El 12-O más multitudinario bajo la sombra de la crisis catalana

Aspecto de los asistentes al desfile militar del 12 de octubre por el paseo de la Castellana de Madrid. :: jaime garcía/
Aspecto de los asistentes al desfile militar del 12 de octubre por el paseo de la Castellana de Madrid. :: jaime garcía

El desfile se convirtió en un homenaje ciudadano a los agentes desplegados contra el órdago indepentista

MELCHOR SAIZ PARDO

madrid. Fue un desfile del 12 de octubre diferente. Y, desde luego, no solo por el hecho de que el Ministerio de Defensa hubiera cambiado el recorrido y hubiera situado esta vez la tribuna de autoridades en lo más alto del Paseo de la Castellana, casi junto al estadio Bernabéu, en una zona bastante alejada del centro. Fue la parada militar con más asistencia de público de los últimos años y décadas. Decenas de miles de personas -sin duda también espoleados por el tiempo primaveral de este otoño en Madrid- se congregaron durante la mañana de ayer a lo largo de los 1,8 kilómetros del nuevo recorrido. Más banderas rojigualdas que nunca, más niños y adolescentes que nunca, más proclamas que nunca... Y más corrillos que nunca, casi todos con un argumento único: la crisis catalana.

El órdago secesionista logró inundarlo prácticamente todo desde la distancia. No porque hubiera gran número de carteles o pancartas contra la autodeterminación o a favor de la unidad española, que alguno hubo como el enorme letrero frente a la tribuna de autoridades que rezaba «Cataluña siempre España». Tampoco porque los presentes corearan de manera recurrente consignas contra los líderes independentistas, aunque desde luego los gritos de «¡Puigdemont, a prisión!» se dejaron oír poco antes de que los Reyes y sus hijas llegaran a la tribuna. No. La presencia de la preocupación en las calles por la situación en Cataluña en el acto central de la celebración del día nacional fue más sutil pero estuvo muy presente.

Sobre todo, durante el homenaje espontáneo y repetido que durante horas miles de gargantas tributaron a los agentes de la Policía Nacional (que por primera vez participan en la parada del 12-O) y la Guardia Civil, quienes ayer, sin duda, robaron a los militares el protagonismo en uno de sus actos más importantes del año. Como si de un concierto de rock se tratara, la simple aparición de una 'lechera' de los antidisturbios de la Policía de patrulla (fuera del desfile) o el saludo de algún guardia civil de uniforme desataba inmediatamente el delirio y los gritos de «¡No estáis solos!» como tributo a los más de 12.000 funcionarios del cuerpos de seguridad del Estado desplazado a Cataluña en el marco de la 'operación Copérnico' del Ministerio del Interior.

Algo parecido ocurrió en la parada militar cuando los vítores a los vehículos de las fuerzas de seguridad eclipsaron a los blindados de última generación. Incluso, el sobrevuelo de tres simples helicópteros de la Guardia Civil y de la Policía provocaron más aplausos que los dedicados a las decenas de espectaculares cazas y bombarderos del Ejército del Aire. El Grupo de Acción Rápida de la Guardia Civil, un asiduo de todos los años, no pudo desfilar por estar desplegado en Cataluña.

Sin ultras

Durante la hora en que los casi 4.000 uniformados desfilaron no cesaron los gritos de «¡Viva España!» y el futbolístico «¡Yo soy español, español!». No hubo lemas catalanófobos. Ni un «¡A por ellos!» como se escuchó hace días en las despedidas de los agentes trasladados a Cataluña. Tampoco hubo presencia visible de ultras. La inmensa mayoría de las enseñas nacionales eran constitucionales. Y hubo miles. Al menos uno de cada tres asistentes portaba una. De hecho, los vendedores ambulantes hicieron su agosto.

Miles de banderas a pie de calle y otras tantas en los balcones. Y no es que las fachadas fueran engalanadas expresamente para la ocasión. Desde hace un par de semanas, centenares de edificios de Madrid lucen en ventanas y balcones enseñas nacionales a cuenta de la crisis catalana, con lo cual ayer era difícil distinguir en qué inmuebles había banderas por un motivo u otro. O por los dos. La cuestión catalana no fue, ni mucho menos, un argumento exclusivo de la tribuna en la que, además de la Familia Real estuvieron Mariano Rajoy y todos sus ministros (salvo Luis de Guindos de viaje oficial) y todos los presidentes autonómicos excepto el propio Puigdemont, el lehendakari Iñigo Urkullu y la presidenta de Navarra, Uxue Barkos.

Cataluña fue objeto de debate prioritario incluso entre los centenares de extranjeros que se acercaron a la Castellana, como Ying Ji, una estudiante de Nutrición en Barcelona, de visita a Madrid con su hermana y su madre, recién llegadas de la ciudad china de Han Dan. «Antes de venir a España jamás había oído hablar de Cataluña, ahora no paro de escuchar el problema. ¿Es grave no?», preguntaba Ying mientras agitaba una bandera española que acababa de comprar a un vendedor ambulante paquistaní. También de Barcelona llegó Juan Antonio Pacheco, un empresario inmobiliario, que aprovechó su visita a Madrid al máximo: trasladó varias de sus sociedades a la ciudad el miércoles, vio el desfile y aprovechó la parada militar para hacer pública su protesta con un cartel reclamando a Rajoy acción para frenar a los «golpistas» de Cataluña.

No muy lejos de Pacheco, Jorge, un policía nacional libre de servicio, y su mujer, Marta, se convertían en el centro de atención antes que comenzara el desfile. Junto a sus dos hijos lucían unas camisetas azules de la Policía y, en ciertos momentos, hubo cola para estrecharles la mano, aunque Jorge insistía -mientras su pequeño ondeaba una bandera encima de sus hombros- en que él, por ahora, no irá a Cataluña. «Ya basta de avergonzarnos de nuestra bandera», clamaba orgullosa Ana Delgado mientras hacía cola con tres niños para hacerse con más rojigualdas para sus hijos. Ayer en el paseo de la Castellana fue el día en que los pequeños se divirtieron con las banderas mientras los mayores seguían pensando en el lío de Cataluña.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos