"El mayor homenaje a los caídos es volver a volar"

Luis González Campanero, delante de un ‘Casa C-101 Aviojet’, modelo usado para formación y para las exhibiciones de la Patrulla Águila ./E.A.
Luis González Campanero, delante de un ‘Casa C-101 Aviojet’, modelo usado para formación y para las exhibiciones de la Patrulla Águila . / E.A.

Luis González Campanero es jefe de estudios de la Academia General del Aire, donde se forman medio millar de futuros pilotos militares

SUSANA ZAMORA

El teniente coronel Luis González Campanero (Madrid, 1968) ingresó en el Ejército del Aire en 1988 por vocación militar, primero, y vocación aeronáutica, después. Es piloto con 4.500 horas de vuelo y ha servido en el escuadrón 408 de guerra electrónica, donde pilotó los modelos ‘Casa C-212’ y ‘Falcon 20’, y en la unidad de transporte VIP, en la que llevó el ‘Boeing 707’ y toda la familia de los ‘Falcon’. Ahora pilota los aviones de la Academia «cada vez que puedo».

– ¿Está preparado un alumno para pilotar un cazabombardero cuando termina su formación en la Academia General del Aire?

– Un piloto militar nunca deja de formarse. Cuando nuestros alumnos reciben el despacho de teniente tienen los fundamentos básicos para incorporarse a las unidades del Ejército del Aire. Una vez destinados en ellas, realizan los cursos de adaptación que les capacitan para volar sus aviones.

– ¿Qué destrezas se le presuponen a un piloto?

– En la formación de pilotos militares no se presupone nada. Todo hay que demostrarlo durante el proceso de formación, pero son varias las habilidades que han de demostrar: buena condición física, orientación espacial, coordinación y sentido del equilibrio, capacidad de estudio, buen juicio, memoria ágil y organización mental. Pero, sobre todo, han de demostrar que a bordo de los aviones también desarrollan los valores morales y militares propios de la milicia. Los alumnos comienzan, en tercer curso, volando una aeronave de hélice, no excesivamente rápida, en la que deben demostrar que son capaces de habituarse a estar en el aire. El curso siguiente vuelan el excelente reactor de fabricación española ‘CASA C-101’, de mayores prestaciones y donde deben superar un curso muy exigente compuesto por una fase de tráficos y acrobacia, otra de vuelo en formación y una última de vuelo instrumental. Es en este curso donde se seleccionan aquellos que van a ser pilotos de caza.

– ¿Qué prueba es especialmente dura para los alumnos?

– La prueba definitiva es su formación en conjunto, que es especialmente exigente. Esta exigencia comienza ya desde su ingreso, con una nota mínima de corte en las pruebas de acceso a la universidad de 11,97. No obstante, si tuviera que reseñar un hito, refiriéndonos a los alumnos pilotos, destacaría su primer vuelo solos.

– Expertos en Defensa consideran «muy buena» la formación de los pilotos españoles. ¿Qué marca la diferencia?

– Principalmente, dos razones: la excelente preparación de los profesores y la historia de 75 años de experiencia que la sustentan, y que siempre ha destacado por una formación integral y transversal. También es muy destacable la excelente combinación de aeronaves usadas en cada una de las fases de la formación en vuelo. No hay que olvidar este factor, la selección, a la hora de conseguir los mejores pilotos para el Ejército del Aire; no todos los alumnos que comienzan su formación llegan a ser pilotos. La tasa de éxito ronda el 90%.

– ¿Peligra esa formación por el estado de los aviones o por la falta de presupuesto para dedicar más horas de vuelo?

– En absoluto. La Academia General del Aire siempre dispone de los medios materiales necesarios para cumplir su misión y, lo que es más importante, de un excelente personal que emplea los recursos materiales y financieros asignados de forma eficaz y eficiente.

– ¿Cómo han afectado las dos tragedias ocurridas este mes?

– El recuerdo a los caídos, a quienes todas las tardes al caer el sol homenajeamos, es un motivo de orgullo y de refuerzo de nuestras convicciones y vocación de servicio a España. El mejor homenaje que podemos hacerles a todos ellos y a sus familias es volver a volar, volver a los cielos de España a continuar la misión que ellos un día llevaron hasta el extremo: servir a España, incluso dando la vida en el empeño.

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