de 2015 usando una sierra radial y un cuchillo de cocina.

El fallo, que ha sido divulgado por el Tribunal Superior de Justicia de Galicia, concluye que la "gravedad" del crimen que protagonizó Oubel revela su "peligrosidad", el principal argumento que encuentra la magistrada de la sección cuarta de la Audiencia de Pontevedra para rechazar la posibilidad de que se le conceda un posible indulto.

La sentencia recoge el unánime fallo del jurado, que halló culpable al parricida de dos delitos de asesinato con alevosía y agravados por ser las víctimas menores de edad y por el parentesco que les unía y confirma la imposición, ya anunciada tras la lectura del veredicto, de la pena de prisión permanente revisable.

El juicio

Además, David Oubel deberá pagar 300.000 euros a la madre de las niñas, su exmujer, con la que no podrá comunicarse por ningún medio durante un periodo de treinta años y tampoco, en el caso de que salga de prisión algún día, podrá aproximarse a ella a una distancia inferior a los mil metros.

La sentencia, que se extiende durante más de veinte folios, declara probado que el parricida degolló a sus hijas con una sierra radial, tras haberlas drogado previamente con tranquilizantes para que tuvieran un "bajo nivel de conciencia" y evitar así "cualquier resistencia".

La magistrada explica que los motivos que llevaron al jurado a declararle culpable, sin aplicarle atenuante alguna, se basaron en la declaración del propio acusado, que reconoció los hechos en la vista oral, y en los sucesivos testigos que fueron refrendando este relato.

Así, cita al comerciante que le vendió la rebarbadora o a las personas que recibieron las cartas del asesino en las que daba a entender lo ocurrido y en las que llegaba a asegurarles que "la muerte será el regalo que pondré al presente en mi vida" o "no te preocupes porque no lo has visto venir, soy un muy buen actor".

Además, la titular de la sección cuarta de la Audiencia de Pontevedra recuerda también los informes de peritos y forenses que confirmaron la brutalidad del crimen y la ausencia de cualquier patología psicológica en el parricida, más allá de rasgos de personalidad "narcisista" o "psicopática" y una autoestima "muy elevada".

Con respecto a la agravante de alevosía, concluye la sentencia, la magistrada recuerda que el Tribunal Supremo ha venido considerando con carácter general que la muerte de seres indefensos, "como por naturaleza son los niños", es siempre alevosa.

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