Morate calla en el juicio por el crimen de su exnovia y una amiga en Cuenca

Sergio Morate, ayer durante el juicio. :: J. del Olmo / efe/
Sergio Morate, ayer durante el juicio. :: J. del Olmo / efe

Tras pasar dos años en prisión, el acusado fue recibido en la Audiencia Provincial al grito de «asesino» en medio de escenas de tensión

J. VICENTE MUÑOZ-LACUNA TOLEDO.

Sergio Morate, el único acusado por los asesinatos de su exnovia, Marina Okarinska, y una amiga de ésta, Laura del Hoyo, en agosto de 2015, se acogió ayer a su derecho a no declarar durante la primera sesión del juicio que se celebra en la Audiencia Provincial de Cuenca y que se prolongará toda la semana. Morate, de 34 años, frío, con semblante duro y ajeno al relato de los hechos, incluso se negó a contestar a las preguntas de su abogado, José Javier Gómez Cavero, que pide su libre absolución. El letrado argumenta en su descargo que su patrocinado mantenía una relación estrecha y cordial con su exnovia tras romper su relación sentimental y que no hay pruebas que lo incriminen en el doble asesinato.

Asimismo, el abogado defensor alegó ante la sala que Morate no huyó a Rumanía tras la desaparición de las dos jóvenes, sino que, en realidad, tuvo que adelantar un viaje previsto para acudir a un bautizo. Según el letrado, «primero se señaló a un culpable y después se fueron buscando las pruebas para seguir culpándolo, pero sin mirar otras alternativas».

Unos argumentos que no comparten ni la Fiscalía ni la acusación particular, que representa a las familias de Marina y Laura. La fiscal Cristina Moruno avanzó que a lo largo del juicio tratará de demostrar que el acusado había «planificado» el asesinato de su exnovia, porque días antes de su encuentro para que Marina recogiera unos enseres personales en casa de Sergio había comprado material para llevar a cabo el crimen -cal, bridas, bolsas de plástico y cinta americana- e, incluso, había preparado el lugar donde enterró a las víctimas en un paraje cerca de Cuenca.

La fiscal sostiene que Morate es autor de un doble delito de asesinato con las agravantes de alevosía -«porque las atacó por sorpresa para asegurar su muerte»-, abuso de autoridad y violencia de género. Por su parte, la acusación particular, que se sumó a las tesis del Ministerio Público, elevó su petición inicial de pena hasta los 56 años de cárcel -la Fiscalía solicita 48 años-.

Primeros testigos

La vista comenzó con retraso debido a las cuestiones previas. La defensa de Morate llegó a solicitar la incomunicación de los nueve miembros del jurado -siete hombres y dos mujeres-, al entender que podrían verse influidos por las informaciones publicadas por los medios de comunicación. Por este motivo, el letrado también requirió que el juicio se celebrase a puerta cerrada, sin presencia de periodistas. El presidente del tribunal, José Eduardo Martínez Mediavilla, rechazó las peticiones. Durante la tarde estaban citados 16 de los 39 testigos citados en la causa, entre ellos familiares de las víctimas. Alina Okarinska, hermana de Marina, nada más entrar en la sala expetó a Morate: «Levanta la cabeza, desgraciado, y mira a mi madre a la cara». La joven explicó a preguntas de las partes que el acusado «controlaba cada paso que daba» su hermana. «Ella quería ponerle fin. Eran incompatibles, incluso dormían en camas separadas», dijo Alina, que también relató que el acusado espiaba las redes sociales de Marina, para lo que utilizaba un traductor de ruso en internet.

Por su parte, Bárbara M., amiga de Marina declaró que la última vez que estuvo en su casa «tenía miedo porque se sentía perseguida». «Una vez, intentó ahogarla con sus propias manos y ella le pegó una patada en los testiculos», explicó. También añadió que en alguna ocasión él llegó a culparla del cáncer que sufrió posteriormente. Bárbara llegó a grabar una conversación con Marina en la que decía que Morate la quería «liquidar». Una grabación que fue reproducida en la sala. Otro de los momentos más tensos se produjo al terminar de declaración de María, la madre de Laura, que pidió permiso para colocarse ante Morate. «Quiero que me vea la cara», dijo, pero el presidente del tribunal no lo permitió. En la sesión también declaró por videoconferencia el hermano del acusado, mientras que sus padres no contestaron a las preguntas. La jornada fue larga en la Audiencia de Cuenca. Familiares y amigos de las víctimas se concentraron allí antes de las 9:00 horas. La tensión fue en aumento con la llegada del furgón de la Guardia Civil con Morate, procedente de la carcel madrileña de Estremera. El acusado tuvo que escuchar gritos de «asesino» cuando se dirigió a pie y escoltado por varios agentes.

Los funcionarios tuvieron que intervenir cuando los allegados a las víctimas saltaron las vallas para increpar al reo. Sonia y Cristina, hermanas de Laura del Hoyo expresaron «toda la rabia, el dolor y la mucha impotencia por tener que ver su cara y no poder hacerle nada porque lo llevan muy protegido».

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