«A mi mamá la van a matar»

Un niño de seis años pone a salvo a su familia tras alertar a la Policía Local de que su madre estaba siendo agredida por su expareja

A. BURGOS MADRID.

«A mi mamá la van a matar». Con esta frase tan clara y contundente un niño de solo seis años logró el domingo pasado poner a salvo a toda su familia y evitar que la expareja de su madre continuase golpeándola.

Faltaban diez minutos para las seis de mañana cuando los agentes de guardia en la centralita del 092 de La Coruña escucharon la voz de un niño muy pequeño, que les avisaba a través del teléfono de que su madre estaba siendo golpeada dentro de su casa.

Teléfono de atención a víctimas por violencia de género

Pese a su corta edad, el niño no solo logró marcar el teléfono de la Policía Local y dar la voz de alerta, sino que también fue capaz de narrar lo que estaba pasando ante sus ojos y facilitar a los agentes la dirección de su domicilio, en el barrio coruñés de Labañou. Así lo confirmó ayer el principal responsable policial de este cuerpo, José Manuel Rico, en varias entrevistas.

La iniciativa y valentía de este niño, sorprendente para su edad, permitió que dos patrullas policiales llegasen en pocos minutos al domicilio, donde esposaron y detuvieron a la expareja de la mujer, un coruñés de 31 años. Buscaron al joven protagonista de la historia y comprobaron que se trata de un pequeño muy maduro. Mientras ellos reducían al agresor, el niño estaba dando el biberón a su hermano de pocos meses.

Los policías condujeron al arrestado hasta la comisaría de la Policía Nacional, donde permaneció en el calabozo hasta que, horas después, fue puesto a disposición judicial por tres delitos, allanamiento de morada, quebrantamiento de medidas cautelares y violencia de género. Según el parte policial, cuando localizaron al sospechoso en la casa de la víctima «parecía estar bajo los efectos de alguna sustancia»

Mientras la mujer era atendida de sus lesiones en el hospital y conducida a la comisaría para que pusiese la denuncia, los dos niños quedaron provisionalmente al cargo de unos familiares directos.

Fue el final de una agresión machista que durante parte de la madrugada del domingo aterrorizó a esta familia, según la denuncia interpuesta después por la víctima.

Unos minutos antes de la petición de auxilio del menor, la madre y los niños -el de seis años y un bebé de pocos meses- despertaron al escuchar los gritos del presunto agresor en la vivienda.

Su expareja, violando una orden judicial de alejamiento a más de 500 metros de ella y de su domicilio, se había colado en la casa sin permiso. Según la narración de la mujer, muy alterado, amenazó de muerte a los tres miembros de la unidad familiar y también le propinó a ella un fuerte golpe en la cara, que le dejó como señal un visible hematoma.

El relevante papel de este niño coruñés, testigo presencial de una nueva agresión machista, reiteró la condición de víctimas directas de esta lacra de los menores de la casa. El año pasado, los 49 asesinatos de género registrados oficialmente en España -tres muy probables continúan aún en fase de estudio- dejaron 24 menores huérfanos, con su madre muerta y su padre, por lo general el agresor, en la cárcel. De hecho, no fue una cantidad demasiado alta, pues en su misma situación quedaron 186 niños desde 2013, con una media de 37 cada año.

Donde 2017 sí que marcó un triste récord fue en el asesinato de menores a manos de los compañeros o excompañeros de sus madres, con ocho fallecidos, un tercio de todos los registrados en el último lustro.

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