El caso de la niña maltratada en Valladolid transitó 24 días por un limbo burocrático

M. J. PASCUAL VALLADOLID.

Solo su hermana A., ahora a salvo en un centro protegido de la Junta, sabrá con dolorosa certeza cuándo empezó el viacrucis en la corta vida de S., pero el periplo de su expediente por el limbo burocrático de tres administraciones públicas ha durado 24 días y ha tenido un desenlace fatal. Cuando a D. M. G., vestida de militar al pie de la cama de Urgencias Pediátricas del Clínico de Valladolid donde yacía su pequeña de cuatro años ya en situación de muerte cerebral, le comunicaban el miércoles la retirada de la tutela, ya era demasiado tarde: habían fallado todos los protocolos de protección. La menor fallecía a la mañana siguente, víctima de la enésima paliza recibida en el hogar familiar. Poco después, su madre, de 35 años, cabo del Ejército de Tierra, junto a su actual novio, eran detenidos por la Policía. Al mediodía de ayer pasaron a disposición del Juzgado de Instrucción 6, que se ocupa del caso. Por la tarde se decretaba el ingreso de la pareja en prisión preventiva, comunicada y sin fianza. La orden judicial contempla también la medida de alejamiento de ambos respecto de la otra niña, de doce años.

Los responsables de los servicios sociales del Ayuntamiento de Valladolid y de la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades de la Junta de Castilla y León insistieron ayer en que en sus ficheros de protección no aparecía la menor. Sin embargo, desde el 11 de julio, la pequeña S. tendría que haber dejado de ser una víctima invisible. El pediatra de Urgencias del hospital Campo Grande dio la voz de alarma. La madre llevó a la pequeña, comentando allí con total naturalidad que la niña tenía los labios hinchados y que se encontraba mal, que podía tratarse de una alergia.

El facultativo sospechó de inmediato de las lesiones que presentaba la pequeña y del estado de abandono e higiene y, junto a una compañera, le realizaron un examen exhaustivo. Decidieron llamar al 112, donde les animaron a denunciar el asunto a la Policía. Y así lo hicieron.

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