Así es Trapero, el mosso que silenció a los políticos

El mayor de los Mossos d'Esquadra, Josep Lluís Trapero, entre el presidente catalán, Carles Puigdemont (d) y el conseller de Interior, Joaquim Forn (i). /Efe
El mayor de los Mossos d'Esquadra, Josep Lluís Trapero, entre el presidente catalán, Carles Puigdemont (d) y el conseller de Interior, Joaquim Forn (i). / Efe

Hijo de un taxista vallisoletano, al principio no quería ser policía y estudió Biología, aunque no la acabó. Y entró en los Mossos

DAVID S. OLABARRI

Josep Lluís Trapero siempre aspiró a mandar en los Mossos d'Esquadra. Los que le conocen le definen como un policía ambicioso y trabajador que, de hecho, ya ejercía un notable poder antes incluso de llegar a lo más alto de la Policía catalana. Este hijo de un taxista vallisoletano, criado en un barrio obrero de Santa Coloma de Gramanet, alcanzó esta aspiración personal hace solo cuatro meses, cuando consiguió en propiedad la plaza de mayor, un puesto en principio blindado a los vaivenes políticos que llevaba diez años sin ser cubierto. A sus 51 años, lo que quizá Trapero no esperaba era que el mayor desafío al que se han visto sometidos los Mossos d'Esquadra iba a convertirle en un referente de la comunicación corporativa.

Desde la masacre yihadista de Barcelona y el atentado de Cambrils del pasado jueves, Trapero ha ofrecido dos ruedas de prensa diarias en las que informaba sobre los últimos avances de la investigación. La transparencia, la prudencia a la hora de tratar determinadas informaciones y la serenidad que han marcado sus intervenciones le han permitido cosechar numerosos elogios. Además de las loas a su labor de los últimos días, lo que ha terminado de disparar su popularidad ha sido el enfrentamiento que mantuvo con un periodista se marchó de una rueda de prensa enfadado por el hecho de que el mosso más poderoso del cuerpo respondiese en catalán a las preguntas formuladas en ese idioma. «Bueno pues molt bé, pues adiós», dijo el jefe de la Policía catalana, utilizando ambos idiomas, cuando el periodista abandonaba la sala.

Desde entonces, todas las miradas se han dirigido hacia este hombre que, siempre vestido con el uniforme policial, ha eclipsado con sus intervenciones a los altos cargos de la Generalitat -incluidos el consejero de Interior, Joaquim Forn, y el presidente Carles Puigdemont- con los que ha compartido micrófono durante las comparecencias. Trapero, el mayor de tres hermanos, se crió en un barrio humilde, La Guinardera, en Santa Coloma de Gramanet. En esa época fue cuando -según cuentan sus amigos- empezó a colaborar con un grupo juvenil que le ayudó a desarrollar su carácter «inconformista» con las injusticias.

El mayor no quería, en principio, ser policía. De hecho, antes de entrar en el cuerpo -hace 26 años- trabajó una temporada como administrativo y realizó estudios de Biología, que no terminó. En aquella época le atraía mucho más la naturaleza y fotografiar animales.

Pero Trapero acabó entrando en los Mossos. Y ya desde la academia, donde no mostraba mucho interés por relacionarse con compañeros, dio muestras de su «determinación por llegar a lo más alto». El jefe del cuerpo, con pareja y sin hijos, ha desarrollado el grueso de su carrera en el área de investigación. Mossos que han trabajado con él subrayan su capacidad de trabajo, pero también censuran que nunca ha tenido mano izquierda con sus subordinados y que imponía una excesiva jerarquización en los destinos por los que pasaba. Trapero «nunca ha tenido gran popularidad» entre los agentes de base y ha mantenido sonados enfrentamientos con los sindicatos. Pero uno de sus mayores conflictos internos se produjo en diciembre pasado, cuando ordenó dejar en libertad a un conductor que había atropellado a un agente.

Proceso independentista

Trapero siempre ha hecho esfuerzos por proyectar una imagen de independencia política. Cuando la CUP solicitó que el cuerpo desobedeciese las órdenes de los tribunales referentes al proceso independentista, aseguró que los Mossos actúan como policía judicial y, por tanto, deben cumplir con la legalidad vigente. Esta imagen de imparcialidad salió dañada el pasado año cuando se hizo público un vídeo en el que se veía al mayor tocando la guitarra en una fiesta en Cadaqués. Un evento privado en el que también estaban el presidente Puigdemont y el expresidente del Barcelona, Joan Laporta. «Es evidente que ascendió gracias a sus lazos con el PDeCat», insiste un sindicalista.

Al margen de sus vinculaciones políticas, el jefe operativo de la policía catalana se ha esforzado por cambiar determinadas inercias y la forma en la que se han desarrollado algunas actuaciones de los agentes. Por ejemplo, aseguró que la sociedad ya no tolera la «imagen de un policía aporreando a un manifestante».

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