Un «pacificador» para calmar un departamento rebelde

M. B. MADRID.

Lo primer que hizo Alejandro Luzón nada más conocer la votación del Consejo Fiscal fue salir corriendo de la Fiscalía General para ir a buscar a su hijo menor a clases de inglés. Los deberes domésticos mandan. Después, con la alegría personificada en su cara, sabedor de que le había llegado la recompensa tras tanto trabajo, volvió a su despacho con su vástago para celebrar la noticia con sus compañeros.

Luzón fue uno de los pioneros en la creación de la Fiscalía de Anticorrupción en 1995, donde trabajó casi veinte años antes de irse a la Secretaría Técnica de la Fiscalía General. Su conocimiento, por lo tanto, del departamento que ahora dirigirá es un grado y su nombre ha sido reconocido tanto dentro como fuera del Ministerio Público.

Responsable de la acusación pública en recientes causas como Bankia o las 'tarjetas black', ha presentado un plan de actuación para Anticorrupción que pretende mejorar la organización del departamento y «pacificar» la tensión generada por el intervencionismo de Moix.

La propuesta de trabajo del nuevo jefe de Anticorrupción, a la que ha tenido acceso este periódico, se resume en los siguientes puntos: «La mejora de la organización de los servicios y distribución del trabajo; la falta de eficacia del turno de reparto de asuntos; la necesidad de desterrar la asunción de herencias por parte de los nuevos fiscales y evitar el aislamiento y desamparo de los delegados provinciales de Anticorupción».

Asimismo, incluye paliar la «excesiva carga de trabajo de la Unidad de Apoyo de la Agencia Tributaria por el incremento de las diligencias económicas; un nuevo modelo procesal que permita abreviar la tramitación de las causas y poner coto a los conflictos por la competencia de determinadas investigaciones; o evitar las filtraciones de información secreta o reservada».

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