Una marcha silenciosa drena el tejido empresarial catalán y Barcelona se queda sin firmas del Ibex

A los cambios de sede de Abertis, Colonial y Cellnex se unen los de grupos emblemáticos como Adeslas, MRW o Planeta

JOSÉ M. CAMARERO MADRID.

El ruido provocado por las grandes compañías como CaixaBank, Sabadell o Gas Natural, que han abandonado Cataluña como sede de sus domicilios jurídicos, se ha convertido en un traslado sigiloso pero incesante de empresas de menor tamaño, o que no cotizan en la Bolsa, dejando un reguero de incógnitas para uno de los territorios más pujantes y con uno de los tejidos empresariales más dinámicos de toda España. A pocas horas de que el Parlamento pueda aprobar la declaración unilateral de independencia, la fuga de sociedades se intensifica entre los grupos que tienen al resto de comunidades como puntos fuertes de su facturación.

Entre las corporaciones con presencia bursátil, el consejo de administración de Abertis certificó ayer el traslado desde Barcelona a Madrid. Lo hace, como con un argumentario casi calcado al de otras empresas, «ante la inseguridad jurídica generada por la actual situación política en Cataluña». Y se escuda en que «mantendrá la operativa normal de la compañía y con el fin de proteger los intereses generales» de la misma. La decisión de la concesionaria de autopistas -que se encuentra, para más inri, en medio de una OPA lanzada por la italiana Atlantia- implica el cambio de sede de su participada Cellnex, la firma de telecomunicaciones también hasta ayer con domicilio social en Barcelona, y desde hoy en Madrid «en tanto esta situación se prolongue». La Inmobiliaria Colonial también fijó ayer su dirección en la capital.

Con estos tres últimos movimientos, el índice bursátil Ibex-35 -el que agrupa a las mayores compañías cotizadas de España- se queda solo con una firma con sede social en Barcelona. Se trata de Grifols. Pero la empresa dedicada a los hemoderivados, tampoco descarta modificar su estatus jurídico si el escenario político afectara a su negocio. El resto ya se encuentran, al menos legalmente, en el resto de comunidades. Hasta la semana pasada, el peso del empresariado catalán en el parqué estaba representado por siete corporaciones, un 20% del total. Desde hoy, solo supone un 3%.

El problema para ese tejido industrial es que se queda sin referentes en todos y cada uno de los sectores donde su actividad era más pujante. A la salida de CaixaBank le están siguiendo las de sus sociedades dependientes o participadas: ayer desembarcó en Madrid el grupo VidaCaixa, la firma del banco para seguros y planes de pensiones. En el caso de los fondos de inversión, desde las sucursales se ha recordado a los clientes que la firma depositaria de su capital es Cecabank, con sede en Madrid. También SegurCaixa Adeslas, la aseguradora participada al 50% por VidaCaixa y Mutua Madrileña, realizó ese mismo movimiento societario desde Barcelona.

El goteo de traslados está alcanzando a compañías estrechamente ligadas al sector de la distribución. En ocasiones, sus productos son, además de reconocibles, líderes de ventas en determinados territorios, como ocurre con las cervezas San Miguel, cuya nueva sede social se ubica en Málaga, tras abandonar Lérida. En el caso de la empresa de mensajería MRW, con domicilio en Barcelona, ha dado el salto a Valencia. El grupo constructor Copasa -con nueva sede en Santiago de Compostela-, la papelera Torrespapel -Madrid- o la sociedad de valores GVC Gaesco -Madrid-, propiedad de los Vallbé, vinculados a Òmnium Cultural, completan la lista de traslados.

Aún son muchas más las firmas que se encuentran a la expectativa de lo que pueda ocurrir en las próximas horas. La última en advertirlo fue el Grupo Planeta, propietario de numerosos medios de comunicación y un conglomerado editorial. Su consejo acordó ayer trasladar su domicilio a Madrid si se produce una declaración unilateral de independencia. Se une a Renta Corporación, Freixenet, Codorníu o el grupo Idilia Foods, propietario de marcas como Cola-Cao o Nocilla.

En el ámbito financiero, ayer se intensificaron las peticiones de clientes que quieren cambiar de oficina bancaria desde Cataluña a alguna otra que se encuentre fuera de la comunidad.

Más cambios de sucursal

«La demanda de información y movimientos ha sido mayor que otros días», indicaron ayer fuentes bancarias. No se trata de llevarse los ahorros a otra entidad, sino de hacerlo a otra oficina para evitar cualquier medida que pueda tomar la Generalitat tras la DUI, a pesar de que ese capital se encuentra protegido por la legislación española. Muchos de esos traslados se materializan en la franja con Aragón, con localidades como Fraga (Huesca) como centro de recepción de clientes atemorizados. Además, se repiten las imágenes de colas de espera ante los cajeros por parte de ciudadanos temorosos de la incertidumbre que pueda generalizarse a partir de hoy.

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