Ofensiva de Interior para acabar con los supuestos 'coladeros' en las cárceles

Prisiones ordena reforzar sus protocolos de seguridad para tratar de impedir la entrada de objetos prohibidos

M. SÁIZ-PARDO

MADRID. El Ministerio del Interior habla ya de «problemática». En los centros penitenciarios supuestamente sigue habiendo importantes 'coladeros' de objetos prohibidos a pesar de sus esfuerzos por precintar las cárceles. Desde drogas a teléfonos, pasando por memorias USB, dinero en efectivo o armas.

El Ministerio que dirige Juan Ignacio Zoido, que ya en abril de 2010 ordenó reforzar las medidas de seguridad de todos los centros tras constatar entonces la introducción de sistemas electrónicos que podrían ayudar a los presos a seguir delinquiendo entre rejas, ha ordenado ahora dar una nueva vuelta de tuerca a sus protocolos de seguridad. El 'agujero', según se infiere de los documentos oficiales, parecen ser los muelles de carga y descarga de los centros, que se habrían convertido en la puerta de entrada de ese material que tanto preocupa a los responsables de prisiones. Entre los expertos de los sindicatos penitenciarios, sin embargo, se apunta que esta «preocupación» inesperada de Interior por la supuesta entrada masiva de material prohibido responde al intento de aumentar la presencia de las empresas de seguridad en los centros y niegan que los muelles de las prisiones sean esa 'autopista' de entrada de objeto desde el exterior directos a las celdas.

Sea como fuere, la voz de alerta saltó el pasado martes, cuando el director general de Instituciones Penitenciarias, Ángel Yuste, envió a todos los centros la instrucción 5/2017 que «modifica» los anteriores protocolos, especialmente en los «procedimientos de carga y descarga de mercancías» de abastecimiento. La premisa principal es clara: «Evitar el contacto de internos con el personal de las empresas proveedoras». Las directrices llegan al punto de poner en marcha todas las «medidas necesarias» para «evitar el contacto verbal y/o físico entre el conductor del vehículo y los internos». Los repartidores deberán de salir de inmediato de la zona de carga y serán confinados en un área alejada de los reclusos.

Las instrucciones son tajantes: «Terminantemente prohibido» que en las inmediaciones de los muelles haya presos que no están destinados a la descarga; nunca más de dos vehículos en la zona; «supervisión presencial» de la descarga por parte de los funcionarios de prisiones «prestando especial atención a los movimientos de los internos, a la mercancía descargada y a posibles objetos que pudieran encontrarse dentro del habitáculo».

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