La movilización independentista se toma un respiro

La portavoz de Arran, Mar Ampurdanés, durante una comparecencia ante la prensa. :: r. c./
La portavoz de Arran, Mar Ampurdanés, durante una comparecencia ante la prensa. :: r. c.

Arran, las juventudes de la CUP, desconvocan una concentración en Barcelona ante la mínima asistencia de seguidores

ÓSCAR B. DE OTÁLORA BARCELONA.

Arran, las juventudes de la CUP, se hicieron famosas en verano por sus agresivas movilizaciones contra el turismo y durante la consulta prohibida del 1-O fueron una de las vanguardias del soberanismo. Llegaron a declarar: «La calle es nuestra». Pero ayer se desinflaron. A las seis de la tarde habían convocado una movilización en el centro de Barcelona bajo los ambiciosos lemas 'Adiós a la Monarquía, a las Fuerzas de Ocupación, a la Audiencia Nacional y al Tribunal Constitucional'. Esa cuádruple despedida atrajo a apenas una treintena de personas que pese a llevar pancartas, carteles y banderas decidió plegar velas. El viernes por la tarde la calle estaba por otras cosas que por seguir manteniendo la tensión de la independencia.

El acto de Arran había sido convocado por las juventudes de la CUP a través de las redes sociales en la plaza de la Universidad. En los días previos ese espacio era uno de los focos de la llama soberanista. Miles de jóvenes se congregaron allí y ocuparon edificios públicos para poder votar. Pero el escenario de la revuelta ayer estaba tomado por turistas curiosos y skaters. La Guardia Urbana de Barcelona, que había sido movilizada, se mantenía lejana y muy aburrida.

Espantada

Los dirigentes de Arran aseguraban a los periodistas que en unos momentos llegarían sus responsables de prensa y harían declaraciones. Pero allí no llegó nadie. Según algunos testigos, la portavoz de Arran, Mar Ampurdanés, se asomó unos minutos y puede que al ver el escaso quórum optara por desaparecer. Quizás el acto había sido convocado a raíz de las declaraciones en la Audiencia Nacional del mayor de los Mossos d'Esquadra, Josep Lluis Trapero, y de los presidentes de la Asamblea Nacional Catalana y el Omnium Cultural, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, respectivamente. Pero el hecho de que los tres quedarán en libertad hizo que más de uno soltara un suspiro de alivio y la crispación social descendiera un par de puntos.

Como el acto de Arran había sido publicado en las redes sociales atrajo también a un grupo de turistas de la independencia. Un hombre de la localidad guipuzcoana de Ordizia y varios jóvenes donostiarras con camisetas de lemas radicales se habían acercado para participar en la concentración. Los escasos miembros de Arran que permanecían en el lugar según avanzaban los minutos se apiadaron de ellos y les dijeron que en la plaza de Sant Jaume -donde se encuentra la sede del Govern y el Ayuntamiento de Barcelona- había un concierto por el 1-O y que podían ir a verlo. Los vascos se largaron hasta la actuación pero era una banda del sindicato de estudiantes de la Escuela de Música de Cataluña. Este grupo -que durante el referéndum apoyó los convocantes de la consulta ilegal- llamaba más la atención de los turistas que de los jóvenes independentistas. En unos minutos tanto la Plaza de la Universidad como la de Sant Jaume estaban repletas de personas haciéndose selfies ajenas a las noticias sobre la independencia. La adrenalina de la tensión se estaba agotando.

Arran se vio obligado a retirarse de la plaza de la Universidad el mismo día en el que sus mayores de la CUP aseguraban que ya están pactando con el presidente Puigdemont el contenido de la declaración de independencia del martes. Y el mismo día en que Gas Natural y Caixa Bank anunciaron que dejan Cataluña, el auténtico tema de conversación en las calles y las terrazas de la ciudad condal. A la espera de lo que suceda la semana que viene en el Parlamento, Arran no ha convocado todavía nuevas movilizaciones tras el fiasco del viernes por la tarde. A través de las redes sociales está realizando llamamientos a participar en talleres y asambleas locales pero sin volver a intentar a elevar la presión. En privado, dirigentes de la Asamblea Nacional Catalana y el Omnium Cultural, los dos motores sociales del soberanismo, están aconsejando tomarse un respiro y no precipitarse.

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