Un monstruo con múltiples identidades

Feher, con formación militar, es experto en tiro con arco, artes marciales y armas de fuego

ANDER AZPIROZ MADRID.

Nació en 1981 en la ciudad serbia de Subotica bajo el nombre de Norbert Feher. Pero sus 36 años de vida le han dado tiempo a llamarse de muchas formas: Igor Vaclavic, el nombre que dio cuando fue condenado dos veces por robo por la justicia italiana; Igor 'el ruso', como se le conocía en los bajos fondos; o 'El asesino de Budrio', como se le bautizó en el país transalpino, tras disparar a sangre fría al dueño de un bar cercano a Bolonia durante un atraco del que se llevó apenas unas decenas de euros. Lo que no cambió ninguna de esas identidades es su ADN asesino. El mismo que costó la vida al dueño del bar de Budrio, a un guardia forestal italiano que se cruzó en su camino y, ocho meses después, a los dos guardias civiles y al agricultor que acribilló en Albalate del Arzobispo.

Poco se sabe de la vida de Feher antes de ser detenido por primera vez en Italia en 2007 por robar en viviendas de zonas rurales. Apenas que recibió formación militar y se especializó en tiro con arco, armas de fuego y artes marciales. Una máquina de matar con una mente asesina.

Según relata la prensa italiana, cuando la policía de ese país le capturó, llevó a cabo su primer ejercicio de transformismo. Fue entonces cuando se identificó como Igor Vaclavic, de nacionalidad rusa. La treta le sirvió por partida doble. Por un lado, esquivó una orden de captura emitida por Serbia contra Norbert Feher. Y por otro, engañó a las autoridades italianas. Tanto que cuando salió de la cárcel en 2010 no se le pudo expulsar a Rusia porque las autoridades de Moscú no le reconocieron como ciudadano. Así que la justicia italiana le dio un plazo de cinco días para abandonar el país, pero hizo caso omiso y en 2011 ingresó de nuevo en prisión por robo. De su paso por la cárcel se sabe, a través de un compañero de celda al que entrevistó 'Corriere della Sera', que le gustaba ver dibujos animados, algo que le prohibía su padre, que habla chino, que realizaba 5.000 flexiones al día o que le gustaba que le llamasen por el nombre bíblico de Ezequiel. También, según el capellán de la prisión, del que se hizo amigo, que es «temeroso de Dios».

Salió en 2015 para volver a las andadas. Tras asesinar en Budrio el pasado abril, comienzó una fuga de ocho meses que ha mantenido aterrorizada a la región italiana de Emilia-Romaña. Feher uso técnicas militares para burlar un cerco en el que esquivó drones, helicópteros y perros rastreadores. Era tal el temor que los habitantes de la zona le dejaban alimentos en las puertas de sus casas para que no entrara a matarles. La huida terminó este viernes, pero antes se cobró tres nuevas vidas.

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