Màxim, el breve

El exministro, el domingo en Roland Garros. :: c. p. t. / efe/
El exministro, el domingo en Roland Garros. :: c. p. t. / efe

El ministro más expuesto del Gabinete Sánchez ha vivido una semana frenética antes de que su estrella se apagara de golpe

IVÁN ORIO

La estrella de Màxim Huerta en el Gobierno de Pedro Sánchez ha sido fugaz. Sólo ha brillado una semana en el 'Firmamento', el título de su última novela. Siete días frenéticos en los que el escritor y periodista valenciano ha estado expuesto a los focos como ningún otro ministro desde que asumió el cargo. Fue la gran sorpresa del presidente en el reparto de carteras y también el que le ha dado el primer disgusto. «Sabía que mi nombramiento sería considerado extravagante y que sería el blanco de las críticas», confesó ayer en su despedida tras desvelarse las sentencias que le condenaron por defraudar a Hacienda. Y es que la memoria televisiva de los ciudadanos, que le identificaron en todo momento como el colaborador del programa de Ana Rosa Quintana y pasaron de puntillas por sus logros literarios, y, sobre todo, sus desafortunados tuits sobre el ejercicio físico le colocaron en la picota.

El miércoles día 6, cuando Sánchez compareció ante los medios para anunciar la composición de su Ejecutivo, el nombre que aún no se había filtrado era el suyo. A los pocos minutos de conocerse, las redes sociales y las ediciones digitales de numerosos periódicos ardieron con algunas recopilaciones de sus polémicos mensajes en internet. «Umberto Eco: «odio a los deportistas». Yo, el deporte. Que manera de sobrevalorar lo físico! Ozu», había dejado escrito. También «Menos deporte creo que hago de todo». Las críticas desde diferentes ámbitos arreciaron.

Él aguantó impertérrito esta primera avalancha. El jueves acudió por la mañana a La Zarzuela para prometer el cargo ante el Rey y a mediodía se presentó en el Ministerio para el simbólico intercambio de carteras. A Màxim Huerta se le iluminó la cara cuando vio a su madre, Clara Sánchez, a la que se acercó para darle un beso saltándose el protocolo con naturalidad. Su padre falleció el 31 de agosto después de sufrir una larga enfermedad.

«No puedo borrarlos, son parte de lo que soy», declaró cuando le preguntaron sobre sus polémicos tuits. Y como no podía borrarlos trató de contrarrestarlos con gestos públicos y declaraciones. La misma tarde del jueves, poco antes de que la selección de fútbol volara al Mundial de Rusia, acudió a la Ciudad de Fútbol de Las Rozas para despedir a los jugadores.

El viernes lo dedicó a perfilar su equipo. La editorial Espasa anunció que quedaba cancelada su presencia al día siguiente en la Feria del Libro de Madrid para presentar 'Firmamento'. Pero él se presentó a pesar de todo en el Paseo de Coches del Retiro, donde conversó con Carme Chaparro, Javier Moro, Andrés Trapiello, Lorenzo Silva, Rosa Montero, Almudena Grandes y María Dueñas. «La cultura estaba maltratada y deprimida», lanzó junto a las casetas. Viernes fútbol, sábado literatura y domingo... tenis. El ya exministro volvió a París, donde residió un tiempo, para asistir a la final de Roland Garros y disfrutar de la victoria de Rafael Nadal sobre Dominic Thiem.

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