El macro operativo de Interior solo llegó al 20% de los colegios previstos

Policías se incautan de urnas y de papeletas en Barcelona. :: P- b / afp

Zoido insiste en la «proporcionalidad» de la respuesta policial mientras aumentan las críticas internas por los errores del despliegue

MELCHOR SÁIZ-PARDO MADRID.

Volvieron a los barcos, a los cuarteles y a los hostales extenuados y magullados y, encima, sabedores de no haber cumplido la misión. Los cerca de 12.000 policías y guardias civiles que el Ministerio del Interior movilizó en el mayor despliegue de seguridad de la historia reciente de España apenas pudieron cumplir con la quinta parte de sus planes. En lugar de cerrar medio millar de los 2.315 colegios electorales tan solo pudieron precintar algo más de un centenar. Según el balance del Ministerio del Interior, hasta las 17.00 horas, sus funcionarios había clausurado 92 centros. Precisamente a las 17.00 horas, tres horas antes de que cerraran los colegios y después de ocho horas de intensísimo despliegue, los agentes recibieron la orden de volver a casa sin completar el trabajo. Poco antes ya les habían ordenado ir «bajando el pistón». Lejos quedaba ya la idea original de que el operativo siguiera hasta pasadas las 20.00 horas y que los funcionarios se incautaran de urnas ya cerradas y listas para el recuento.

Pero para las 17:00 horas las duras imágenes de su intervención ya estaban dando la vuelta al mundo. Y también para entonces era evidente que el operativo diseñado por la Secretaría de Estado de Seguridad era imposible de llevar a cabo. En algunos casos, grupos de 50 agentes de la UIP (Unidades de Intervención de la Policía, antidisturbios) tenían asignado el cierre de hasta 25 colegios y solo habían llegado, y con mucho esfuerzo, a cinco. Una clausura de colegio cada hora y media y sin ayuda previa por la ausencia de los Mossos.

Las críticas a los objetivos inalcanzables del despliegue ya se habían dejado oír en los días anteriores. A ellas se sumaron en las últimas horas las de los «errores de cálculo» del operativo en sí. Particularmente, la orden de no actuar hasta pasadas las ocho de la mañana cuando era más que conocido que los colegios iban a estar ocupados por miles de personas a esas horas.

A pesar de las duras imágenes de la respuesta policial, tanto los mandos policiales como los responsables de Interior y los propios agentes insistieron hasta la saciedad en que su actuación había sido «muy contenida» y que los incidentes, ni mucho menos, habían sido tan numerosos ni graves para lo que podría haberse convertido la jornada. Incluso, para los agentes el hecho de que solo haya habido nueve policías nacionales y tres guardias civiles heridos ilustra su profesionalidad en un despliegue tan complejo y en el que, en contra de lo anunciado por los promotores del referéndum, no solo hubo resistencia pacífica. Y en el que, además, no solo no contaron con la ayuda de los Mossos, sino que en una decena de ocasiones los tuvieron de cara.

El Ministerio del Interior y el propio Zoido se esmeraron en distribuir grabaciones, muchas de ellas extraídas de las redes sociales, en las que se veían agresiones a los funcionarios. «Los agentes se han visto acosados, hostigados e incluso agredidos en numerosas ocasiones», señaló en alguna de sus notas de prensa el departamento. Zoido compareció en varias televisiones para insistir en la «proporcionalidad» de la actuación.

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